Exposición Individualabr 1998 - jun 1998· Por Alberto Collazo

Matilde Marín

Centro Cultural Borges

Al recorrer las obras que presenta Matilde Marín en el Centro Cultural Borges, observamos que el conjunto presentado conforma una verdadera instalación, y encontramos en su propuesta una invitación al goce estético y a la reflexión.

Desde el título con el cual presenta estos trabajos, La tierra prometida, encierra un amplio espectro de sugerencias que remiten a los mitos o creencias de antiguas culturas o a las formulaciones utópicas del presente; también podemos entrever una tercera variante que las incluiría a ambas y que tiene como protagonista al hombre, del que se intenta encontrar el sentido de su existencia, teniendo en cuenta un recorrido temporal en el que lo humano en tanto conciencia existencial del hombre es una cuestión de reflexión permanente. En otro sentido, despierta nuestro interés ya que el conjunto de obras que presenta nos brinda otras facetas de su actividad creadora, al integrar conceptualmente diferentes lenguajes y técnicas plásticas, por lo cual tenemos que ver estos trabajos en el contexto de su extensa producción.

Exposición Individual: Matilde Marín — imagen 1
Matilde Marín. La tierra prometida, 1997. Instalación-fragmento. Dimensiones variables. Cortesía: Centro Cultural Borges.

Se debe recordar, por un lado, su bien ganado prestigio como grabadora, técnica que ha desarrollado no sólo en su aspecto tradicional y académico sino transgrediendo lo ya establecido en lo que tiene que ver con las innovaciones técnicas en el arte de reproducir, o en la utilización de los soportes no convencionales.

Las puertas que se abren a partir de estas innovaciones la llevan a avanzar en una tridimensión en la que se mezclan otras técnicas ya que, en los objetos que produce, el espacio y el volumen adquieren significación propia en la instrumentación de su lenguaje plástico, si bien no se queda en el mero juego formal al incorporarle un contenido que lo justifica. Es así como integra al uso del papel, y de los diferentes procedimientos de la estampado, el metal, la madera, el mármol y la cerámica.

La armoniosa conjunción entre forma y contenido nos habla de la madurez alcanzada por Matilde Marín, y queda reflejada en el mundo de formas que recorren las paredes y el piso; estos trabajos tienen como soporte principal al papel, materia de frágil existencia, sobre la que la acción del fuego ha dejado su impronta, a la que se suma, en algunos casos, el fotograbado, estableciendo un contrapunto entre lo natural y lo elaborado. Relación que quizás se pueda extender a otro contrapunto polar, como es lo racional y lo subjetivo, actitud que campea en toda su obra.

El grupo de rollos de papel quemado, sobre el piso, tiene una presencia espacial que tiene que ver con una escala humana, la que a su vez transmite la calidez del material; las huellas del fuego nos atraen como Señales que nos sugieren El camino que nos conduce a la Tierra prometida. El protagonista es el hombre y la propuesta de Matilde Marín es también una sugerencia para iniciar el camino de la reflexión.

Las obras que se integran como un damero subrayan en el plano el juego entre la estampa y la matriz que lo genera, el diálogo permanente entre lo dado y lo hecho, a lo que integra con rol protagónico la imagen del hombre, existencia consciente que asume la ambigüedad y la contradicción.

ALBERTO COLLAZO

Matilde Marín, por Alberto Collazo | artnexus