Una importante selección de fotografías de Roberto Fontana fue expuesta recientemente en el Museo de Bellas Artes de Caracas. Esta muestra permitió que el público conociera algunas obras significativas de este importante fotógrafo, prematuramente fallecido, asÍ como mostrar imágenes inéditas de su amplia producción.
La exposición está dividida según las series que Fontana realizó: El tigre (1979), que constituye su primer trabajo maduro, realizado con la intención de ilustrar el cuento El Tigre-Oficina No.1, de Alfredo Armas Alfonzo; Anare (1980), una de sus series más conmovedoras y que lo consagra, cuyo origen se remonta a un trabajo que Fontana realizó para la película Pandora de Ana Henriquez; Venecia, la noche (1982) en la que "retrata la cara oscura de Venecia", imágenes fuertes y a la vez hermosas de la nocturnidad de Venecia, y tres series inéditas, Belluno (s/f), imágenes de paisajes nevados, solitarios; Animitas, producto de los viajes que realizó desde 1979 por el interior del país, y que constituye su "archivo de imágenes venezolanas" sobre monumentos funerarios. Finalmente, Autorretratos, fotografías tomadas a lo largo de su experiencia en Venezuela y en Venecia, en las que, de algún modo, el artista está presente.

De la observación de estas fotografías puede percibirse la franca y sensible relación que mantenía Fontana con el mundo. De algún modo, con estas fotografías hablaba de sí mismo. Por medio del manejo de la luz, la escogencia de los motivos fotografiados, sus puntos de vista y la composición, se respiran diversos estados anímicos. Fontana conoció la soledad, así como la risa carnavalesca y estridente. Todo ello conformaba su intimidad. Y es que en estas imágenes, la luz, la oscuridad, la transparencia, constituyen su realidad. Decía Fontana: "Lo más bello cuando hago fotografía es aprender a conocer la luz". Ésta es crucial para captar el clima imperante en las diversas situaciones que su cámara registra. Y tales efectos los acentuaba en las copias que realizaba en el laboratorio. Fontana era un excelente copista. Aprovechaba la ocasión para crear efectos de luz y de sombra otorgando mayor poetización a la imagen. La mayor parte de las copias de la exposición fueron hechas por él mismo, con excepción de las series inéditas que fueron muy bien copiadas por Franca Donda.
Del conjunto presentado se concluye que la muerte como tema o como clima se halla de algún modo siempre presente. Es patente en Animitas, imágenes de tumbas, pero también en la soledad y cierta desolación de algunos paisajes (Belluno, por ejemplo). "Dicen que hay mucha soledad en mi fotografía, pero las fotos no están solas. Tal vez es la soledad mía". Soledad patente en algunas escenas perversamente festivas en Venecia o, en noches enajenadas de los locos del hospital psiquiátrico de Anare. Su fotografía, de algún modo, se lee como un diario íntimo. Es otra manera de extraer luz en medio de la oscuridad. Tal vez sea esto lo que acentúa esa atmósfera poéticamente densa imposible de sustraer en la apreciación de estas obras. Con la fotografía, Fontana aprisionó el tiempo y no olvidó jamás su propia historia.
SUSANA BENKO
