The Inside Project

Pascal de Maccariello. Instalación con impresiones a color sobre acrílico. 170 x 50 cm. c/u. Puerto Rico.

Colectivaabr 1998 - jun 1998· Por Marianne De Tolentino

The Inside Project

Universidad de Kassel

Se impone disociar el proyecto Inside de la Documenta X, y darle su propia definición, evitando una confusión frecuente. Ambas manifestacione se celebran al mismo tiempo, en la ciudad de Kassel, y es indudable que la coincidencia de fechas ha sido programada adrede por el grupo de proyecto Stoffwechsel, dependencia de la Universidad, en 1997 al igual que n 1992, año de la Documenta IX. Los dos eventos tienen una convocatoria, una filosofía y un alcance totalmente distintos. La Documenta, que cambia periódicamente a su director, es tal vez el encuentro de arte más anhelado, haciendo invitaciones en su mayoría a artistas de Europa, Estados Unidos y Japón, con una orientación muy particular y voluntariamente restringida. 

Stoffwechsel, concebido y dirigido permanentemente por el catedrático egipcio alemán Hamdi El Hattar, se centra en la preservación de las culturas "minoritarias y agredidas, dentro de expresiones plásticas contemporáneas". Sus invitados, cuidadosamente seleccionados, suelen ser oriundos de América Latina, El Caribe, África y Oriente. El profesor El Hattar es un personaje utópico, controversial y algo misterioso. Comprometido con las expresiones "periféricas", empecinado en conseguirles un espacio en Alemania, su departamento universitario cumple una especie de misión cultural, en convivencias artísticas, probablemente las únicas que se abren al Sur en la Europa norteña.

Las llamadas grandes figuras del arte ni están ni interesan a la organización universitaria. 

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Paul Pfarr. Detalle de instalación con hojillas punzantes de hierro y estructura de metal. Alemania.

Ahora bien, esta convocatoria, denominada Inside —Innenseite, en alemán—, no se dirigía como las anteriores a regiones precisas, generalmente no incluidas en la Documenta y en otras magnas confrontaciones "eurocentristas" de arte. El director del proyecto invitó a artistas de todos los continentes y niveles de desarrollo socioeconómico, con la condición de que presentasen sus "interiores", sus inspiraciones culturales auténticas y profundas, sean ellas tradiciones vernáculas, crisis sufridas o problemas a vencer. Con base en esos principios, se realizó la selección nacional y personal. La categoría plástica solicitada —salvo raras excepciones como las pinturas de los aborígenes australianos— fue la instalación, considerada por El Hattar el medio de expresión más idóneo para transmitir estéticas y mensajes. Las obras fueron colocadas al aire libre y en salas de un edificio universitario, en la misma ciudad de Kassel. Posteriormente, viajaron a la cercana Gotinga y tal vez lleguen el próximo año hasta Toulouse en Francia.

La mayoría de las instalaciones, siendo la pintura en Inside una expresión minoritaria, nos parecieron satisfactorias, varias hermosas y refinadas. Y expresaban ciertamente esa sinceridad "interior" que persigue Inside. No obstante, muchas se volcaban hacia cualidades de seducción e impacto formal, espacial y/o cromática, otras agregaban elementos folclóricos, rituales o tradicionales. La reflexión profunda, el cuestionamiento, el "encuentro con los otros" (parafraseando el título de la convocatoria de 1992) no se leían a menudo, con la excepción de países enfrentados con la guerra y sufrimientos atroces como Bosnia.

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Heri Dono. Instalación con maniquí, objetos del teatro chino y conexión eléctrica. Dimensiones variables. Indonesia

En este último caso, el negro, el caos, el grito, los brochazos expresionistas, los motivos, eran verdaderamente estremecedores, reflejando la desesperación y las angustias de los bosnios. Mencionaremos la iconografía trágica y "sangrienta" de Alma Suljevic, los signos del desorden y el dolor de Nusret Pasic, el desamparo de las aves y los testigos en Fikret Libovac, el cuarto oscuro con sus videos bélicos de Dejan Vekic. Reinaba el anonimato cultural, pero eran una memoria de los hechos, a través de la obra de arte

Lectura que todo espectador ha de aprovechar también como advertencia.

Sorprendentemente violenta, abanderada de la causa de otros, fue la instalación/performance del francés Serge Pey, Altar de tomates para indios de Chiapas con sus frutas golpeadas, destruidas, reducidas a añicos, puré rojizo y maloliente en el piso. Algo pasa en Francia: fue uno de los pocos países, cuestionando y custionándose, hasta de manera desagradable. La pieza primitivista y excremental del artista francés, evidentemente iconoclasta, Rolino Gaspari, una vecindad olfativamente molestosa para nuestra Belkis Ramírez. 

La estética predominaba en las obras de Italia y Alemania. Lúdica y humorística era la obra del Italiano Di Cocco, con sus peces "animados" y tiburones, enfilando sus dientes hacia diminutos dibujos de templos antiguos. Muy impresionante era la estructura gigante en plástico verdoso del alemán Oefelein, con un acercamiento muy inteligente de cintas adhesivas, que parecían brotes de luces centelleantes. Algo además surrealista, fascinante y poético, que contrastaba con el amenazador y cortante campo de guadañas de Paul Pfarr.

Cabe hacer una mención especial de la sueca Stina Opitz, con sus trajes de mujer, a los que algunos motores hacían subir, bajar, girar alocadamente, y, en ese último caso, salpicando la pared con pintura. Era el encuentro entre viejos y nuevos mitos.

