En noviembre de 1997, la Galería El Museo expuso la obra reciente del artista colombiano Luis Fernando Roldán. Caleño, nacido en 1955, arquitecto de profesión y pintor por convicción, Luis Fernando Roldán asume, desde muy temprano en su vida, un fuerte y serio compromiso con el acto creador. Es entonces cuando la pintura se convierte en una especie de motor vital donde confluyen diferentes aspectos de su cotidianidad.
La obra de Roldán ha sido un proceso en continuo crecimiento y cambio, lo cual enriquece el bagaje creador de manera definitiva, ligado, claro está, a una manera especial de percibir los diferentes aspectos que rodean su existencia. Es por esto que en su obra se refleja una constante búsqueda no sólo de la pintura como tal sino también de la vida y de todo lo que ésta implica. La seriedad al asumir un papel creativo ha hecho que Roldán se destaque no sólo a nivel nacional sino internacional y que ocupe un importante puesto dentro del panorama artístico colombiano de finales de siglo, donde al parecer la pintura se ha transportado a planos menos importantes de los que solía ocupar. La obra de Roldán reivindica el papel trascendente de la pintura dentro del panorama artístico.

Resulta interesante cómo la abstracción, en este caso, es un elemento evocador. Su obra Calendario, ganadora del XXXVI Salón Nacional de Artistas es una evocación del tiempo, del paso de éste y de los diferentes estragos que causa. Lo cual resulta ser una constante en su trabajo, pues definitivamente la combinación del manejo de texturas, de pinceladas mezcladas e interrumpidas de manera acertada por la utilización de la espátula logra comunicación entre el público y la obra. En general, el trabajo matérico implica cierto compromiso pues transporta al espectador a otros momentos importantes dentro de la historia del arte, como el expresionismo abstracto o el action painting dentro del cual se destacan los trabajos del norteamericano Jackson Pollock, siendo Roldán mucho más controlado en la técnica. Su obra recuerda el movimiento gestual de la mano del artista al pintar, la energía utilizada y el formato que esta actitud exigía, entre otras cosas. Pero Roldán viaja aún más atrás que el dripping en la historia del arte para hallar como interesante referencia los cuadros del mismo Andrés de Santamaría, que observados detenidamente nos revelan una buena cantidad de capas pictóricas, una sobre otra, y cuyo manejo del color es retomado hoy en día por este artista con algo de nostalgia en su crear. Viajar por la historia plástica de todos modos, como he escrito antes, es algo que resulta evocador.
En esta exposición, al público le fue posible observar que Roldán continúa experimentando con la abstracción sin entrar en la geometría ni en la rigidez que por lo general implica. Esta abstracción es fruto de la observación y de su posterior reinterpretación. Su obra la seguimos entendiendo como una serie de planos sobre los cuales el artista ha trabajado distintas atmósferas y ha utilizado el color de manera expresiva. Cada capa evidencia la dosis de trabajo requerida para alcanzar el resultado colgado en la pared. Con estas capas matéricas que parten de los colores primarios más el negro y el blanco, ha creado texturas que hablan de la importancia del sentido táctil. Realiza experimentos que son novedosos aun utilizando materiales tradicionales; al observar detenidamente cada cuadro, es posible viajar por el proceso de elaboración, ya que cada capa pictórica permite ver la anterior, que bien puede ser del mismo color pero con tonalidad diferente, o de uno muy distinto. Esta obra plástica se apoya constantemente en el dibujo a lápiz como algo absolutamente necesario para pintar. El lenguaje en ambos casos va por el mismo camino, y más que expresar las cosas de un modo distinto, lo uno sirve como apoyo de lo otro, sin perder la unidad en los variados aspectos que conforman su trabajo. En ambos casos (pintura y dibujo) la combinación de los colores con las texturas y finalmente con el trazo sugieren su particular manera de interiorizar el mundo y la cultura colombiana. La obra se lee en este caso como un acto creador que genera placer y éste radica justamente en la posibilidad de observar las cosas y de interpretarlas por medio de un lenguaje que lleva al gozo.
Luis Roldán crea una obra pictórica de gran riqueza formal y conceptual que ejemplifica bien el camino serio que parte de la pintura colombiana ha decidido tomar, oponiéndose a aquellas tendencias contemporáneas que niegan el papel fundamental de la pintura dentro de la plástica. Los cuadros de Roldán son contemporáneos, reflejo del momento por el cual el país atraviesa, atestiguan una realidad dentro de la tradición que en Colombia se inicia con la abstracción trabajada por ejemplo por Manuel Hernández, son atractivos para el observador, invitan a una profunda observación porque sólo así se revelan los profundos secretos que esconde la pintura, y ya en particular, cada una de las obra de Luis Roldán.
MARCELA MEDINA
