Exposición Individualjul 1998 - sept 1998· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Florencio Gelabert

Galería Ambrosino

El nombre de la muestra, El sonido del bosque, refleja la poética que inspira el trabajo más reciente de Florencio Gelabert. El sonido es en realidad una voz de alerta, una llamada de atención sobre la destrucción del medio ambiente. Una destrucción que es a la vez deconstrucción y construcción, un ciclo que se mueve en la dimensión de la relación naturaleza-hombre. El bosque es la naturaleza, es la madera que sigue siendo materia prima de su obra.

Una mesa de madera pulida, colocada sobre una silueta de aserrín en forma de ataúd, ilustra perfectamente esta nueva propuesta. El sentido de la relación (título de la obra) es claro: hay que destruir para crear. Hay que alterar la forma original para construir objetos "prácticos" (la destrucción se justifica en la medida que se construye un nuevo objeto, si éste cumple una función específica). La mesa, cubierta con prado artificial color verde, ilustra otra dimensión de la relación: la dicotomía vida-muerte, la destrucción de la naturaleza, del bosque, del árbol, y la creación de una naturaleza muerta, artificial, plástica, en el sentido estricto de la palabra.

Exposición Individual: Florencio Gelabert — imagen 1
Florencio Gelabert. El sonido del bosque, 1998. Instalación. Dimensiones variables.

En un jardín de plástico las herramientas salen sobrando. Quizás por eso Gelabert las cuelga en la pared y las enmarca como si fueran finas antigüedades (por lo oxidadas). La poética del jardín es una instalación compuesta por siete marcos que encajan en diversas herramientas de jardinería: una pala, tres escarbadores, un cuchillo, un martillo, dos cuchillos y un azadón de mano, una tijera y un hacha invertida. La pieza cuestiona el rol de la jardinería, en la medida que ésta destruye la naturaleza original (la maleza, el monte) y construye una naturaleza ficticia. ¡El caso llega a los extremos cuando se crean jardines con plantas artificiales y flores de plástico! En estos términos, no es extraño que el artista decida alterar, por su parte, los roles del dibujo. Por una parte, convierte el marco en una simple línea, y por otra, convierte la imagen (la herramienta) en un objeto tridimensional.

La idea de alterar el rol del marco se repite en Contenido total, una combinación visual de las dos piezas anteriores. Un gran marco cuadrado hecho en madera y pasto artificial, cuyas dimensiones corresponden a una braza (medida de los brazos extendidos del artista), enmarca un espacio en blanco. En teoría, la pieza retoma el discurso de la destrucción de la materia prima y la creación de un objeto nuevo. En la práctica, Contenido total enmarca un gran vacío, acaso aquel que deja la deforestación, y la erosión que provoca esta última.

La siguiente obra de la muestra es una pila de troncos, una imagen propia del proceso de deforestación. Basada en cálculos antropométricos (la pieza colgada en la pared es un triángulo cuyas medidas coinciden con la medida del tronco de Gelabert), la obra cuestiona las relaciones vida-muerte, hombre-naturaleza. El hecho de que el triángulo sea el tronco de Gelabert en forma invertida, es un elemento más del juego de alteraciones y relaciones que establece el artista en esta exposición.

Otra pieza de la muestra, Fuerzas contenidas, transmite un juego visual similar. Una base de acero sostiene una sierra de madera cubierta con miel artificial (no de abejas, sino de plástico). Lo normal sería que la sierra fuese de acero, y la base, de madera. Al intercambiar los materiales, Gelabert genera nuevas relaciones y crea nuevos elementos (por ejemplo, la madera reemplaza al acero y el plástico reemplaza la sábila). La misma idea se repite en una obra sin título, en la que un tronco colocado en la pared a manera de cañería despide plástico transparente que cae al piso creando una cascada. En el plástico se ve un hacha que ha quedado congelada en el tiempo (otra de las ideas que maneja el artista en su obra es la atemporalidad).

Relación natural es un tótem construido con trece troncos de madera, fundidos en cera de abejas a partir de las medidas del cuerpo (la altura de la pieza es dos veces su altura más un pie, por aquello de la proporción). Tanto la temática como la forma y el material se combinan para crear una pieza interesante a nivel visual. La última instalación resume de alguna manera la propuesta de la muestra. Nueve troncos de un pie de largo (por aquello de la antropometría) aparecen exhibidos en una repisa de hierro oxidado. Relaciones naturales (el título mismo es inclusivo) expone el resultado final, troncos quemados (que recuerdan esculturas de un período anterior), piezas inertes que dejan una imagen desolada y un olor a muerte. Acaso la construcción a partir de la deconstrucción no es más que un espejismo, una justificación que oculta el gran peligro que conlleva la destrucción del equilibrio ecológico.

La exposición viajará próximamente al Museo de Arte Contemporáneo de Panamá (agosto-septiembre, 1998), al Museo Jacobo Borges de Caracas (febrero-marzo, 1999), al Museo de Arte Contemporáneo de Guatemala (abril- mayo, 1999) y al Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica (otoño, 1999).

FRANCINE BIRBRAGHER

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