El lenguaje plástico y conceptual de Nadia Benatar (1949) siempre se manifestó en los linderos de la memoria. Una retentiva desde lo humilde, desde los instrumentos del oficio del dibujante, de una condición femenina del arte, de una suerte de arqueología contemporánea de la existencia, van marcando los terrenos de su obra. La suya aparece sin estridencias pero con una formulación plástica memorable.
Así se recuerdan sus dibujos con ciertos motivos urbanos y sus telas en las que refería aquello que expulsa el mar y que desde la orilla de la playa se convertía en metáforas de lo poético y de lo existencial.
Hace poco más de una década, Roberto Guevara, cuando presentaba una exposición de Benatar, expresaba que su capacidad inventiva estaba "acompañada por un espíritu decididamente austero". Ese concepto, aunque de mayo de 1987, se mantiene como categoría que define el hacer de la artista.

Ahora, y luego de una larga temporada apartada de las salas de exposiciones, Nadia Benatar muestra una instalación que es uno de los hitos del arte contemporáneo en Venezuela: Domesticada, el levantamiento a escala natural de un apartamento con todo su mobiliario y enseres, ropas, alimentos y adornos; en ausencia de la figura humana, con enorme carga vivencial y un sentimiento de aplastamiento por la rutina, por lo aleinante y por el deterioro del ambiente y de lo emotivo.
Benatar siempre se interesó por el paisaje y la degradación del mismo. Su obra prosigue en esa dirección pero con otros planteamientos. Ahora se dirige al interior, a lo íntimo del hogar y de la persona, donde la vida humana ha decaído; es pesimista, es gris. Y por gris no sólo nos referimos a una metáfora sino incluso al color único y dominante de la instalación. Gris son todos los espacios, objetos y muebles que se hallan en este apartamento-escultura-ambientación. Con ese timbre gris se detiene el tiempo y llama la atención sobre una cotidianidad arruinada.
La artista escogió filtros de aire acondicionado como material para su obra. Con ello envuelve todo objeto —reinventado—, de cuantos hay en una casa. Con esa malla le otorga una piel fuera de tiempo a las cosas e incluso a los sentimientos. Se trata de un paisaje en cercanía y, desde la angustia, su intención sería mostrar una utopía.
El lugar que no existe es posible en la proposición de Benatar pues su gris no es ceniza ni caos ni decadencia puesto que tiene, de manera sostenida, una luminosidad que podríamos asociar a la esperanza. De allí la factibilidad de la utopía o, al menos, de la redención a través del arte.
