Para conmemorar los sesenta años de la vida del maestro Omar Rayo (Roldanillo, 1928) y celebrar el decimoséptimo aniversario de la fundación del Museo que lleva su nombre en la población de Roldanillo, se inauguró una muy completa exhibición retrospectiva de trabajos que incluía caricaturas, pintura, escultura, dibujos y obra gráfica, producidos desde 1948.
Omar Rayo es un artista autodidacto que logró su formación a través de los viajes y con la experiencia directa de los lugares, el arte y sus artistas. Inicia su carrera como caricaturista, aportando a esta modalidad un rigor geométrico y un suspicaz sentido para revelar el personaje. Por su ojo pasaron las grandes personalidades de la política y de la cultura hacia finales de la década del cuarenta. En los primeros cuatro años de la década del cincuenta, su producción de dibujos va en busca de un nuevo estilo donde la evocación simbólica, la estilización de la forma y la proyección en espacios metafísicos busca causar sensaciones emocionales en el espectador. Rayo, indudablemente influido por el arte surrealista, alarga sus figuras y las relaciona con elementos de la naturaleza vegetal. Este momento de su trabajo se conoce como el bejuquismo, que comprende obras realizadas desde 1950 hasta 1954. Caricaturas y dibujos bejuquistas están muy bien representados en esta exhibición antológica.

A partir de 1954, Omar Rayo emprende un largo recorrido por América del Sur, que lo lleva por la mayoría de países andinos y la zona austral, incluyendo Brasil. Este viaje de intensas experiencias transforma el arte de Rayo, quien produce por espacio de cuatro años obras en tintas que anuncian sus posteriores bestiarios. Animales geometrizados y con un abierto ánimo constructivista y geométrico se dejan ver entre ramas de árboles y hojas. Un diseño rotundo y cuidado y una coloración parca y contenida caracterizan esta serie donde Rayo comienza a vislumbrar los argumentos que hoy le son característicos. En la caricatura, en ciertas obras bejuquistas y en esta producción suramericana Rayo manifiesta opiniones humorísticas, un elemento que lo va a acompañar a lo largo de su carrera.
En 1958 inicia su gran labor de grabador, al comienzo con las técnicas clásicas del metal: aguatinta, puntaseca y aguafuerte. Van apareciendo imágenes figurativas tratadas desde el rigor de lo racional. Rayo se desplaza a México, un país que ya era un lugar de peregrinación artística para poetas, intelectuales y artistas desde la década del treinta. México y el muralismo habían generado la organización ejemplar para el arte continental. Rayo llega al final de la producción muralística, y al comienzo de otra generación encabezada por Rufino Tamayo y José Luis Cuevas.
En los años sesenta, Rayo consigue consolidar su obra de grabador y pintor, y de México pasa a Nueva York. Allí va a producir grabados en metal, usando papel grueso de acuarela y realizando relieves valiéndose de la plancha. Estas obras muy personales, rotundas y elegantes se conocerán como intaglios. Recogen un repertorio de cosas cotidianas: pantalones, correas, cierres, tijeras, botones que relacionan su producción y su mirada con el pop-art que fue uno de los movimientos típicos de ese período. La serie de intaglios se ha prolongado por décadas con eficacia y pulcritud, en cada nuevo período de la pintura parece producirse una serie de estos grabados en relieve, totalmente blancos o con colores, y algunos objetos adhesivos. Valdría la pena recordar las series Fémina (1959-1966), Erótica (1962-1969), Papel herido (1963-1978), Obra negra (1960-1980), Tubulados y cilindros (1985), Origamis y nudobilias (1973-1977), Flecha sin blanco (1966-1980), entre otras.
En las décadas del sesenta y setenta la pintura de Rayo se vuelve geométrica e ilusionista. Elige el acrílico sobre lienzo para su producción y cintas en blanco y negro con color para hacer representaciones que engañan la retina. La producción de Rayo se vincula al arte óptico mediante una técnica pulcra y minuciosa que daba como resultado imágenes sugestivas que intrigan la mirada.
La propuesta geométrica de Rayo está muy ejemplificada en la exhibición. Incluye lienzos de distintas décadas hasta el momento actual, donde usa el blanco y negro sombreados y elementos rojos que aparecen como contrapunto. Esta exhibición de más de 160 obras, desde la caricatura hasta la última serie de pinturas en acrílico, Embrión de dragón, de 1997 y 1998, es la más grande y completa muestra de su obra hasta el presente. Un gran profesionalismo, la propuesta de una imagen inconfundible y la insistencia en un racionalismo sugestivo van unificando su intensa carrera.
MIGUEL GONZÁLEZ
