En abril de 1974, el crítico Roberto Guevara escribió que nuestras artes plásticas carecían de promoción, de divulgación, de análisis y, en consecuencia, sucedía que los movimientos artísticos quedaban "enterrados en el olvido". Concepto similar expresaría Luis Pérez Oramas, en noviembre de 1996, cuando señaló la lacunaria escritura de nuestra historia de las artes visuales. Efectivamente, las ausencias, las omisiones, los descuidos, la falta de estudios sistemáticos, profundos y académicos caracterizan los anales, la investigación de las artes en Venezuela. Y en este sentido, el aporte de la Galería de Arte Nacional ha sido nulo al término de veinte años.
Un movimiento artístico de significación en el devenir de las artes en Venezuela fue el denominado Taller Libre de Arte, vigente entre 1948 y 1952. Su año de apertura fue importantísimo para la cultura venezolana. Para resumir, diremos que para la fecha asumió la presidencia de la República el novelista Rómulo Gallegos; tuvo lugar un debate entre partidarios del realismo y las nuevas tendencias, en las voces de Miguel Otero Silva, Miguel Arroyo, Mateo Manaure y César Rengifo; se celebró la exposición de fotografías de Alfredo Boulton; aparecía la revista Contrapunto; Enrique Planchar publicaba un ensayo sobre la pintura en Venezuela; moría Antonio Edmundo Monsanto, célebre director de la Escuela de Artes, lo que generó discontinuidad en dicha institución; se presentaba la pintura de Feliciano Carvallo, en el género popular o naïf; se fundó el Taller Libre de Arte y, ya en 1949, tuvo lugar una exposición hito, Cafeteras, de Alejandro Otero.

En el Taller Libre de Arte estaban los estudiantes y recién graduados de la Escuela de Arte. La necesidad de un lugar para el encuentro cotidiano entre artistas, de una sala de exposición y de un espacio para la Investigación artística serían los perfiles que les llevaron a agruparse.
Frente a la educación impartida en la Escuela de Monsanto, el Taller Libre ensayaba superar la lección de Cézanne para acercarse a Picasso y acceder así a otros planteamientos del arte moderno. De allí su ruptura con la tradición paisajista de Caracas, representada por la generación de Monsanto y Cabré, pero también ante el arte social y de acento mexicano de Poleo y Rengifo, así como su admiración por la obra de Alejandro Otero, a quien hoy valoramos como pionero de la abstracción latinoamericana, y la atención que prestaban a Alejo Carpentier, desde 1945 residenciado en Caracas, y que si bien no escribió en su columna de prensa sobre estos jóvenes, sí se tuteaba con ellos, quienes leían su libro El reino de este mundo y tomaban fundamentos para una obra como la de Mario Abreu.

Aunque la primera actividad del Taller Libre de Arte fue una exposición de Manaure, los pintores que integraron esa camarilla fueron Alirio Oramas, Oswaldo Vigas, Mario Abreu, Régulo Pérez, Marius Sznajderman y Humberto Jaimes Sánchez, entre quienes alcanzaron trayectorias de mérito como artistas. Otros miembros tomaron el camino de la crítica de arte, como es el caso de Perán Erminy o Francisco Da Antonio (actual director del Museo Arturo Michelena); el periodismo, en la persona de Sergio Antillano, o la escritura, donde se destacó Oswaldo Trejo.
El Taller Libre de Arte publicó una revista del mismo nombre; tuvieron una relación franca con Reveron; indagaron en la pintura popular, presentando auténticos artistas, tales como Federico Sandoval, Lourdes Armas, Víctor Millan y, especialmente, Feliciano Carvallo. Hacían exposiciones regulares e invitaban a artistas de otras promociones, pero cercanos a ellos, tales como Zapata, Pascual Navarro, Víctor Valera, Otero y, en las tendencias del realismo, Rengifo, Pedro León Castro o Carlos Cruz-Diez. En el momento preciso rindió homenaje al maestro José Clemente Orozco, y exhibió seis grabados de Picasso (ambos en 1949).Tales exposiciones eran comentadas en la prensa por el escritor Guillermo Meneses (tanto la de Carvallo como la de Sznajderman) y por Sergio Antillano, su vocero por excelencia. Otro acto de importancia en la trayectoria del Taller fue la individual de Soto, en 1950, antes de su viaje a París.

El Taller Libre de Arte aportará algunas obras de interés, de trascendencia para la cultura visual venezolana: las de Mario Abreu, Oswaldo Vigas, Alirio Oramas y Feliciano Carvallo.
Taller Libre de Arte es una exposición original de la investigadora Lía Caraballo T., quien hace un estudio de calidad, tanto del movimiento artístico como de la época. Se reunieron más de cien obras correspondientes al período y, en una serie de vitrinas, incluía documentos, fotografías, catálogos y periódicos de aquel tiempo. Se editó, asimismo, un catálogo muy completo sobre la materia. Con esta exposición el joven museo llamado Jacobo Borges prueba su capacidad para asumir grandes retos de investigación y museografía.
JUAN CARLOS PALENZUELA

