La Galería Emma Molina, de Monterrey, presenta como exhibición inaugural la obra en papel de Humberto Spíndola (Cd. de México, 1950). Spíndola exhibe cuatro series con un total de 65 obras. La primera serie comprende piezas de caballete de papel picado y cartones en composiciones de fuerte tradición popular mexicana. En segundo lugar, colocadas en pedestales con capelo, están pequeñas esculturas, en estuche, que por su contenido y formato nos remontan a las culturas orientales con sus ritos de contemplación. Una tercera serie consta de su obra más reciente, de lenguaje muy contemporáneo y universal, economía de elementos y el papel como protagonista principal. Y la cuarta, cuadros en coautoría con Antonieta Figueroa, de línea geométrica y figuras inacabadas con papeles metálicos.
El papel, tradición antigua en diversas culturas del mundo, se une así en diversas expresiones y usos que Spíndola imprime en sus obras en donde el soporte son cajas de madera que sostienen los papeles que conviven como algunos elementos de ornamentación, que incluyen hoja de oro, metales de óxido, papeles caseros, de china y metálicos en figuras que van desde la utilería de la cocina hasta la figura humana, sin rostro y vestidos plegados.

En esta ocasión Spíndola presenta dos cuadros de gran formato (1,74 m x 2,30 m) con figuras equinas, caballos con adornos etruscos de hoja de oro sobre papeles en tonos ocres y terrosos originarlos de la India. Allí la tradición mexicana del papel picado de colores vivos desaparece para trasladarnos a las culturas orientales con los grises, blancos y ocres.
En estos cuadros, que no rebasan en general los 50 centímetros por 30 o 40 de altura, Spíndola utiliza también papeles japoneses pintados con pigmentos naturales. Los libros, como él los llama, o esculturas portátiles, las presenta en pequeños estuches de 50 por 30 centímetros, que al abrirse elevan en volumen, delicados papeles con recortes miniatura que forman elaborados encajes de ricas texturas, delimitados en ocasiones por incrustaciones de hoja de oro de 24 quilates, hoja de plata y sombras ocres con pigmentos también naturales.
Otra parte de la exhibición son siete cuadros en coautoría con Antonieta Figueroa. En estas piezas recrean motivos muy mexicanos, de colores vivos, papel de china picado y papeles metálicos formando figuras geométricas, inacabadas, de una copa plateada, flores y otros elementos como espigas que nos darían una idea de consagración.
El artista, quien ha sido un estudioso de las tradiciones populares del uso del papel en México, demuestra en esta exhibición una definitiva evolución. Pasa por la etapa puramente inspirada en las tradiciones mexicanas con papeles de colores, tonos vivos y figuras de la parafernalia popular. Más tarde, con los caballos, vemos una transición hacia las culturas orientales, menos elementos y el uso del oro y los adornos más sobrios. En el caso de las esculturas portátiles observamos, también, en lo que fuera parte de la transición, evocaciones muy orientales.
Finalmente, llegamos hasta sus últimas obras y la depuración de elementos que llega casi a eliminar los complicados adornos en las piezas para alcanzar un lenguaje muy actual en donde el papel es el principal protagonista. En estas piezas fechadas en 1997, el papel, con sus texturas y reflejos naturales, obtiene un discurso plástico abstracto.
NORMA GARZA
