Arnaldo Roche Rabell

Arnaldo Roche Rabell. Cuídate de la Medusa, 1994. 213 x 304 cm. Cortesía: Galería George Adams.

Monografíajul 1998 - sept 1998· Por Federica Palomero

Arnaldo Roche Rabell

La vida diaria se convierte en la base de mi trabajo, quiero ser un "historiador" de una sola historia. Tengo esta necesidad de traducirlo todo a imágenes y me fascina cómo vemos e interpretamos las cosas. Todos los eventos, con múltiples interpretaciones, variados ángulos y perspectivas se vuelven imágenes.

Federica Palomero: Mi primera pregunta es acerca de la pintura. De este modo, abarca las que vendrán luego, ya que toda tu obra es inseparable de la pintura. Es una pregunta que a lo mejor no te habría hecho a principios de los ochenta, cuando tú empezaste tu trabajo en el arte, ya que correspondió a un momento de gran impulso de la pintura. A lo largo de los noventa, pareciera que a nivel internacional, otros lenguajes han tenido la preferencia de los artistas y los críticos (no todos). ¿Cómo te sitúas, hoy en día, en relación con la pintura como técnica y como lenguaje, y en relación con la pintura como tu modo de ser en el arte?

Arnaldo Roche-Rabell: Una pregunta como ésta me lleva a otra que yo me hago: ¿Cuál es la razón de mi trabajo? ¿Qué lo motiva? ¿Hacia quién está dirigido? Por todos estos años, he estado tan ocupado tratando de validar mi experiencia personal como artista que no he tenido tiempo para preguntarme cómo el desarrollo de corrientes ha influido mi trabajo. La pregunta clave que siempre me hago es: ¿Adonde quiero llegar con mi trabajo? Se puede pintar por varios motivos; uno de ellos, que es muy válido, es hacer comentarios acerca del arte, de un modo filosófico o político. Otros, pintar para Dios.

Durante todos estos años, me he preguntado de dónde he sacado esa certeza de que lo que pinto es algo digno y significativo, a tal punto que llega a manifestarse en términos físicos. Yo no pinto para Dios. Veo el arte como un instrumento que se me ha entregado, donde me veo, comulgo y me gozo. La vida diaria se convierte en la base de mi trabajo, quiero ser un "historiador" de una sola historia. Tengo esta necesidad de traducirlo todo a imágenes y me fascina cómo vemos e interpretamos las cosas. Todos los eventos, con múltiples interpretaciones, variados ángulos y perspectivas se vuelven imágenes.

Explotarlas y explorarlas es parte de mi propósito. Si alguna corriente contemporánea permite ampliar la percepción del mundo, entonces cualquiera de sus logros técnicos o lenguaje desarrollados tienen vigencia.

Monografía: Arnaldo Roche Rabell — imagen 1
Arnaldo Roche Rabell. Dios me dijo que diera a luz, 1995. Técnica mixta. 213 x 152 cm.

F.P. En las palabras que tú acabas de usar aparece, de cierta manera, un sentido de la pintura como ritual. Pero, además, hay que tomaren cuenta tu peculiar técnica de frottage o calco que se asemeja, por su inmediatez, violencia e incertidumbre en los resultados, a un performance (un performance muy privado), ya que te involucras físicamente e involucras al modelo. ¿Es la pintura un rito?

A.R.R. Mi pintura se convierte en un ritual vivo. Mi interés es explorar las posibilidades, investigar y hacer comentarios acerca de la vida. En cuanto parto de una experiencia del diario vivir, el performance, por su inmediatez, me resulta el mejor recurso para acercarme a las personas y a los eventos que se convierten en vehículos de mi creatividad. Llegar a tocar a las personas en un punto emocional y físico resulta la manera más elocuente de vivir la vida. Inicialmente, los encuentros con personas o eventos pueden ser casuales, pero el proceso de producción de la obra es más lento y conlleva introspección, reflexión e inclusive respeto por el sujeto o la situación representados. En este tiempo en el que se establece un performance entre el artista y su modelo, se van generando unas fuerzas que producen el evento final en el cual, de una manera concreta, lo racional y lo irracional se vuelven imagen. Yo quisiera persuadir más que demostrar, entiendo que hay un proceso en la vida que quisiera imitar con mi arte. Nos movemos por la vida creyendo cosas, asociando ideas y conceptos; éstos generan ideas que nos hacen profetas, reyes o perdedores; ese aspecto de la vida me fascina, tengo conciencia de que estoy creando una ficción. Yo no busco la verdad de las cosas. La ambigüedad es parte de un "lenguaje" a medias, reflejo de nuestra realidad. Vivimos un mundo con ideas a medias, donde nos salvamos, amamos y compartimos a medias. Y para darte un ejemplo: se es latinoamericano a medias.

