Si hay un rasgo que marca el arte latinoamericano reciente es el eclecticismo con que se retoma y mezcla el pasado más o menos próximo. Esa actitud va acompañada de una postura vivencial: el peso de la propia experiencia. Si asumimos que el pasado es el espacio para la interpretación, la memoria adquiere especial significación: es la que permite elegir y desechar. Es uno de los diversos elementos que construyen la identidad, y puede ser mirada desde dos perspectivas: una más personal y subjetiva, referida a nuestros recuerdos, y otra más ligada a lo racional, es decir, aquella que nos proporciona información. Ambas memorias están presentes en cada uno de nosotros, ambas influyen en nuestros comportamientos y son difíciles de separar, pese a que la primera se mueve en la esfera de lo privado y la segunda en la de lo público.
De allí que dado el subjetivismo y la actitud vivencial anotada, diversos artistas miren el pasado como escenario de una serie de memorias, individuales y colectivas, con las cuales pueden relacionarse, las más de las veces para reinterpretarlas. Mirar el pasado, redescubrirlo, permitirá asumir la diferencia con los otros y, por lo tanto, precisar rasgos de identidad.
Rodrigo Facundo (Ibagué, Colombia, 1958) se propone hacer una reflexión que va más allá de su historia personal, planteándose analizar aquellos signos que son parte del colectivo, centrando la investigación en un espacio que busca comprender lo que es exterior al yo, evitando quedarse en el narcisismo de la autocontemplación.

"Siempre me ha interesado lo doméstico. Esas imágenes que se encuentran en las colecciones de fotos de familia, en los catálogos de los almacenes... sólo tomo de ellas el sabor, lo que me gusta de esa imagen. Me siento como un catalizador de todas las imágenes que circulan en este lugar en que me encuentro... Yo selecciono esas imágenes de forma consciente. Así encuentro las señales"1.
¿Qué relación existe entre la noción de querer saber quiénes somos y la forma en que manejamos los recuerdos? Esta es una pregunta que aparece reiteradamente como trasfondo de su formulación conceptual. La realidad se le convierte en un espacio para reconstruir un mundo armado con recursos archivísticos, almacenando imágenes que rescata y recontextualiza.
En los tempranos noventa su pintura inicial fue dando paso a superficies muy texturadas, en las que va involucrando fotografías. Reflexionando a partir de una afirmación de Susan Sontag: "todas las fotografías son memento mori. Tomar una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, inmutabilidad de otra persona o cosa"2, Facundo toma la imagen fotográfica como reflejo del pasado. Es la posibilidad de mostrar un momento o el paso del tiempo, y tienen la doble alternativa de ser presencia y recuerdo, pues permiten añorar o recomponer otra realidad. Son la huella dejada por un instante que pasó.
En su serie de Instantes y huellas de 1991, mezcla dos elementos cargados de significados: fotografía y barro, realizando objetos que buscaban impactar directamente a nuestros sentidos. Ocultando los procesos fotográficos, procuraba que el espectador los encontrara perdidos en los accidentes del barro. Y allí afloraban personajes de la historia del arte, figuras anónimas, desastres naturales rescatados por la memoria fotográfica de un olvido seguro3.

La sensación de lugar funerario, de pérdida y elaboración del duelo, se concretan en obras como Luz perpetua y 1084 de 1992. La violencia y el recuerdo de los desaparecidos se vuelven una constante para quien vive la cotidianidad colombiana. Facundo trata de sublimar esa cotidianidad, de verla de una manera más poética, reorganizarla, recomponiendo los fragmentos de recuerdos. Dentro de pequeños nichos colocados linealmente, como aparecen en los cementerios, puso fotografías que se difuminaban por la capa de parafina con las que cubrió. El tiempo pasado, la memoria, se volvía presente para nuestra percepción.
El material de soporte se va agrietando y sólo queda —como en la realidad— la emotividad con la que el tiempo presente carga esas imágenes estáticas del pasado. Y la fotografía cambia de sentido: ya no es la imagen que se mira indiferente en un periódico que ilustra hechos de violencia. La presencia congelada del rostro anónimo busca incitar al espectador a vivir él también un duelo, que ya es colectivo.
