El artista ecuatoriano-neoyorquino Hugo Bastidas pinta los desajustes de la sociedad actual. Capitalizando su propia experiencia de los contrastes entre América Latina y Estados Unidos, compara las melodías visuales de ambas áreas. Como resultado, oímos los infinitos sonidos desarticulados, las parodias de una antropología del futuro que se funda en la ironía de las relaciones sociales y políticas actuales.
Como muchos artistas, conoce la Historia del Arte y trabaja sobre la tradición pictórica. Lo que le permite atar cabos y manifestar que la historia se repite. Esa historia que está habitada por figuras autoritarias, clases dominadas, culturas vapuleadas e infinidad de discursos de cambios sociales para proteger a los desamparados. Las obras de la presente exposición, en tonos cafés-grisáceos, reciben un baño de color, en este caso, de color blanco, y constituyen la manera en que el artista se dirige y dirige al espectador a lo que él considera más importante en su pintura. Se observan zonas más definidas que otras y destaca los puntos álgidos bajo la luz del sol, la cual está resuelta pictóricamente con pinceladas de color blanco. Lo que ilumina, curiosamente, es lo que pareciera que Bastidas está ocultando al pintar y repintar con blanco. Otra de las ironías y contradicciones de esta realidad que el autor manifiesta analizándola en fragmentos de vidas diversas.

Comienza por dibujar sobre papel. A veces parte de una palabra o de una imagen, luego integra elementos que van desarrollando la estructura para ir armando el trabajo. Por eso aparecen palabras, flechas, anotaciones en lápiz; a veces las borra, aunque casi siempre quedan totales o parciales, en especial en las obras previas a la pintura final, que es ya en óleo sobre tela. Como si él mismo necesitara ratificarse que está en el camino cierto, que "esa es la cuestión universal", su trabajo lleva un proceso de inicio, desarrollo y revisión comparable con el de un científico o un investigador; aunque las pinturas no manifiestan rigidez ni frialdad, por el contrario, expresan agilidad y calidez. En ese mismo sentido, sabemos que si usa fotografía, lo hace sólo ocasionalmente y la desecha, descomponiéndola, para no hacer pintura rígida. Son varias versiones hasta el óleo sobre tela. En ese proceso el artista desarrolla un engrosamiento de la línea hacia la pincelada, y viceversa, descomponiendo la pincelada clásica, en infinidad de brochazos y pincelazos que retornan la pintura hacia su origen (dibujístico). Esto, además, produce una textura visual aterciopelada. En ese vaivén del dibujo y la pintura se acuna la obra de Bastidas como una anotación plástica postconceptual.
En Working Boys se ratifica la metáfora de la confusión con que trabaja el autor. Dos jóvenes rodean una figura escultórica, sin que nadie pueda aseverar si están limpiándola o son los talladores, si es una escena erótica o un contraste entre seres vivos y la ficción del cuerpo humano que da la escultura. Es una creación visual mediante la metáfora. Manifiesta con ironía la devastadora globalización. Al delimitar las imágenes a secciones, encuadra nuestra mirada y parece agigantar los personajes. Con estos recursos acentúa que cada una de sus cuadros son versiones diversas de lo ridículo e injusto de la sociedad actual, ya sea en áreas primitivas, ya sea en las más desarrolladas. Antagonizar las disciplinas artísticas es como antagonizar las culturas. Bastidas demuestra en su trabajo que nos pone ante los antagonismos sociales mientras consigue armonizar línea y pincelada.