Aun cuando brego con arquetipos e imágenes que pretenden tener presencia física y contenido absoluto, el verdadero valor que les atribuyo es que reafirman o cuestionan la noción de éstos. No cabe duda de que si el vivir es un performance, éste es parte integral de mi ritual.

Monografía: Arnaldo Roche Rabell — imagen 2
Arnaldo Roche Rabell. ¿El hijo de quién?, 1993. Óleo sobre tela. 213 x 152 cm. Cortesía: Galería George Adams.

F.P. De lo que acabas de decir, y de tu obra misma, se desprende una temporalidad muy particular, muy tensa. Conviven la inmediatez del performance y el tiempo necesario para una profunda investigación, ya que tu iconografía puede llegara ser muy compleja, ¿cómo logras mantener ese grado de expresividad, frescura y vivencia muy existencial, integrando tus búsquedas temáticas y conceptuales?

A.R.R. Para que puedas entender cómo logro esa fuerza bajo la inmediatez del momento, tengo que mencionar lo intensa y rica que es mi vida. La única razón por la cual he mantenido a lo largo de tantos años la misma convicción y efervescencia creativa es que tengo una alta noción del poder del arte, de lo que éste puede significar en el desarrollo emocional de un individuo. Dependo mucho de lo que llamo el "momento dramático", en el cual se logra ese máximo acercamiento físico y emocional. Cabe mencionar que tengo una obsesión por vivir y negar la muerte, que mis actos tienen un grado de crudeza para activar lo inanimado y contener lo que tiene vida. Me siento a veces como un saqueador en medio de un mar de sensaciones y asociaciones.

Entre los aspectos que generan esa catarsis, ese proceso de creación de la imagen, a veces a lo largo de varias semanas, se podrían mencionar sueños y revelaciones sobre los cuales no tengo mucho control. De la interacción con los modelos nace lo que se puede apreciar como formas heroicas, pero que en realidad tiene tamaño natural. El uso del frottage como metodología lleva a la creación de esas imágenes extremas. Tengo la responsabilidad de sacar luz de la oscuridad. En el acto mismo de pinta araño, y así saco a la superficie a mis personajes. Otro factor que determina esa energía inagotable es mi convencimiento de que la garantía de transformación y cambio que nos da la vida está conmigo como una bendición. El proceso de desarrollar una imagen puede tomar un día, como tres meses. Los cambios que ocurren son físicamente radicales. Nada se planea de antemano, y tan sólo la actitud de vivir y sobrevivir sobre la tela es lo que crea una similitud estilística a lo largo de tantos años. En estos procesos es necesario que no sólo yo sino el modelo, y en otros casos los conceptos explorados, sobrevivan; de lo contrario, la obra es destruida.

Esta hipersensibilidad que me induce a mostrar las cosas a mi manera, a crear espejos, imágenes en las cuales el mundo de las ideas genera pasiones que lo transforman todo, crea una visión que se podría llamar psicobiología del encuentro. Como yo lo entiendo, la obra se convierte en un testimonio, y el espectador, en testigo. Durante estos últimos años, me ha preocupado el papel que juega el resto del mundo frente a mi obra. Yo espero haber dejado el espacio suficiente para que el observador pueda interactuar en un proceso tan íntimo. 

Monografía: Arnaldo Roche Rabell — imagen 3
Arnaldo Roche Rabell. No solo de pan vive el hombre, 1992. Técnica mixta. 198 x 198 cm.

F.P. Tú hablas de los sueños, las revelaciones y la interacción con los "modelos". Hay otro aspecto que me interesa: tu trato con la historia del arte. Salvo contadas excepciones, como esas obras de José Campeche y Osiris Delgado, no existen citas pictóricas, referencias precisas, pero sí atmósferas evocadoras, reminiscencias que sugieren parentescos con grandes obras del pasado, sobre todo religiosas. ¿Cómo surgen estas imágenes y cómo las procesas?