Tal vez recordando las reflexiones de Baudrillard sobre los objetos, Facundo comienza a mezclar en 1993 objetos cotidianos con figuras anónimas. Sus Objetos melancólicos son figuras recortadas, impresas en papel o tela, recubiertas de cera y entremezcladas con plantas domésticas. Apoyados en la pared, dan una sensación de fragilidad, de levedad, de posible desaparición. Objetos como revólveres, huesos, portarretratos, están camuflados y aluden tanto a la violencia doméstica como a la externa. Allí están las cosas que acompañan al hombre, como su huella y sus recuerdos. La fotografía lo ayuda a profundizar el sentido y la función del objeto cotidiano, pero también le permite reconstruir la historia, y la muerte termina reconocida en un objeto que invita a la reflexión.

En 1995, utilizando telas de gran formato y valiéndose de técnicas mixtas, investiga otras posibles miradas al paso del tiempo. La fotografía no pierde su papel protagónico, y en obras como El rey de los animales y Cocos incorpora grandes ampliaciones fotográficas que toman como referentes iniciales imágenes salidas de la iconografía religiosa del período colonial. "Sé que existen prejuicios contra lo figurativo en pintura. Pero sé que en este lugar en que me encuentro prevalece una cultura visual que proviene de la época de la Colonia. Es una que formalizó la cultura de lo ingenuo y produjo lo que somos. Es por eso que mis imágenes utilizan algunas veces el código colonial visual que básicamente era para imágenes de culto. Sé que al combinar diferentes imágenes en el espacio pictórico, lo que hago es intercambiar códigos temporales y sociales. Finalmente, todas mis imágenes son prestadas, y a veces me pregunto ¿qué hay aquí que no sea prestado?"5
Y como la memoria es rescate, es no olvido, él va trayendo esas imágenes a la época contemporánea. Los fragmentos son puestos en un nuevo contexto en el que no falta la mezcla entre realidad, vivencias personales subconscientes, recuerdos colectivos.
En noviembre de 1997, Facundo presentó en el espacio de la Galería Santa Fe, en Bogotá, una instalación llamada En la punta de la lengua. En el catálogo de la muestra explica los siguientes parámetros de su investigación: "La distancia que hay entre nuestros recuerdos personales y la historia del país es más compleja que la distancia que existe entre un 'ahora' a partir del cual recordamos y un 'antes' que se recuerda. Los recuerdos personales y nuestra comprensión de la historia van creando un mapa que se conforma a partir de lenguajes distintos y mutuamente excluyentes, y el espacio en ambos casos se manifiesta de manera drásticamente opuesta. Esta dicotomía me permitió llegar a la conclusión de que nuestra historia tiene lugar en dos realidades paralelas: en la ausencia y hacia adentro. Por 'ausencia' entiendo la manera como nos constituimos en testigos pasivos de una historia que se construye a partir de elementos externos, en una historia oficial que se convierte en una memoria impuesta y ajena. En forma paralela se desarrolla una memoria individual, 'hacia adentro', de carácter único y casi imposible de transcribir..."6
Esta extensa cita permite aproximarse al concepto que fue la base de la investigación para ese proyecto: el reconocimiento de la coexistencia de dos niveles paralelos de memoria. Así reflexiona acerca de la particular situación de Colombia, donde la memoria está escindida, disgregada, en una sociedad proclive a la amnesia. Y sin querer llegar a respuestas únicas acerca de cómo construir una identidad nacional, con su trabajo trata de mostrar los encuentros y desencuentros existentes entre la memoria colectiva y el subjetivo y personal mapa de la memoria autobiográfica. El fin que se propone con esos encuentros desde dimensiones diversas, es empezar a recordar, cuestionando con sus imágenes una historia oficial que corre el riesgo de volverse memoria impuesta.

Con el uso de tres palabras guía: lugares, gente y pensamiento, escoge una serie de imágenes aportadas por su álbum familiar y por el registro de eventos históricos, además de escudos, banderas, e inclusive caricaturas que de alguna forma resumen gráficamente los hechos.
Como es tan frecuente que la historia se intenta inmortalizar a través del monumento, convertido en un espacio que tiene la particularidad de eternizar el recuerdo, Facundo se vale de esta noción y de las imágenes reelaboradas para crear sus monumentos propios. Sin abandonar su interés por el registro fotográfico, busca recursos en diversas técnicas de visualización utilizadas en el siglo XIX, que fueron antecedentes significativos en el desarrollo del cine. Sus investigaciones sobre aparatos como el estereoscopio y el zoótropo fueron la base para sus circulares Arquitecturas del eco y Recuerdo de las formas ambiguas.
