Considerado como una de las figuras destacadas del expresionismo dominicano, el maestro Ramón Oviedo ha disfrutado una larga e ilustre carrera. Nacido en Barahona, República Dominicana, en 1927, recibió numerosos premios y honores por su obra, representando a su país en varias Bienales, y fue comisionado para realizar importantes murales en los Estados Unidos y Latinoamérica, incluyendo el del edificio de la Secretaría General de la OEA en Washington, D. C., en 1975. Dedicó muchos años a las cualidades de la expresividad plástica inherente al acto de pintar, y sigue consagrado a pintar con nuevos y sorprendentes métodos y técnicas para realzar la superficie de sus obras e imbuirlas de una sustancia poderosa y, a menudo, ritual. El pintor, que anda por los 70, mantiene un ocupado y riguroso horario, abstraído en la pintura, y tiene asombrosa habilidad para conservar una fresca perspectiva mediante una considerable experimentación técnica y la exploración de nuevos temas y medios de expresión.

Esta exposición, titulada Persistencia evolutiva de la forma en la materia, tiene en cuenta este expresivo materialismo que ha sido parte tan importante de su obra. Desde lo profundo de las complejas texturas de la superficie, surgen un vocabulario personal de signos y símbolos, artefactos, animales y formas humanas que transforman cada obra en un significativo discurso sobre la condición humana. Inspirado en antiguos conceptos relativos a la vida y la muerte, temas de dualidad, marcas y jeroglíficos primitivos, o en la naturaleza en su más misteriosa apariencia, el artista incorpora a sus imágenes una variedad de materiales (cuerdas, papel, tela, yeso) que les dan nueva vida.
Las superficies de los lienzos de Oviedo evocan la piel marchita, o la corteza de los árboles, o algún otro material de la naturaleza. Trabaja en capas que luego raspa para revelar el color que se encuentra por debajo, y deja las marcas de su proceso como el graffiti del pasado. En Forma semidefinida (1997), un fardo de una momia petrificada está suspendido en el tiempo y el espacio por cuerdas reales, y partes del lienzo han sido acuchilladas y cosidas. El inquietante semblante del antiguo artefacto cuelga impotente en el vacío de la realidad infinita. Estas formas espectrales también aparecen en moradas y cuevas semejantes a úteros. No menos perturbadora es Forma atrapada (1997), una figura roja que huye, con la cual el artista hace referencia a las civilizaciones del Nuevo Mundo que desaparecieron. Su preocupación por la extinción de personas y animales a raíz del progreso siempre ha estado presente en su carrera.