A.R.R. No hay duda de que la palabra religiosidad describe los términos en que se realiza mi obra. Históricamente, no he sido el primero ni el único que lo ha hecho así. Soy un artista de los que no están satisfechos con este mundo pretencioso y muchas veces falso, y que decide celebrar su propia existencia porque me resulta algo satisfactorio y me llena el mirar con mis manos. Como decía hace diez años, la "belleza" no está en los ojos de quienes la ven sino en las manos de quienes la poseen. En todo esto, la religión, la historia, y en varias ocasiones la política, son mis aliados. Hay una agresión casi religiosa a los temas desarrollados. Por mi parte, sé que no ataco la realidad de las cosas, sino la imagen que hemos creado de las mismas. Más consciente no puedo estar del concepto de cambio de la vida a la muerte, que cuando juego con la figuración, el "frotado", se convierte en un experimento para que el material se manifieste. Casi me convierto yo en un espíritu que irrumpe en el mundo material para manifestarse. Todo comenzó por una necesidad: tenía que estudiar mi propia naturaleza y la naturaleza de las cosas para la creación de estos grandes espejos que funcionan en ambos sentidos.

Quisiera darte unos datos que considero importantes acerca de la energía. El contacto directo con los cuerpos, ya sea orgánico ya sea material, genera esta energía de inmediatez que mantiene viva la concepción de mi figuración. Los títulos muchas veces son dichos o frases cotidianas, esas frases sugestivas generan la obra. Le doy importancia a lo común, a ese conocimiento del ser ordinario, rescatando de cierta manera esa noción de lo que es lo popular, la religión popular. Siendo tan religioso, siempre me he preguntado acerca del concepto de representar lo eterno, de hacer imágenes de Dios, sin que mi afán sea el de encontrar a Dios o representarlo, yo sé donde El habita. Creo imágenes no de lo irrepresentable, sino de lo que esta presente. La importancia de la imagen y esa noción de la sustanciabilidad del medio utilizado es fundamental para mi obra, es religión. Si algo caracteriza a mi obra a lo largo de ya tantos años, es la noción autoimpuesta de empujar y explorar el óleo en su máxima capacidad. Mantenerlo virgen es fundamental, por eso evito el collage o la multiplicidad de medios, no así cuando pienso en todas las técnicas que he explorado sobre la superficie de la tela. Todo ese tiempo, yo sabía que era como Santo Tomás, que necesitaba "ver para creer". Fui un poco más atrevido, metí la mano en la herida, tenía que encontrarme a mí mismo con mis autorretratos y verme en otros con la técnica del frottage.

Acerca de cómo me relaciono con la historia del arte, entiendo que no sólo el estudio formal del arte y sus movimientos se pueden convertir en influencias para el desarrollo conceptual de las imágenes de un artista. Lugares, instituciones y muchas veces personalidades o amigos se vuelven un medio para promover cambios en la manera como uno se ve a sí mismo. Chicago es una de mis grandes influencias, es una ciudad con carácter propio y con una larga tradición de excelencia en el arte. Esta ciudad tiene grandes instituciones, artistas y coleccionistas, y en ella aflora una fascinación por el arte naif y excéntrico. Esto que menciono es parte de mi historia, del hecho de que en esa ciudad me percaté de mi historia. Personas como mi profesor y mentor, el historiador de arte Bob Loescher, me hicieron percatar de mi hispanidad en una ciudad rica por sus elementos étnicos. La tutela de mis profesores, los artistas Ray Yoshida y Richard Keane, me ayudó a darme tiempo para desarrollar mis ideas. En aquel momento no me era fácil aceptar que yo iba a irrumpir en el mundo de los vivos y menos aún podía imaginarme que estaría escribiendo parte de la historia de la presencia latinoamericana en los Estados Unidos. Qué mejor marco necesita un artista para encontrarse a sí mismo que la ciudad de Chicago. Logré ponerme el espejo, y al reconocer mi propia naturaleza, ya no me era tan difícil encontrarme, más que dejarme influir, con la espiritualidad de los otros artistas. Ver la espiritualidad de la materia de El Greco o la obsesión del mundo visual y físico en la obra de Albright se convertía en un evento religioso. No te miento si te digo que yo muero con Van Gogh al ver su obsesión por revelar ese paisaje de luz interior. Lo absurdo y teatral de la obra de artistas de la talla de Roger Brown y Ed Paske y su grupo de imaginistas de Chicago fueron bienvenidos en la realización de mi obra. No había manera de hablar de la vida y de nuestra humanidad sino con la escala monumental de Golub, aunque, por razones obvias, desarrolladas de una manera diferente.

Frente a la historia, la importancia de la imagen y esa noción de sustanciabilidad con el medio utilizado es fundamental para mi obra, es religión. Al óleo, lo he convertido en objetos descompuestos y en naturalezas reconstruidas. Con el óleo me convierto en un imitador del viento, así como en un alquimista para crear espejos del alma.

