Exposición Individualjul 1998 - sept 1998· Por Santiago Espinosa de los Monteros

Magali Lara

Galería de Arte Mexicano

Una de las creadoras con gran presencia en los circuitos de galerías y museos es Magali Lara (México D. F.,1956). De manera casi simultánea, inauguró dos muestras que, aunque distintas entre sí, guardan similitudes intencionales evidentes que las relacionan y que permiten al espectador hacer casi una misma lectura. Estas dos exposiciones marcan una estancia más en la vasta producción de esta creadora.

La primera, Repetir, se inauguró en marzo pasado en la Galería de Arte Mexicano. Dieciocho piezas de formatos pequeños y medianos llenaban el espacio con una suerte de erotismo mezclado con intimidad, que permitían experimentar, casi instantáneamente, la sensación de estar ante algo que se deseaba ver, pero cuya mirada nos hacía intuir que se era testigo de momentos pertenecientes a la vida privada de Magali Lara, que, por gracia y deseo de ella, de pronto estaban ante nuestros ojos.

Ya son comunes las piezas de esta artista en las que el contraste visual se da no sólo por su singular forma compositiva —uno de sus rasgos identificativos más característicos—, sino también por la manera en la que hace interactuar delicados dibujos monocromáticos hechos a una sola línea de lápiz, con figuras llenas de color, de gestualidad en su hechura, de salpicaduras que invaden en ocasiones zonas antes limpias y claras, hoy habitadas y llenas de una nueva historia.

Exposición Individual: Magali Lara — imagen 1
Magali Lara. Quien escucha bien, 1997. Óleo sobre tela. 160 x 130 cm.

Magali sigue escribiendo en sus cuadros. Su caligrafía singular se reduce a unas cuantas palabras en cada pieza, palabras que más que darnos pista de lo que vemos (no es ése su deseo), en ocasiones son como una contrapropuesta y complementan ellas, palabras en sí mismas, el hecho visual que tenemos delante. Los trazos, como un lenguaje visual, comparten espacio con la caligrafía que, aunque con un código más universal, dentro de la pintura de Magali parecería mudar su significado para ser otra cosa, significar lo que no dice, o completar (¿debería decir iniciar?) una historia que se narra a sí misma.

Si ya desde antes había erotismo en la obra de Magali Lara, ahora ese ambiente húmedo y de sensualidad desbordada se llena de los fluidos vitales del cuerpo: ahí está el semen, con esa carga de vida y esa lentitud para desplazarse; está la sangre menstrual que brota de una vasija-mujer, de una vagina-vasija, sangre que cae en un vacío, en el mejor de los casos, para disolverse como agua sobre piso caliente, secarse como se seca una lágrima que no se aparta de la mejilla. Y está también la otra sangre, la que nos habita y que de pronto escapa para convertirse en hilo, punto o manchón.

Serpiente, la otra exposición de Magali Lara en el Museo de Arte Carrillo Gil, posee el mismo clima de sensualidad que la de la Galería de Arte Mexicano, pero con la innovación expresiva de Lara, consistente en la intervención de grabados sobre metal. Las piezas seleccionadas por ella para ser sobre trabajadas, son casi todas pequeñas placas que representaban hojas o ramas delgadas de plantas que, por gracia de esta retoma, se llenaron de sangre en su interior, como si fuera la savia antes blanca y hoy roja la que delatara la nueva humanidad de estas plantas.

Esta mancuerna mujer-naturaleza es una ligadura importante en el trabajo de Lara. Ha sido desde hace años uno de los eslabones principales en su trayectoria. Por una parte, la vida humana expresada como color, como agua, como vasija que contiene y vierte, con palabras que sólo el hombre puede decir, escribir, pensar y leer. Por la otra, el mundo de lo vegetal, que remite siempre y de manera casi obsesiva al asunto de los orígenes de la existencia. Semillas, plantas creciendo, retoños de diminutas selvas que se han metido a sus cuadros, sigilosas y en apariencia indefensas, son sólo algunos de los elementos que componen esta obra rica en significados y en exacto tiempo de madurez expresiva.

Magali Lara, por Santiago Espinosa de los Monteros | artnexus