Esculturas en madera

Teresa Sánchez. Sin título, 1992. Madera y polvo de esmeril. 11 x 116 x 11 cm.

Colectivajul 1998 - sept 1998· Por Marta Rodríguez

Esculturas en madera

Centro Colombo Americano

Durante el mes de marzo, en el Centro Colombo Americano del centro, se llevó a cabo una interesante exposición curada por el profesor Germán Rubiano Caballero, titulada Esculturas en madera, en la que se exhibieron obras de siete escultores colombianos, quienes, como lo anota el curador, "no constituyen un grupo" pues cada uno de ellos pertenece a generaciones diversas, así como son diversos los intereses que guían a cada uno de los participantes.

Los criterios que tuvo en cuenta la curaduría para aunarlos en esta muestra obedecen a la calidad de las obras y a la decidida participación que han tenido estos artistas en la actividad artística nacional, lo que denota un proceso de trabajo constante que ha permitido el pleno desarrollo de cada obra particular. Anota el curador que a todos les interesa la pulcritud, el oficio bien hecho e, igualmente, la geometría, el sentido del orden y, finalmente, su trabajo es, en esencia, abstracto, pero en casi todos hay referencias a diversas realidades que van desde el arte precolombino hasta las máquinas y los instrumentos, pasando por la naturaleza.

La escogencia de las piezas exhibidas, que, como veremos, corresponden a épocas disímiles, evidencia dichas características así como denota la ductilidad del lenguaje de la madera como material escultórico cuyas posibilidades van desde la talla ancestral hasta los ensamblajes modernos.

El artista de mayor trayectoria incluido en la exposición es Eduardo Ramírez Villamizar, quien participó con tres obras, todas ellas construcciones en madera que datan de 1963 y que hacen parte de una serie de trabajos con los que Ramírez Villamizar abandona el lenguaje cromático y la práctica bidimensional para acceder a las tres dimensiones. Se trata de impecables relieves en madera pintada de blanco, donde se crea una especie de pliegues o dobleces que siguiendo un recorrido geométrico, dan lugar a ritmos ascendentes o circulares con los que Ramírez Villamizar anuncia el curso que va a seguir su producción escultórica posterior en la que la obra establece un diálogo con el espacio circundante pero manteniendo siempre una cierta autonomía como objeto, es decir, la obra de Ramírez se comporta dentro de los parámetros de la escultura moderna.

Colectiva: Esculturas en madera — imagen 1
Consuelo Gómez. Cuerpo negro eco, 1993. Madera. 60 cm de diámetro, base de 120 x 40 cm.

Como lo señala el curador, tanto Ramírez Villamizar como Germán Botero y Alberto Uribe han tenido vínculos con la arquitectura, y los tres evidencian en sus trabajos "control del intelecto y manejan con seguridad los más variados problemas espaciales y constructivos". La obra de los dos últimos emplea en ocasiones la madera de guayacán, una madera dura de gran peso y con una gran riqueza de vetas, combinada con metales', como sucede con la pieza titulada Ferruco, de Botero, de 1993, en la que se utilizan el bronce y el aluminio y con la pieza de Uribe, Sin título, en la que recurre al uso de varillas de hierro calibrado, realizada en 1978. Las piezas de Botero mantienen relación con el mundo de los objetos, específicamente con el de las máquinas, y las de Uribe son concebidas dentro de un estricto orden geométrico.

Los otros participantes hacen parte de una generación de artistas que nacen a fines de los cincuenta; uno de ellos es Hosse Vanegas, "hábil ensamblador de volúmenes que oscilan entre los que tienen referencias orgánicas y los estrictamente geométricos". Vanegas presentó dos piezas elaboradas en madera bolondo de África, tituladas Serpiente y Cráneo, ambas de comienzos de los noventa. Las otras tres expositoras son Consuelo Gómez, Teresa Sánchez y Mónica Negret, cada una representada con tres obras que datan de los ochenta y noventa. Ellas inician su producción en un momento en el que la obra tridimensional adquiere una nueva conciencia de su relación con el espacio; en el caso de las primeras obras de Teresa Sánchez y Mónica Negret, se plantean las rupturas de las fronteras existentes entre la escultura y la pintura; las piezas exhibidas de esta última incorporan el color trayendo consigo reminiscencias de la pintura. Consuelo Gómez ha tenido una producción rica y variada en la que siempre se ha notado un excelente manejo de los materiales utilizados, madera, vidrio y metales, así como una particular visión de la forma, de los objetos y de la relación que ellos establecen entre sí y con el espacio. La pieza titulada Cuerpo negro eco, del 93 así como Triángulo del 86, incluidas en la muestra ejemplifican su peculiar sentido del peso y contundencia de la forma, en la primera, a través del diálogo que crea, entre dos cuerpos redondeados, una base pulida que sirve de soporte a una semiesfera bastante irregular que encuentra un raro punto de equilibrio; mientras que en la segunda, una forma maciza muy pura remata en una pequeña abertura en vidrio.

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Hose Vanegas. Serpiente, 1991-1992. Madera bolonda África. 36.5 x 73 x 25.5 cm.

Teresa Sánchez es una artista muy interesante que desde la década de los ochenta ha mantenido una actividad constante y, tanto en sus primeros trabajos —que como anotábamos eran de naturaleza más pictórica—, como en sus más recientes producciones tridimensionales, ha incorporado la madera como soporte y como material esencial. Sus objetos recientes muestran una sensibilidad muy particular hacia la esencia de la forma pura. Se trata de una esencia que en muchas ocasiones hace referencia al mundo natural, cuyas formas son transmutadas en objetos "minimalistas", en el sentido que ellos interactúan con el espacio y son concebidos a través de una actitud intelectual que depura los elementos con una gran economía, pero a la vez muestran una gran distancia con la práctica minimalista en la medida que la artista maneja el material, generalmente maderas diversas, teniendo en cuenta sus cualidades intrínsecas de peso, color y textura, en ocasiones a través de la talla o del ensamblaje, pero siempre dejando en ellos la huella indeleble de quien los elaboró. En esta ocasión presentó tres cuerpos muy característicos de su producción, delicados, alargados; en uno de ellos la madera entra en diálogo con el polvo de esmeril, en otro, con material pesado como el hierro, y la tercera obra se construye recurriendo a dos maderas, el marfil y el nogal.

Es interesante cómo esta muestra que asume como tema la escultura en madera logra aunar a artistas que, como hemos visto, pertenecen a generaciones diversas y que, por lo tanto, sus búsquedas se relacionan tanto con los conceptos de la escultura moderna —como es el caso de Ramírez Villamizar—, como con las concepciones más contemporáneas que ponen en entredicho el concepto mismo de escultura, y el curador, conociendo estas fundamentales diferencias, logra presentar dentro de una depurada armonía un panorama muy diverso, a través de un montaje que fue, como las obras, impecable; en la pared del fondo se colocaron las obras de Ramírez, y sobre bases blancas los objetos escultóricos, alternando con algunas obras de piso, todas muy bien iluminadas. Este conjunto hace evidente que "la pulcritud, el oficio bien hecho... la geometría y el sentido del orden" son herramientas indispensables con las que es posible erigir la madera como un material dúctil, que habla de diferentes maneras tanto en la práctica artística moderna como en la contemporánea.

MARTA RODRÍGUEZ

Esculturas en madera, por Marta Rodríguez | artnexus