"La escultura es una proyección metafórica de la presencia del cuerpo en un material ajeno; una especie de introspección fantasiosa de lo evidentemente humano en lo que se manifiesta como inhumano. Esa sustitución del material hace de la escultura la representación de la imagen interna del cuerpo, capturando así la experiencia más primitiva".
Perla Krauze (México, D. F., 1953) muestra en la exposición Naturalezas 15 esculturas e instalaciones en las que su apariencia exterior —aunque determinantemente sensual— es poco menos importante que el sentido que emana de las piezas. Me refiero específicamente a ese sentido de corporeidad que la artista transmite al amalgamar materiales de distinta índole en un espacio que conviene armoniosamente a las obras.
Aún cuando las esculturas de Perla Krauze renuncian a una representación física del cuerpo, los materiales y las formas creadas ilustran la concepción más íntima del cuerpo. La artista da forma a sus esculturas a través de un proceso en el cual la materia —ya sea orgánica o industrial— se convierte en el emblema metafórico de la emoción. Tal y como afirma Kuspit: "La metáfora es el vehículo de la subjetividad; ver a la materia de una manera no metafórica, aniquilaría la profunda subjetividad de la escultura".

Aunque no sea evidente a primera vista, las obras de Perla Krauze dependen de una relación inconsciente con el cuerpo, el cual no es el tema fundamental sobre el que se trabaja, pero es el modelo implícito para concebir el espacio en donde lucen las esculturas. La cuestión de la intervención del espacio, junto con los materiales transformados, construidos, moldeados o simplemente acomodados, dan como resultado la integración estética que parte de la inquietud que siente la artista por fusionar piezas de carácter formal —casi minimalistas— con materia "cruda" (cera de abeja, ramas de árbol, barro o yeso).
Los contenedores de agua colocados reticularmente están hechos de madera y recubiertos con lámina de plomo, pintados de color uniforme y con una aparente intención por reducir las formas, lo cual maximiza simultáneamente el efecto de heterogeneidad al provocar que en el agua/espejo se reflejen evocadores dibujos de las piezas hechas con ramas, alambre de plomo y aluminio, y colocadas en la pared adyacente al contenedor. El efecto que emana gracias a la apacible fusión de los diversos materiales empleados, es el de una saludable empatía entre la naturaleza y la abstracción.
Se trata de la unión entre la fragilidad (todo aquello que se refiere al ser humano como mortal) y lo racional, recto, previamente estructurado y ordenado. Las esculturas de Krauze son un tranquilo vaivén entre el proceso de creación y la construcción de las formas; entre la técnica artesanal de moldear y la ejecución con pesadas formas en plomo; entre lo ondulante y lo rígido; entre lo efímero y lo eternamente durable.
Ya sean los ovillos —¿nidos, semillas, matrices? — en bronce, aluminio y cera de abeja (Germinal), las ramas con aluminio (Naturalezas #7), el horizonte en bronce o las piezas en barro negro, cantera y alambre, toda la obra de Perla Krauze nos da la sensación de que cada material tiene un efecto metafórico espontáneo, con el simple hecho de ser formados. Cada material posee un potencial demiúrgico, el cual le debe ser estimulado para articularlo a través del lenguaje artístico y, de esta manera, solidificar las capacidades creativas, tanto del creador como del receptor.
Así lo apunta el teórico Jean Fisher: "El arte, en su presencia real, tiene que transmitir algo sobre la experiencia de nuestro existir y nuestras relaciones, de modo que podamos transformar las percepciones y la comprensión que tenemos los unos de los otros y de nuestras realidades. Para que el arte sea algo, hay que verlo como una práctica, a la vez estética y ética, de hacer y rehacer la realidad por parte tanto del artista como del espectador".
