Exposición Individualjul 1998 - sept 1998· Por Elena Oliveras

Mariano Sapia

Centro Cultural Borges

Mariano Sapia (1964) es un artista que, en el vasto panorama de los realismos de la década de los ochenta, se destaca por haber desarrollado, desde sus primeras obras, una imagen propia. A los 33 años de edad ha logrado un merecido reconocimiento internacional. Representó a la Argentina en la Primera Bienal de Sudáfrica (1995) mientras que una de sus pinturas —Cosecha de mujeres, óleo sobre tela, 120 x 200 cm, 1990— fue adquirida, recientemente, por el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York para integrar su colección.

La imagen propia de Sapia deriva de una particular confluencia de aspectos del realismo mágico y de la pintura de crítica social. De manera más o menos evidente, su obra se ubica en la senda abierta por maestros como Berni o Figari. Del primero retiene el interés por el registro de la marginalidad y del mundo del consumo. Del segundo, el efecto expresivo de la mancha de color y de la nocturnidad, y también la búsqueda de lo extraordinario en el prosaico mundo de todos los días.

Las obras de Sapia poseen un fuerte tono local. Sustentadas por el placer del acto de pintar y por la reinterpretación subjetiva (ejercida principalmente a través del color), se nutren de sus vivencias personales como habitante del barrio porteño de Villa Lugano. Ellas describen la vida del hombre de clase baja, alejado del centro, y la del marginal que habita en zonas suburbanas precarias de Buenos Aires. Pero, contrariamente a lo que se podría suponer, en su representación de los márgenes no hay dramatismo ni pesimismo. Es lo que ponen en evidencia, precisamente, las pinturas realizadas en los dos últimos años, que se han reunido en el Centro Cultural Borges.

Exposición Individual: Mariano Sapia — imagen 1
Mariano Sapia. Penal. 1998. Óleo sobre tela. Dimensiones variables.

Los personajes, indiferentes al impacto de carteles publicitarios y a la amenaza de helicópteros que se desplazan en el cielo nocturno, se han reunido para participar en una misma acción: un corte de rutas, un ritual religioso o un encuentro deportivo. Y es esa participación espontánea la que producirá un vuelco en la visión, por lo general negativa (desde la perspectiva del centro), de la vida marginal de los que habitan en la periferia, de los que improvisan prolongadas estadías debajo de los puentes o se desplazan en gastados camiones.

Desbaratando estereotipos del realismo crítico, Sapia muestra en sus pinturas que la marginalidad puede ser también sinónimo de fiesta y de celebración. Lo que se celebra, en este caso, no es simplemente el hecho externo de estar uno junto a otro (como puede estarlo el hombre de la ciudad),  sino la intención auténtica que une a todos, que les impide desintegrarse en diálogos sueltos o dispersarse en vivencias individuales. Lo que se celebra, en definitiva, es la participación espontánea de todos en la fuerza de una misma acción común.

En algunos casos, las acciones se canalizan hacia la acción violenta, Corte de ruta es un ejemplo; en otros, desembocan en el tiempo pleno del festejo deportivo o religioso. Por momentos, la idea de patria, simbolizada por una bandera argentina, resulta uno de los pilares de la unión. Pero es, fundamentalmente, el fútbol el elemento aglutinante principal, el que concita la atención de jóvenes y adultos, de hombres y de mujeres, de aquellos que se desplazan a caballo o se detienen en la ruta para descansar. Nadie está excluido de un picado, de la emoción de ver concretado un penal o de la admiración por los movimientos de un crack, excepto los amantes que momentáneamente se apartan para el furtivo encuentro amoroso.

Sapia vuelve a dar prueba de sus condiciones de pintor. En tiempos novedosos en cuanto a técnicas y géneros, muestra no sólo que la pintura no está muerta sino que tiene aún muchas cosas qué decir.

ELENA OLIVERAS

Mariano Sapia, por Elena Oliveras | artnexus