Durante seis días, a comienzos del mes de mayo, Chicago se convirtió en el lugar para que comerciantes de arte, coleccionistas y curadores de todo el mundo contemplaran las tendencias del mundo del arte contemporáneo. Con 208 expositores (de los cuales el 50% no eran galerías de los Estados Unidos) que representan a más de 2.000 artistas, Art Chicago 1998 ofreció al público una mirada basada en el entendimiento de la cultura visual internacional. El optimismo de una economía norteamericana saludable, se reflejó en ventas que excedieron las expectativas, alcanzando un estimado de 35 millones de dólares —la mayor cifra en seis años de historia del evento. Este éxito continuado afianza el status de la feria como la más importante y prestigiosa exposición de arte internacional llevada a cabo en los Estados Unidos.
Tras recibir especial atención y los últimos clamores por parte de la crítica, los artistas Mona Hatoum, Vanessa Beecroft, Kara Walker y varios miembros de la contingencia de “Jóvenes artistas británicos”, como Damien Hirst, Gary Hume y Sarah Lucas, se destacaron en la feria. Las pinturas de Kerry James Marshall, de la Galería Jack Shainman (Nueva York), también causaron comentarios ya que los museos y los coleccionistas privados compitieron por un espacio en la lista de espera con el fin de adquirir su obra. Siguiendo una línea más tradicional, la pintura informalista de Lluís Lleó, de la Galería Carles Taché (Barcelona), y una impresionante selección de dibujos del expresionismo alemán, al igual que las xilografías de Ernst-Ludwig Kirchner y Karl Schmidt-Rottluff de Garton & Co. (Wiltshire, Inglaterra), merecen una mención especial.

Un hecho notable este año fue la presencia de la fotografía, que caracteriza el gran aumento de su popularidad entre artistas y coleccionistas por igual. Las galerías, que una vez estuvieron confinadas a presentar pinturas de una sola clase, dibujos y esculturas, ya fueran obras de maestros modernos como Man Ray, Manuel Álvarez Bravo, Brassaï, Henri Cartier-Bresson o Graciela Iturbide, o imaginería de artistas más contemporáneos y experimentales como la niña terrible británica Abigail Lane o el francés Orlan, devoto de la cirugía plástica, han empezado a incluir la fotografía que puede reproducirse tecnológicamente, como un género altamente apetecido y vendible. La fotografía a todo color fue el fenómeno más especialmente generalizado este año, y entre los muchos que fomentaron esta tendencia se encontraban: Miguel Río Branco, en la Galería Camargo Vilaga (São Paulo); Iñigo Manglano-Ovalle, en Christopher Grimes Gallery (Santa Ménica), y Pablo Ortiz-Monasterio, en la Gallery of Contemporary Photography (Santa Mónica).

Merecen mención las obras de medios mixtos que utilizan varias combinaciones de fotografía, pintura, dibujo y collage, de artistas como Eduardo Medici y Oscar Bony, expuestas en la Galería der Brücke (Buenos Aires); la serie Narcissus de Óscar Muñoz, en la Galería El Museo (Bogotá); al igual que las de Vik Muniz, en Rena Bransten (San Francisco), y Phillipe Pasqua, en Espace d’Art Yvonamor Palix (París/México). La última fotografía/dibujo de Vik Muniz, donde utilizó un chocolate viscoso y almibarado para definir líneas de contorno, estuvo representada en la feria por no menos de tres galerías. Empleando una caja liviana y pequeña, a manera de lienzo, Muniz maneja almíbar de chocolate que hace gotear, por medio de la cabeza de un alfiler; posteriormente retrata y amplía sus dibujos, presentándolos como grandes impresiones de Cibachrome. Retratos como Walt, en Rena Bransten (San Francisco), y The Last Supper, en la Galería Camargo Vilaga (São Paulo), parecen humorísticos y algunas veces hasta irreverentes, debido al uso no convencional de materiales, de parte de Muniz.

El artista francés Phillipe Pasqua, en un estilo expresivo y gesticular, elabora collages y pinturas en sus fotografías de gran formato. En su obra Les grand petite lilies (1998), Pascua presentó una serie de imágenes donde representó niñas en la prepubescencia, tomadas con frecuencia en poses seductoras que representan los lados oscuros de la niñez, donde aparecen precozmente el comportamiento y las posturas adultas. Sus retratos cuestionan tanto ideas sobre la niñez y la inocencia, transformadas por asimilación cultural, como las implicaciones lascivas que nuestras propias respuestas puedan producir. Pasqua es uno de los muchos artistas que Espace d’Art Yvonamor Palix llevará a ciudad de México este año, cuando la galería abra sus puertas en Colonia Roma, en junio.
La fotografía no fue, por supuesto, la única clase de obra que se presentó en la feria de arte. En la bellísima pintura Figura de convite (1998), de la Galería Camargo Vilaga, (São Paulo), Adriana Varejão recrea, como lo haría un ilusionista, el efecto de los tejados portugueses, al aludir al pasado colonial de Brasil. Su trabajo despliega estratégicamente el concepto de la antropofagia, concebido en los años veinte por el escritor y poeta de vanguardia Oswald de Andrade, quien pidió la asimilación o la “canibalización” de las diferentes culturas tradicionales que comprenden la moderna sociedad brasileña, y el rechazo simultáneo de esas cualidades que fueron juzgadas inútiles o no asimilables dentro de esa misma cultura. Varejão incorpora imágenes de partes del cuerpo fragmentadas, sugiriendo la idea de canibalismo y la asimilación de elementos europeos, africanos, orientales y brasileños, dentro de una fusión cultural. Las ideas que están tras la antropofagia le permiten a Varejão crear su propia versión de la historia, seleccionando y manipulando en forma consciente, dentro del espacio de su trabajo, los miles de elementos culturales de la sociedad brasileña.