Monografía: Arnaldo Roche Rabell — imagen 4
Arnaldo Roche Rabell. Caído por la gracia divina, 1993. Óleo sobre lienzo. 16.5 x 16.5 cm. Cortesía: Galería George Adams.

F.P. Ahora quisiera que me hablaras de los aspectos propiamente religiosos, en un sentido amplio, de tu trabajo. Y que asocies lo religioso con otros dos conceptos que aparecen frecuentemente en los comentarios acerca de tu pintura: los de surrealismo y expresionismo, éstos desde luego no tomados al pie de la letra como movimientos plásticos de los cuales serías heredero, sino como tendencias generales, modos de sentir y de relacionarse con el mundo.

A.R.R. Debo confesarte que mi conocimiento de las religiones más allá del cristianismo es bastante limitado. Creo que mis sueños y revelaciones se hacen evidentes en mi obra en el marco de los fundamentos de la Iglesia protestante.

Esto tiene que ver con mi historia personal. Desde niño asistí a la iglesia católica. En esa etapa, hasta los catorce años, llegué a tener contacto con algunos rituales "espiritistas", pero luego, en mi adolescencia, fue una experiencia carismática la que dio dirección a mi visión de Dios y de la religión. Luego de este evento, me amparé bajo la Iglesia metodista y sus fundamentos. Aun reconociendo el valor emocional y terapéutico del cual se cargó mi trabajo, la noción protestante de que "ningún rito o misa puede actualizar el sacrificio de Jesucristo" siempre estuvo presente. Algo que describe a los carismáticos es una actitud sencilla y entusiasta para acercarse a su Creador, así como una postura antijerárquica donde no existe necesidad de Santos mediadores o jerarquías humanas para lograr la comunión con Dios y su Espíritu. Este es mi caso.

F.P. ¿Cómo relacionas esta vivencia con tu obra?

A.R.R. Aquel evento que estableció la diferencia en la manera como yo valoraba mi talento y mi vida fue Chicago. Allí fue donde confirmé mi visión de que un nuevo hombre se levantaría, y pude entender la importancia y el uso de mi "talento". Entendí que pintar no es lograr una imagen y pararme frente a Dios con ella en las manos, es darme la vuelta y presentársela a los hombres.

Me siento como un pecador justificado, que por su fe valida los medios que utiliza para su fin secular, la creación de espejos que funcionan por ambos lados. El modelo bajo la tela es como un hombre bañado en óleos (aguas bautismales), y yo, como una voz en el desierto, lo saco a la superficie de esta tela, y nace como hombre nuevo. No creo que haya mejor manera de secularizar y justificar mis acciones, que con estas frases, conceptos y dichos que caen en el reino de lo popular. El Verbo hablado se convierte en medio generador de imágenes.

Como lo veo, mi arte tiene que ver con una religión secularizada. No pretendo ser salvado o redimido frente a Dios gracias a mi arte. Aunque le estoy agradecido, mi obra no es ofrenda a Dios, ni pretendo que cuelgue dentro de un santuario o un templo. Hago estas aclaraciones porque no me considero un artista naif.

F.P. ¿Consideras que tus obras son religiosas más por su fuerza vital que por sus temas?

A.R.R. Las fuerzas de mi conciencia y el fuego que las produce sólo testifican que pienso y existo. Y también reconozco que soy tan sólo una voz entre muchas voces que van testificando que la vida es maravillosa. Si la creación de iconos a través de mi técnica fuera lo más importante, entonces éstos se convertirían en algo tan importante como la matriz de la cual provienen. No creo que éste sea mi caso.

Yo no venero las imágenes que produzco y éstas jamás podrán usurpar la importancia del ser humano y el respeto que tengo por él y su percepción de las cosas. Tratar de establecer una relación entre religión y mi religiosidad podría desviarme un poco de mis verdaderas motivaciones. Más aún, se me haría difícil especular acerca del efecto que tienen mis obras sobre aquellos que se les acerquen. Me basta con reconocer que nunca he querido sino estudiar y procesar mi religiosidad.

El derecho que tengo de vivir la vida y comentarla no termina con mis obras. Ellas se convierten en un diario y en un testimonio de que tomé la libertad de expresarme, perpetuando así el respeto y la pasión que tengo por los demás. Yo quisiera que ellos miraran sin hacerles sentir que quiero convencerlos de que no saben mirar. Quiero con estas "superficies pretenciosas" instarlos a tocar, como Santo Tomás, que se acerquen a este evento, a este milagro en perpetua revelación. Que se identifiquen con mis energías, pues les estoy gritando que he visto, oído y tocado. Que estoy vivo y que el acto de pintar aún tiene el poder de revelar nuestra naturaleza. Quisiera llegar y pertenecer; esto es evidente en mi obsesión con la luz, el color y la textura. La luz sale de la tela, se escarba, se imprime y se suda; se rellena, se abraza y se frota. Se suda, se pinta en el piso, se estira y se vuelve a atacar. Hasta que la tela no aguante más.

