Exposición Individualabr 1998 - jun 1998· Por Christine Frérot

Vivian Scheihing

Ruta Correa Gallery

Desafío constante desde hace más de quince años a pesar de su relativo aislamiento geográfico, la Galería Ruta Correa sigue exponiendo una selección de artistas latinoamericanos de calidad, manifestando un eclecticismo inconforme y saludable, dinámico y personal. La reciente exposición de la pintora chilena Vivian Scheihing, artista radicada en Francia hace unos quince años (5a. individual en la Galería), siguió al "one woman show" que presentó Ruta Correa en la última Feria de Frankfurt en mayo pasado.

A través de 25 obras recientes (1996-1997) —telas de grandes y pequeños formatos y obras sobre papel—, Vivian Scheihing demuestra una vez más su capacidad de renovar su concepción del espacio. Pintora marcada por el expresionismo abstracto del cual supo tomar distancia gracias a una fuerte personalidad plástica, Vivian Scheihing trabaja la relación forma/espacio a partir de un esquema conceptual en el cual se puede observar tanto una objetivación del espacio como una espacialización del objeto. Conceptualizar no es para ella abandonar la forma sino reinventar su permanencia.

Exposición Individual: Vivian Scheihing — imagen 1
Vivían Scheihing. Nébula, 1997. Óleo sobre tela. 120 x 120 cm.

Conceptualizar no es tampoco dejar el incentivo pictórico sino dar al color su papel de contrapeso expresivo a la forma. Conceptualizar no es temer crear un vocabulario iconográfico identificable y personal que permite estructurar tanto la construcción del espacio como el sentido intelectual y plástico de la obra.

Por lo general, la obra está construida en la verticalidad. Sin embargo, la pintora privilegia la ruptura y, a veces, un arco, un dintel o un portal simbólicos rompen esa verticalidad y abren planos (lecturas) sucesivos que son las llaves de la entrada a la materialización de su espacio; materialización que se efectúa entonces a través del vacío. Desmaterialización también en esta dimensión metafísica donde se juega la esencia del cuadro. Vivian Scheihing comunica ahí un discurso doloroso e indecible: violencia contra ternura, saudade contra alegría, vida contra muerte. Los iconos utilizados —escala, árbol, montaña, planta— no inducen a una lectura monotemática y monoplástica. Al contrario, una ambivalencia intelectual y emocional responde a su ambivalencia plástica: cruces contra corazones, sus telas son siempre el teatro de una lucha que acaba por ser la del bien y el mal. No quiero decir que sea una obra moral, sino una obra expresiva que busca, en el juego plástico y el sentimiento individual, expresividad y fuerza forjadas por largos años de alejamiento. Su "geometría" podría inscribirse en lo que el crítico brasileño Roberto Pontual felizmente llamó "sensible", haciendo referencia a los abstractos y geométricos del Cono Sur latinoamericano, en oposición a la "geometría fría" de los europeos.

En esas últimas obras, varias telas pequeñas atestiguan acerca de otra compartimentación del espacio. El esquema habitual vertical ha sido sustituido por el horizontal para crear una nueva organización espacial en forma de registro. En este nuevo planteamiento, el espacio sigue siendo la forma y la forma el espacio. La elaboración intelectual como sensible refleja una cierta paz, una apariencia de serenidad. El espacio de la tela no es más un campo de batalla. Su sencillez revela una maduración tranquila en el deseo de construcción y deconstrucción, columna vertebral de su obra, y la lectura es de nuevo tanto plástica como pictórica y conceptual. Varias de estas telas pequeñas son casi monocromas, gracias a una gama de matices articulada alrededor del rojo, que crea un desafío plástico y retiniano: los naranjas, rojos y fucsias instalan una combinación explosiva que alterna con las efigies de las grandes telas ritmadas por sus signos-símbolos, suertes de pictogramas portadores de sensaciones y de ideas.

Obra en cierta medida "caligráfica", si se entiende como una manera de dar vuelta a lo humano en forma elíptica sin nunca (o casi nunca) citarlo o darle forma humana. La obra de Vivian Scheihing, en su propia interrogación constante —la investigación del propio lenguaje de la obra—, supo trascender las vicisitudes ligadas a la (casi) desaparición de la pintura en los últimos quince años. La capacidad del artista de seguir trabajando sobre la pintura misma, sobre los códigos expresivos, el lenguaje intrínseco de la pintura, evitando las trampas de la superficie seductora, hacen que su trabajo se mantenga siempre vivo, dinámico y renovador en su permanencia.

CHRISTINE FRÉROT

Vivian Scheihing, por Christine Frérot | artnexus