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Aris Prodomis. Instalación con monitores de televisión y pintura acrílica en proceso de elaboración, 1997. Dimensio­nes variables. Grecia.

Finalizamos el recorrido europeo, con Grecia. Una primera instalación de 108 casitas de azúcar y cajitas de música, por Nikos Tranos, colgaba del techo, y la suma melódica se volvía una cacofonía torturante. A la vez ritual y desacralizante, era la magnífica instalación de Aris Prodomidis, recinto "religioso", círculo azul pacientemente elaborado, ambientado con un incienso penetrante, donde pantallas de video proponían un erotismo femenino, probablemente muy distinto a la condición postergada de la mujer griega tradicional. 

Con una curaduría local, pero sometidos luego a la aprobación del director del proyecto, fueron seleccionados los artistas dominicanos Tony Capellán, Pascal Meccariello, Jorge Pineda, Belkis Ramírez y Fernando Varela. Los cinco habían previsto exponer, en un parque, sus instalaciones, obras individuales que conformaban un conjunto, la Ciudad dormida, meditaciones tridimensionales sobre la vida y la muerte. Pudieron llegar solamente cuatro días antes de la inauguración oficial, la entrega de los materiales se retrasó, la plaza carecía de conexiones eléctricas. Salvo Fernando Varela, que ejecutó la parte principal de su obra en Santo Domingo, los otros artistas debieron construir nuevas instalaciones en tres días. No hubo instalación colectiva en el exterior, sino cinco piezas individuales, colocándose las de Capellán, Meccariello, Pineda y Ramírez en espacios interiores separados, la de Fernando Varela se colocó, en área verde, en la entrada del edificio universitario.

Las obras dominicanas mostraban unanimidad en su fuerza expresiva, figurando entre las instalaciones que comunicaban mensajes sociales y no confundían identidad con folclorismo. Se referian a asuntos locales pero que resultaban también cruciales a nivel mundial. Por ejemplo, los abusos y la violencia en contra de adolescentes, en Pineda y Capellán, y a nivel general en Meccariello; la condición de la mujer, en Belkis Ramírez; los dilemas de la muerte y la vida postmortem en Varela.

Entre los latinoamericanos, Manuel Cholongo, de Ecuador, sorprendió con sus construcciones de atriles, que cargaban libros abiertos y quemados en el centro. Ese artista comprometido —y considerado rebelde— cuestionaba así los reiterados atentados a las artes, la literatura y la cultura en general. Néstor Otero, de Puerto Rico, que en la Bienal de São Paulo presentó una de las mejores instalaciones y ganó premio en la II Bienal del Caribe, trabajó, con materiales pobres, con base en hábitat y memoria; mientras la representación de Cuba no correspondió a las expectativas.

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Néstor Otero. Instalación con heno, tierra y papel, 1997. Dimensiones variables. Puerto Rico.

De los instaladores orientales, una obra que causó impacto fue la de Heri Dono, artista indonesio que utilizó marionetas y máscaras populares tradicionales para elaborar un ambiente contemporáneo. Como suele suceder, la representación del Japón —que por cierto había patrocinado parcialmente Inside a través de la Fundación Japón— fue abundante, con varios aciertos, como las barras de hierro de Mamoru Abe, la inesperada confrontación vertical/horizontal, constructivista, de Koichi Ebizuka, los perturbadores gusanos gigantes de Gaho Taniguchi, y sobre todo la extraordinaria construcción espiral en madera y ladrillos, concebida por Takamasa Kuniyasu, que erigió aquel insólito monumento, muy identificado con la cultura japonesa, en el parque de la Universidad. Nueve personas trabajaron sin descanso, durante casi un mes, pero alcanzaron, con esa alegoría del tiempo, los mayores efectos y dimensiones en todo Inside.

Australia fue el país de convocatoria más numerosa. Desconocemos la razón de esa afluencia, tal vez proporcional a la superficie de un cuasi continente. Se propuso allí un diálogo entre dos culturas. La "primer mundista", occidental —pese a la situación geográfica—y universalista se expresó con instalaciones variadas, ingeniosas, bien ejecutadas —así, las piedras "aladas" de John Turier y Nicola Hensel—, pero de escaso mensaje y significado - aun el impresionante y hermoso despliegue de campanas, ocupando parte del sótano, de Nigel Helyer.

Las pinturas de artistas aborígenes australianos vinieron sobre tela, material "moderno" y masificador para un mercado creciente, mientras originalmente se realizaban en arenas de color. Bellísimos diseños, líneas y estructuras, gamas de colores y tonos amortiguados recordaban la tierra, aparte de que una dominante topografía marcaba la morfología de las pinturas. Eran a veces paisajes, casi ideogramas paisajísticos, pues hay algo escriptural en muchas obras: todavía el artista se encuentra muy cerca de la naturaleza.

Las pinturas surgían del anonimato, de artistas de los cuales no sabemos nada, ni de su producción pasada ni de la presente, tienen nombres muy complicados, mezclándose lo indígena con lo anglófono. Pero el apellido más contundente, tal vez un apodo de artista, era Helicopter.

Con excepción de los artistas aborígenes y de contados pintores de Kassel, exhibidos en la fábrica, las instalaciones conformaron la parte sobresaliente de Inside.

Indudablemente, el profesor Hamdi El Hattar posee una personalidad fuera de lo común. Lo que hacen él y sus colaboradores en Kassel por "los otros", por las culturas y las expresiones llamadas "periféricas" o simplemente marginadas, tiene un inmenso y maravilloso valor. En la época tecnológica y globalizante, pueden existir todavía individualidades y utopías triunfantes.

MARIANNE DE TOLENTINO

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