Con el aumento de las exposiciones de Marta María Pérez Bravo en los Estados Unidos, encontramos que su obra frecuentemente está siendo comparada con la de Cindy Sherman. Aunque las dos artistas hacen fotografías en las cuales ellas están presentes (aunque transformadas), ésta es una comparación limitada en muchos aspectos y no muy apropiada. Un poco más análogas serían las Siluetas de Ana Mendieta, tales como las que aparecen en su obra Tree of Life Series. Mientras Mendieta utiliza la fotografía de una manera documental más sencilla, tanto ella como Pérez Bravo se han comprometido con el arte que emplea sus cuerpos como los medios para expresar o comunicar diversos principios de la santería.

La última exposición de Pérez Bravo se tituló Echú, nombre que evoca a la deidad de la santería que corresponde al Destino. Así como el Destino se manifiesta en formas y características diferentes, del mismo modo, Pérez Bravo lo hace en estas fotografías. Muchas de ellas poseen una característica monumental, a pesar de su frecuente escala íntima y su suavidad. Utilizando una estética casi granulada de bajo contraste, Pérez Bravo evoca formas vagas que parece que fueran a desvanecerse en algún momento. La figura está siempre en el centro del campo de la fotografía, y como en una pintura cubista o en un retrato fotográfico antiguo, la imagen se desvanece hasta desaparecer alrededor de los bordes. La falta de un entorno concreto o de un referente temporal crea una característica intemporal e incorpórea apropiada para las deidades y personificaciones abstractas que ella busca conjurar.
A pesar de la falta de materialización de las formas, existe, sin embargo, una franca concreción de estas imágenes, que ayuda a cimentarlas y a hacerlas reales. Cuando Pérez Bravo se muestra con pequeñas y blancas palomas por todo su cabello, la característica poética de la imagen está, de alguna manera, en competencia con la ineludible imitación de las aves; al igual que las coronas, fetiches y otras ofrendas utilizadas en el altar, que adornan su cuerpo y colman estas pinturas, las palomas sugieren algo sobrenatural y glorioso, a la vez que se muestran desesperadamente mundanas. Esta característica popular de los objetos, elaborados a mano, nos recuerda que Pérez Bravo está evocando una religión de la gente común y corriente, y que debido a todas las características esotéricas, estas fotografías conservan sus raíces terrenales.
Con Echú, Pérez Bravo ofrece una obra que no tiene ni la ironía calculada de una Cindy Sherman, ni la cruda confrontación de Ana Mendieta. Sin embargo, estas obras logran conservar gran parte de la energía de sus proyectos iniciales, como sus series Conceive. Al mismo tiempo, es evidente que si no es cuidadosa, su arte puede perderse en el éter ritual que ha puesto de manifiesto.
JOHN ANGELINE
