Mario Abreu nació en Turmero, población del estado Aragua, en 1917, en una familia de origen humilde. A principios de los años cuarenta se residencian en Caracas y el joven Abreu se inscribe en los cursos nocturnos de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas. Sus primeras obras de mérito están fechadas en 1942. Entre sus compañeros de estudios estaban Soto, Alejandro Otero, Pascual Navarro, Régulo Pérez y Carlos González Bogen, todos de amplia presencia en la plástica venezolana. En 1944 participa en la sección estudiantil del Salón Oficial, que se celebraba en el Museo de Bellas Artes. En 1947 termina sus estudios y al año siguiente es miembro activo del Taller Libre de Arte. Desde entonces se desempeñó como pintor y en 1952 viajó a París, donde permaneció hasta 1962. Mario Abreu será pintor, dibujante y escultor de tiempo completo.
En 1976 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Expuso muchísimas veces, dentro y fuera de Venezuela. Los críticos Roberto Guevara y Francisco D’Antonio son estudiosos de su obra, mientras que en las nuevas generaciones se destaca Katherine Chacón. Igualmente, han escrito sobre el artista el poeta Juan Liscano y el pintor Manuel Quintana Castillo. Mario Abreu falleció en Caracas en 1993 y poco después el gobierno decidió distinguir con su nombre al Museo de Arte Contemporáneo de Maracay, capital del estado Aragua.
Un museo que crece y se expande
Aun cuando el Museo de Arte Contemporáneo Mario Abreu de Maracay, llamado simplemente Museo de Maracay, existe desde hace unos treinta años, su proceso de renovación data de la década del noventa y ello está asociado a su conducción por parte de Idelisa Rincón.
El Museo de Maracay es, pues, una de las primeras instituciones de este tipo fundada fuera de Caracas. Maracay es la capital del estado Aragua, y se encuentra a poco más de una hora de autopista de la primera entidad del país, y está ubicado entre dos polos culturales: Caracas y el Ateneo de Valencia. Sin embargo, había que "hacer el punto".
Como toda institución que ha cumplido treinta años, el Museo de Maracay tiene su historia. Un primer asomo en la vida nacional tuvo lugar cuando sus promotores tomaron la iniciativa de hacer un Salón. Ello comenzó hacia 1963, pero se efectuaba de manera irregular, según la disponibilidad de espacios, pues el Museo como tal surge en 1967. Su capacidad de convocatoria era modesta, y aun cuando algún gran artista ganó su primer premio, como Alirio Palacios que obtuvo ese honor en 1967, no lograba convertirse en un evento referencial de las artes plásticas en Venezuela. Así, cuando se dejaba de hacer, pocos se percataban que sus puertas estaban cerradas.
En las décadas siguientes, los setenta y los ochenta, quienes estaban al frente del Museo de Maracay ensayaban actividades regulares, la continuidad del Salón de Aragua y las publicaciones, así fuese de pequeños catálogos. Las obras que ingresaron como patrimonio del Museo provenían, en primer lugar, del núcleo inicial de 1967, aporte del Ministerio de la Cultura; seguidas por algunas donaciones y por los premios adquisitivos del Salón. Entonces el Museo era provinciano, mostraba ejercicios estudiantiles y recibía pocos visitantes. En ese período, sin embargo, comienzan a aparecer signos de cambios en la concepción del Museo. Son dignas de recordarse las gestiones de los directores Edgar Guinand, escultor y docente, y Aquiles Ortiz, periodista. Con ellos, el Museo ganó un puesto regular en la prensa, el Salón alcanzó frecuencia y la colección tuvo cierto incremento. En 1990 fue designada directora Idelisa Rincón, quien venía de dirigir la Galería Municipal de Maracay, donde sobresalió en la tarea específica.

En los años noventa la actividad del Museo adquiere rango profesional. El personal es especializado o, al menos, universitario. Son normales las pasantías en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Cada exposición, ahora regulares a lo largo del año, tiene su propio catálogo, su afiche e incluso una franela que lo publicita. A partir de entonces Maracay ofrece una programación original y de calidad como cualquier museo caraqueño. Uno de sus programas consiste en destacar los valores regionales, y así se presentaron grandes exposiciones de Ángel Vivas Arias, artista conceptual; Jorge Chacón, paisajista excepcional, y el maestro Mario Abreu, quien nunca perdió nexos con su entorno y, poco después de morir en 1993, el Estado venezolano decidió honrar con su nombre al Museo de Maracay. Como corolario de todo lo anterior, se solicitó al maestro Leufert el diseño del emblema del Museo.