Otro trabajo interesante presentado por esta galería fue la obra sensual y biomorfa de Ernesto Neto, titulada Glob (1998). La escultura de nylon blanco, flexible y de forma circular, llena de cuentas de poliestireno en miniatura, fue concebida con una depresión en el centro, donde Neto depositó gran cantidad de canela de color café-rojizo. Se invitaba al espectador a experimentar, colocando sus brazos alrededor de la maleable escultura e inhalando la condimentada y picante esencia de la canela. De acuerdo con la tradición de Lygia Clark y Hélio Oiticica, Neto le ofrece a su audiencia la oportunidad de experimentar activamente su trabajo artístico en formas que involucran placer sensorial y exploración lúdica.
Este año, Praxis International Art (Buenos Aires) dedicó la totalidad de su cubículo a la obra del artista Ignacio Iturria, exhibiendo pinturas, esculturas y montajes expuestos en una instalación teatral. El efecto fue impresionante, al crear la ilusión de un pequeño universo poblado por seres de la creación de Iturria, animados y antropomórficos En El Espejo, Iturria presentó la escultura de una botella que se sostiene por sí misma y que observa la pintura de su reflexión, estableciendo un interesante diálogo entre la naturaleza de la pintura y la escultura. El espejo de Iturria, sin embargo, parecía estar hendido, mostrando discrepancias sutiles que sugieren la incongruencia entre la autopercepción y la apariencia externa. Esta sombría observación psicológica es mitigada por la naturaleza caprichosa de la obra de Iturria, que presenta imperfecciones humanas con sentido del humor y de travesura infantil.

La obra de Sergio Payares, exhibida en la Galería Nina Menocal (Ciudad de México), fue representada por un número de pinturas que combinan símbolos personales y afrocubanos para expresar ideas asociadas con el exilio y su relación con Cuba. La tendencia gesticular de Payares y los temas de la migración y el éxodo reflejan una asociación temprana con José Bedia, su antiguo profesor en La Habana. En la obra Místico-realista con la cabeza en el suelo y pies al cielo (1998), Payares presenta una criatura con apariencia de araña, cuyo cuerpo ha sido reorganizado en forma anormal —las piernas se convierten en extremidades a manera de antenas unidas a una cara sin rasgos, con tres apéndices soportados por cabezas separadas del cuerpo. La transposición de las partes del cuerpo sugiere el estado dislocado de Payares, donde la vida ha sido puesta de cabeza por las experiencias diarias de gente, lugares y prácticas culturales desconocidas.

También fue de interés en la feria de este año una instalación de Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla en Jacob Karpio Atma (Costa Rica). Para vivir la experiencia de Charcoal Interface (1998), se nos pidió calzarnos botas azules de hospital y entrar en un salón donde se oía, a través de parlantes, el sonido de la estática de un radio. La ilusión óptica de la imagen de un puente de madera fue dibujada con carbón sobre los paneles del piso de claro abedul. Debido a las distorsiones de la perspectiva del dibujo, el espectador era incapaz de cruzar el puente, quedando, por lo tanto, atrapado en un espacio liminar. Al frustrar el avance, el artista intenta que el espectador reflexione sobre los espacios entre el mundo natural y el industrializado, sugiriendo la creación de un equilibrio por medio del cual los individuos lleguen a ser conscientes de su relación entre estos dos extremos.
La inclusión de la premiere de Documenta X: The Films, una serie de películas de seis partes que debutó el verano pasado en Kassel, Alemania, fue una nueva e importante adición a la feria de arte de este año. Originalmente producida para Documenta X bajo la dirección de Catherine David y Bridgette Kramer, la inclusión de cine y vídeo en Art Chicago 1998 reconoce una tendencia mundial hacia la fusión de las bellas artes tradicionales, con un rango de obras reproducidas tecnológicamente, ofreciendo una experiencia más completa de multimedia para el público espectador de arte. Este desarrollo marca un movimiento práctico hacia un acercamiento que incluye más a los medios artísticos —que guarde más armonía con nuestro mundo de música-video y de cultura computarizada, característico de finales de este siglo.
CHARMAINE PICARD