Asumiendo que la memoria nos permite recopilar de forma muy personal fragmentos de realidad, Facundo 'dispara' vertiginosamente imágenes que mediante el recurso de la metáfora se van transformando y convirtiendo en símbolos diametralmente diversos de los originales. Hay una intención de hacer evidente cómo algunos valores asociados con ciertos símbolos son subvertidos con el paso del tiempo: abundancia-miseria, libertad-opresión, y así sucesivamente. Es como si quisiera ponemos de nuevo frente al pasado para ser capaces de recuperamos de la amnesia y poder descubrir y entender la historia real más allá de los relatos tradicionales.
Y en esa mirada dirigida tanto a la historia colectiva como a la personal, no deja de haber un sesgo de búsqueda de identidad. Ese volver a la historia es retomar a las fuentes, al espíritu público y también al patrimonio espiritual de su país. No se busca tanto crear un imaginario sino más bien reconstruirlo desde nuevas miradas.
En 1998 su investigación lo ha llevado a proponer una serie de Anónimos, poniéndole historias a personajes ficticios, pero no imaginarios, ya que se aproxima a ciertas actitudes que son posibles de encontrar en la cotidianidad y que forman parte de estereotipos reconocibles. Y allí de nuevo aparecen memoria e identidad, en la medida en que a través de sus imágenes intenta mostrar cómo existe una dualidad contrastante entre los ideales externos exhibidos por la publicidad como modelos de felicidad, de logro individual, con la realidad que efectivamente se vive.
Las fuentes para sus imágenes salen de propaganda aparecida en revistas y periódicos, y su discurso visual hace lo contrario de la publicidad: en lugar de anunciar las utopías, lo que anuncia es la desesperanza. Con imágenes manipuladas digitalmente quema planchas de offset que funcionan no como la base de una obra seriada, sino que la matriz es la obra. A ella se le incorporan, a manera de ensamblaje, objetos recortados.
El escepticismo parece ganar terreno en el trabajo de Facundo, y el texto de Baudrillard con que acompaña su Anónima Desilusionada podría ser el marco de referencia para conceptualizar las imágenes:
"Usted tiene la ilusión de existir para algo y hacer fracasar la continuación de la nada. Pero muy en el fondo sabe que no añade nada a la nada del mundo ya que forma parte de ella. Por miedo a no desear nada preferiría desear la nada. La existencia es aquello a lo que no hay que prestarse. Nos ha sido dada como un premio de consolación y no hay que creer en ella"7.
Facundo no busca solamente explicar al pasado sino también entender el presente, preocupado por la acelerada desestabilización ideológica y política, por la crisis de las identidades sociales.
Lo pasado ha sido su hilo conductor, explorando en el uso de materiales y técnicas extraídos de la cultura material, de la cotidianidad, de los imaginarios colectivos. Y en la recuperación de recursos válidos para crear no hay representaciones inocentes del pasado, pensado tanto desde una perspectiva de indagar en la identidad, como de cuestionamiento de los relatos.
NOTAS
1. Texto de Rodrigo Facundo en Catálogo de la muestra Por mi raza hablará el espíritu, México-Colombia, abril-junio, 1996, p.19.
2. Susan Sontag, Sobre la fotografía, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1977, p.25.
3. Ivonne Pini, "Rodrigo Facundo, Juan Fernando Herrán, Doris Salcedo: al rescate de la memoria", revista Atlántica, número 15, invierno 1996. Centro Atlántico de Arte Moderno, Canaria, pp.98-99.
4. El título se refiere a 108 policías asesinados en Medellín, y se trabajó con fotografías aparecidas en los periódicos.
5. Catálogo, Por mi raza hablará..., p.19.
6. Catálogo En la punta de la lengua, Galería Santa Fé, Bogotá, 1997.
7. Adaptado por Facundo de un texto de Jean Baudrillard en Crimen perfecto, Ed. Anagrama, pp. 21-22.
IVONNE PINI
Profesora de la Universidad Nacional de Colombia y editora ejecutiva de la revista Arte en Colombia / ArtNexus.

