Exposición Individualjul 1998 - sept 1998· Por Elena Oliveras

Marcelo Pombo

Centro Cultural Ricardo Rojas

Marcelo Pombo (1959) es una de las figuras más sobresalientes de la generación de los noventa. Su obra ha sido asimilada al neopop, del que toma como estrategias principales la apropiación y la recuperación estética del kitsch. Educado en un hogar de clase media, el artista reconoce: "el kitsch ha sido el paisaje de mi vida cotidiana. Es un estilo que a veces refino, y otras, rebajo".

Mostrar la curiosa convivencia entre lo considerado de "buen gusto" (el estilo depurado y a veces minimalista) y el mal gusto kitsch, con todos sus excesos posibles, parece ser uno de los objetivos principales de la muestra de Pombo en el Centro Cultural Ricardo Rojas, dependiente de la Universidad de Buenos Aires. Quien la visite buscando certezas o confirmaciones quedará, sin lugar a dudas, frustrado. Como corresponde a un artista de los noventa, nada es más extraño, en el mundo que él imagina, que la certidumbre. Nada es allí como se supone debería ser. No hay deber ser. Por eso ni las connotaciones de los objetos representados ni el montaje y la iluminación de los trabajos responden a lo generalmente aceptado. Una veintena de pequeños dibujos en blanco y negro y una pintura de mayor tamaño, realizada sobre un material de uso común (poliestireno), integran la selección. Como en series anteriores, Pombo vuelve a trabajar sobre el juego de opuestos. En esta oportunidad, la oposición rico-pobre, trascendente-efímero, conceptual-artesanal toma cuerpo en la exhibición de fotocopias de dibujos originales. Contrariamente a lo que se podría suponer, la copia resulta tanto o más perfecta que el original llegando a ser confundida con éste. La eficacia de la copia, de acuerdo con la intención perfeccionista del autor, reside en el hecho de convertir ciertos accidentes del trazo en zonas plenas acentuando así el neto contraste del blanco y del negro. Pero no se trata, meramente, de invertir la condición de inferioridad técnica de la copia en relación con el original sino de echar por tierra ciertos privilegios de la obra única, sacralizada.

Exposición Individual: Marcelo Pombo — imagen 1
Marcelo Pombo. Sin título, 1998. Dibujo sobre papel. 22 x 35 cm.

La estrategia del artista es admitir, como parte de la obra, su reproducción. Más aún, aconseja a los compradores poner a buen resguardo el original y exhibir su fotocopia, para asegurar así la conservación de un material efímero (papel). En tiempos en que la tecnología, en su avance, fagocita y vuelve perecedero todo lo que produce, Pombo parece empeñado en equilibrar la situación subrayando la eternidad del arte.

El desplazamiento de lo tradicionalmente considerado áureo se pone asimismo de manifiesto en el trabajo directo sobre los marcos. Considerados como elementos marginales en relación con el dibujo o la pintura, resultan ser, en este caso, lo único original en tanto no reproducibles. Han sido realizados por el artista con maestría artesanal, de acuerdo con un cuidadoso diseño geométrico que permite destacar, sobre una superficie de poliestireno, pequeñas esferas del mismo material ubicadas a intervalos regulares.

Recordando trabajos anteriores, lo decorativo y lo artístico, lo académico y lo vanguardista, lo tonto y lo inteligente (de acuerdo con la expresión del artista) vuelven a darse la mano. Estos opuestos remiten a la misma obra de arte y son el fondo sobre el que se descubren obsesiones personales del artista. El plano de lo íntimo ingresa entonces como referencia principal. Lo descubrimos en la representación de fantasías eróticas y sexuales, representativas de la diferencia gay, y en la inquietud por la mirada omnipresente del Otro que nos persigue con múltiples ojos. En estos casos, las imágenes adquieren un tinte surrealista, distanciadas de la estética neo pop a la que Pombo había adherido en anteriores etapas.

La idea de fiesta vuelve a ser mostrada como sinónimo, no ya de alegría y de unión, sino de asfixia y de placer en soledad. No está ausente la connotación de asechanza señalada por guirnaldas-intestinos que llevan lo celebratorio al descenso visceral en la herida y la enfermedad.

De diversas maneras, Pombo desordena un mundo perfectamente ordenado para proceder a su reinterpretación. Coloca en el blanco clasificaciones y modelos, muchos de los cuales tienen por referente al hombre en relación con su entorno. En este sentido, parece ubicarnos también en el camino de la urgente reconstrucción de una Ética.

Marcelo Pombo, por Elena Oliveras | artnexus