F.P. Hablemos de lo real y lo surreal en otro orden, ya no religioso.

A.R.R. Elevar máscaras africanas así como muebles o utensilios de la vida cotidiana a un plano de "arte" es convertirlas en herramienta creativa. Reconozco que son recursos, muchos de ellos, así como lo son los conceptos religiosos, sociales, psicológicos y de orden político frente al poder gestual y bruto que genera mi obra.

Como yo lo entiendo, parte de los fundamentos del surrealismo es la creación de técnicas y metáforas que jueguen y alteren la noción que el espectador tiene de las cosas. Esto implica hacernos dudar de la forma o función de los objetos, y la creación de imágenes de un estado inconsciente a uno consciente, así como, en mi caso, convertir lo que no se ve en una realidad pictórica.

F.P. Y entre esos "objetos" estás tú y está tú autorrepresentación...

A.R.R. En un principio, lo que me motivaba al elaborar los autorretratos

era una búsqueda de formas y maneras de agrandar la percepción de mí mismo y de la vida. Estas son imágenes reconciliadoras con este mundo; consciente y subconsciente son como la manifestación de un sexto sentido, una última realidad

F.P. Volvamos ahora a las dos nociones de surrealismo y expresionismo.

A.R.R. Entiendo que en la medida en que yo vinculo el desarrollo de mi obra al uso de mecanismos y técnicas que me ayudan a crear este propósito, surrealismo es una palabra fundamental para definir mi obra.

Por otro lado, si miro hacia atrás, en cuanto entiendo que la base de mi existencia la motivaban fuerzas primigenias, me veo obligado a ritualizar, a buscar formas que conjuren mi necesidad de hacerme presente, de existir, de ser causa y efecto. En este sentido, expresionismo sería otra palabra para definir mi trabajo.

F.P. ¿Como has mantenido, a lo largo de ya casi veinte años, esa intensidad en tu obra?

A.R.R. La clave está en que un solo género no es suficiente para definir este proceso creativo. Todo comienza con una "necesidad creativa", y ese dilema que tiene todo artista de concepción versus ejecución. Después de identificar la necesidad, sea cual sea, aguanto la energía desarrollada y entro en un proceso de gestación en el cual el tiempo se vuelve un factor determinante para preguntarme cuál es la causa de esa necesidad y sus posibles efectos o resultados. Es ahí cuando entra el factor surrealista: se tiene que racionalizar el subconsciente y buscar una reconciliación, cuando la técnica y el medio del óleo se convierten en base investigativa, cuando busco no ilustrar sino implementar un evento expresionista. Es como ir en círculos: se comienza con una necesidad y se termina con otra. Luego de identificar las fuerzas compulsivas, se analizan para después terminar con un acto avasallador y brutal en el cual el mundo material sufre cambios visuales manifestados en el óleo. Todos estos cambios ocurren bajo estados semiconscientes. Cambios encima de cambios. Cada capa de óleo se convierte en un nivel más de interpretación, donde se añaden nuevos elementos. Este proceso puede ser consumado en varios días o varios meses.

Aunque echo a un lado el collage en el sentido tradicional, mis obras se vuelven montajes pictóricos en los cuales cada elemento humano, animal o material se representa con cierto grado de autonomía. Esto es así debido a la variedad de formas y técnicas utilizadas para lograr que dejen en el óleo las particulares características que los describen. En este sentido, no creo que haya otro ejemplo más noble, elocuente y terrible que mirar la representación que he hecho de mi madre. Siendo ella una mujer sencilla y elegante, hace un acto de humildad y sinceridad colocándose debajo de la tela para convertirse en objeto de arte. Ella nunca me pidió nada a cambio, pero hace diez años, mi única alternativa fue entregarle mi cabeza. Consumado el evento, quedó la presencia física evidenciada sobre la tela, y mi cabeza casi desarticulada y flotante sobre sus hombros. Así la hice grande, así es como celebro la vida creando esta tercera realidad que es de los dos: expresión surreal donde sólo existe el deseo de iluminar el alma. ¿Cuestión de fe?... yo quiero que me creas.

F.P. Te creo, más que por lo que dices, por lo que pintas


FEDERICA PALOMERO

Gerente de pintura y escultura del Museo de Bellas Artes de Caracas e historiadora del arte.

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