Haití, 500 años de Historia

Franz Zéphirin. La cabeza de Boukman expuesta a los esclavos rebeldes, 1991. Acrílico sobre tela. De la colección Afrique en Creations.

Colectivajul 1998 - sept 1998· Por Marianne De Tolentino

Haití, 500 años de Historia

Museo de Arte Moderno de Santo Domingo

Aparentemente, son 90 cuadros pintados a la manera naïf, que relatan épocas y hechos sobresalientes de la historia haitiana, e iluminan con sus personajes, escenarios y colores la tercera planta del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo. Tres instituciones internacionales han organizado y auspiciado el evento: Afrique en Créations —dinámico centro pluridisciplinario, que es la "casa productora"—; Agence de la Francophonie —que antes celebró encuentros lingüísticos y literarios en Santo Domingo—; Unión Latina —organismo internacional que milita por la supervivencia de la cultura latina—. Les agregaríamos el patrocinio moral de la Unesco.

Desde un punto de vista general, Haití, 500 años de historia corresponde a un aspecto fundamental de la política cultural; los intercambios dominico-haitianos. A pesar de la vecindad, de los nexos, de los problemas, Haití y República Dominicana mutuamente no se conocen lo suficiente en el arte y la cultura. Con frecuencia, los clichés e ideas preconcebidas empañan además la información. Esta muestra enseña pintura haitiana primordial, de muy alto nivel, y luego se refiere a un período histórico inicial común y sufrimientos compartidos: el descubrimiento y la colonización, el exterminio de los indios y el trabajo esclavo —la trata y los malos tratos que afectaron también a los negros dominicanos.

Colectiva: Haití, 500 años de Historia — imagen 1
Edouard Duval-Carrié. El triste fin de Jaques Stephen Alexis, 1992. Óleo y resina sobre tela. De la colección Afrique en Créations.

La exposición tiene otra ventaja: su carácter itinerante. Presentada de país en país, de continente en continente, difunde extensamente el arte haitiano, apreciado internacionalmente —cabe recordar, por ejemplo, Art Naïf/Art Vaudou en el Grand Palais, París, 1988. Tenemos que elogiar igualmente el enfoque conceptual de la muestra. La curaduría ha estado a cargo de un experto en arte y el principal especialista en arte naïf, Jean-Marie Drot. Suponemos que él ha pensado reunir un conjunto de obras con base en la historia de Haití, un modo inteligente de "conmemorar" los 500 años del encuentro entre dos mundos, cinco siglos y algo más, puesto que los últimos eventos recordados pictóricamente datan de 1995. Para cubrir ese itinerario histórico, se han utilizado pinturas ya hechas, y se han encargado otras, la mayoría probablemente, a artistas cuidadosamente elegidos, tanto por sus estilos como por su dominio temático. Se nota una selección personal, muy certera y orientada, hecha por un conocedor, tipo de curaduría que da los mejores resultados.

Estamos casi seguros de que esta exposición irá generando análisis y reflexiones teóricas, concernientes al arte naïf y sus leyes —si las hay. Sin embargo, se ha publicado mucho sobre el tema, las opiniones divergen y, finalmente, una controversia más no agrega nada al inmenso interés de una antología muy especial de arte e historia. Ingenuo, primitivo, primordial, popular, intuitivo, son algunos de los sinónimos que se aplican a lo naïf en plástica —pintura o escultura. Jean-Marie Drot los califica como artistas enchanteurs, encantadores.

La pintura se convierte en documento, en crónica que lee cualquier espectador, alfabetizado o no. Rasgo importante, la densidad descriptivo-narrativa es tal que una escena equivale a un capítulo. Entre innumerables ejemplos, citaremos las secuencias de desventuras debidas al Descubrimiento, por el maravilloso Eddy Jacques; la Vida y muerte de Henri Christophe, de Alfred Altidor, o el Retrato del presidente Aristide, de Fortuné Gérard.

Ahora bien, no lo consideramos simplemente una saga o un relato visual con todos sus detalles y observaciones, sino una página fuerte, que vibra, de un mensaje. El pintor llora, se indigna o se regocija, según las circunstancias. Así, Michel Saint Fleur nos estremece con los suplicios infligidos a los esclavos. Deploramos con Jean Baptiste Jean el destino de Tousaint Louverture. La victoria de Verriére, extraordinario fresco guerrero por el mismo autor, anuncia la Independencia. No cabe duda de que, en la historia de Haití, los infortunios han prevalecido... pero los pintores expresan el coraje del pueblo haitiano.

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Philomé Obin. Cuatro desgraciados fusilados inocentemente el 20 de julio de 1914, sin fecha. Óleo sobre tela. Colección del Museo de Arte Haitiano.

Cuando comentan el arte naïf, siempre hablan de fantasía, como si fueran almas simples y soñadoras, irracionales e inmersas en sus mundos. Aquí, notamos una gran imaginación, una capacidad de recreación —a la vez objetiva y subjetiva— de una realidad secular o reciente. Pero esa fantasía se fundamenta en creencias —así a los Dioses vudú ante el destino de Haití, de Cameau Rameau—, o en simbolismo —Los hombres-sombras en el país prisionero, de Roland Etienne. Surge el lado fabuloso o fabulesco con el Tonton Macoute Ti Bobo, ave de rapiña uniformada, de Fritzner Lamour, y las deleitables estampas de Frantz Zéphirin, pintor mago que pone cabezas de animales a los enemigos, o a las proas de navíos.

Aquí están, al lado de pintores más humildes y de dedicación parcial, profesionales de tiempo completo, de alto calibre, como Philomé Obin y relacionados, o Cesner Almand. Y no es un asunto de cantidad de obras. Puede representar a los maestros una sola tela, como el impactante Sobrepoblación, de Préfete Duffaut (que tiene una legión de imitadores). Pueden ser dos, como el magnífico Edouard Duval-Carrié, escultor y pintor, uno de los más importantes artistas de la actualidad, con su tremendamente simbólica muerte de Stephen Alexis, y el curioso encuentro de Hector Hyppolite y André Breton.

Elogiamos la inclusión de Pascale Monnin, artista en ascenso muy joven.

El catálogo es sobresaliente; información, textos, fotografías, un verdadero libro para adquirir, consultar y conservar.

MARIANNE DE TOLENTINO

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