El circo es uno de los espectáculos más antiguos, entendidos como tales. Desde su imperial pasado romano, pletórico de antropofagia de colonizados, hasta las versiones capitalistas de compañías como los Hnos. Barnum o las disciplinadamente académicas como el Circo de Moscú, el circo ha sido un espejo de la sociedad que lo producía.
El circo de pulgas tiene su origen en los suburbios, en la periferia del gran circo norteamericano de tres pistas. Fue allí, entre estafadores de poca monta, exhibidores de seres grotescos o monstruosos, que este pequeño parásito de su espectacular hermano mayor se desarrolló. La cualidad atractiva y grotesca del circo de pulgas reside en su paralelo con el circo real. La posibilidad de que los insectos desarrollen habilidades específicas y efectúen proezas extraordinarias aun para los humanos da como resultado, tras breve análisis, una serie de cuestionamientos darwinianos sobre la supuesta superioridad de una especie sobre otra, el instinto de supervivencia, etc. Podemos entonces pensar que la operación de Cardoso. la presentación de este para espectáculo en el circuito de otro espectáculo —el del arte contemporáneo— apuntaría a disparar o remarcar tales cuestionamientos mediante estas metáforas de la condición humana; o siendo más ambiciosos, propondría una reflexión sobre el mismo carácter de la representación, de su acto.

La exposición presentada en el New Museum consiste en un gran telón pintado como una carpa de circo, en cuya superficie hay inserta una pantalla de un monitor que hace las veces de arena. En él se emite continuamente un video que la artista realizó, en colaboración con otros dos artistas. Acompaña, completa e informa de la instalación un conjunto de aparatos circenses a escala pulga, tales como un minitrapecio o un cañón, dispuestos en vitrinas. Junto a ellos, otro aparatejo revelador, metálico, no colorido, no ya una adaptación a escala de artefactos preexistentes en el ámbito circense humano, sino diseñado especialmente para el entrenamiento de las pulgas. En el video vemos a los animales en cuestión, magnificados, realizando sus hazañas, presentados bajo hipotéticos nombres artísticos: el duelo con espadas, el equilibrismo en la cuerda floja, el lanzamiento de la pulga bala, el levantador de pesas, y otros varios números. La edición se articula mediante el recurso del spot. Literalmente, un spot de luz coloreada marca un círculo sobre una superficie, la arena virtual, y en él, en breves segundos, como en spots televisivos, los actos suceden. El aspecto performático de la obra, y del circo, desaparece en el énfasis en los bichos que hace la cámara. La artista domadora, con su cuerpo y su cabeza envueltos en peculiar indumentaria, permanece en segundo plano, al igual que su relación con las pulgas o con el público. Curiosamente, pese a la intención de remedar la estructura temporal del espectáculo y a la música circense, lo que emerge de la mediatización que genera la presencia de un video, que no deja de ser un registro, es más cruelmente parecido a un experimento científico. La documentación de la representación realizada de este modo desnuda los efectos inexorables de las fuerzas físicas como motores de los actos aparentemente notables, la inapelable falta de voluntad o intención en las pulgas; en fin, la trastienda instrumental inherente a todo entrenamiento, y propia de toda supervivencia. Son imágenes quizás más cercanas a una pesadilla positivista clasificadora del siglo XIX que a la exaltación de lo funambulesco o lo fantástico que propondría una visión desde el punto de vista del flaneur baudelaireano o desde lo surrealista del asunto.
El parasitismo de la realidad propuesta por el circo, el parasitismo de éste por el circo de pulgas, la vuelta de tuerca que le agrega la creación de una especie de videoinstalación registrando el evento, es como un juego de cajas chinas. La problematización última de esta cadena la propone el hecho de que la presentación de todo esto sea en el espacio y el circuito del arte. Hay quizás en esta obra más preguntas, tanto para María Fernanda Cardoso como para los espectadores, que respuestas.