Debe destacarse la calidad y frecuencia de los catálogos que edita el Museo Mario Abreu de Maracay. Catálogos profesionales como el de cualquier institución seria. Catálogos con textos especialmente concebidos, y en ocasiones escritos por Federica Palomero o Katherine Chacón, entre otros, cuando no debidos a sus propios investigadores. Así mismo, son afamados sus montajes, sus soluciones museográficas; sus convenios con las escuelas locales para incentivar la visita al Museo por parte de los jóvenes; sus ciclos de conferencias; los convenios de intercambios con otras instituciones culturales del país y el inicio de una biblioteca especializada. Es decir, a la fecha, el Museo de Maracay se ha establecido como una referencia importante para las artes plásticas venezolanas.
A todas éstas, en los años noventa, la administración pública venezolana experimenta la descentralización y la reafirmación de los valores regionales. En cuanto a la elección de autoridades políticas, suceden las elecciones nominales para gobernadores (antes eran nombrados a dedo por el presidente). Los nuevos mandatarios estatales auspician el fortalecimiento del Museo.
En cuanto a la colección, si antes de 1990 ya existían algunas piezas de interés en medio de un desordenado patrimonio como, por ejemplo, aquellas de Mary Brandt, Manuel Quintana Castillo y Alirio Rodríguez (todas de 1966), Jacobo Borges (de los sesenta), Manuel Espinoza (1969), Alirio Palacios (1964, 1966 y 1967), todos en pintura, así como dos obras de Mario Abreu, más las esculturas de Narváez (1966, piedra), Harry Abend (1965, bronce) y Víctor Valera (1962, hierro); el crecimiento concienzudo ha tenido lugar en este tiempo reciente, no sólo por la proveniencia del Salón, que al ser de mayor calidad arroja un mejor resultado, sino en los criterios para aceptar donaciones y decidir adquisiciones.
El aumento de la colección produjo el agotamiento de los espacios del Museo, en su sede de los años ochenta, situado al lado de la Casa de la Cultura, la Biblioteca Pública y la Escuela de Música. Entonces, la directora Rincón se planteó buscar un inmueble o un terreno apropiado. Así, se encontró con un lugar en ruinas, el antiguo Matadero Industrial de Maracay, construido en 1928, cuando el general Gómez vivía en dicha ciudad. La Ganadera, como también se le conoció, fue un establecimiento modelo en Venezuela, donde se sacrificaba y almacenaba la carne que consumía el país, unas 800 reses y 400 cerdos. Se trata de un inmueble metálico y apernado, con todo un sistema de refrigeración, salón de mantequería, laboratorios, envases, almacén y empalme con el Gran Ferrocarril, entre otras áreas.
El edificio de La Ganadera es obra del ingeniero francés André Potel. Sus estructuras aún son recuperables. En el proyecto del Museo se propone reciclar la mayor parte del conjunto metálico todavía en pie. El diseño del Museo es del arquitecto Nicolás Sidorkos, quien tiene una amplia experiencia en la materia pues es el autor del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y de la recuperación de la casa colonial donde ahora funciona el Museo de Coro.
El Museo de Maracay tendrá como zona expositiva una superficie de 5.450 m2, "distribuidos en 14 salas de distinto calibre, tamaño y altura", tal como asegura Sidorkos. Además, el Museo contará con bóveda-depósito (actualmente, los fondos del Museo se encuentran fuera de la institución, en una casa alquilada), talleres, salas de usos múltiples, otras para la recepción de obras para el Salón de Aragua (en la actualidad ello se hace en los espacios de la Escuela de Música), biblioteca, tienda, cafetería, librería, taller infantil, un estacionamiento para 250 vehículos y un teatro con 1.500 butacas.
El Museo de Maracay también contará con un área verde en la cual se programará un jardín de esculturas. En conjunto, el Museo de Maracay sobrepasará los cuarenta mil metros cuadrados de terreno, con lo que se constituirá en el museo más grande de Venezuela. "La recuperación total de los espacios de La Ganadera —afirma Idelisa Rincón—, destinados al uso cultural, pertenecen a la clase de iniciativas arraigadas en el deseo de preservar la memoria para las generaciones futuras".
JUAN CARLOS PALENZUELA
Historiador, crítico de arte y colaborador de ArtNexus.

