Exposición Individualabr 1998 - jun 1998· Por Christine Frérot

Humberto Castro

Galerie Le Monde de I'Art

Humberto Castro pertenece a esta joven generación de artistas cubanos que salieron de Cuba hace una decena de años para establecerse en México, Europa y Estados Unidos. Su más reciente muestra acaba de presentarse en París. Fundada en 1991, Le Monde de l’Art es una galería dedicada a la difusión de artistas no europeos, en la cual los latinoamericanos han ocupado un lugar de predilección (individuales de Moisés Finalé, Yolanda Gutiérrez, Manuel Mendive, Eugenio Olizabal, Carlos Capelán y Daniel Senise).

Concebida como una pequeña retrospectiva, la exposición reunía varias obras (telas y dibujos) realizadas entre 1990 y 1997. Artista expresionista involucrado en el movimiento artístico de los ochenta —formulador en Cuba de una crítica social y política a través de expresiones iconoclastas—, Humberto Castro ha escogido París a pesar del aislamiento que significa instalarse en la capital francesa: lejos de su comunidad referencial cultural y de su lengua, en ruptura con un público potencial latinoamericano.

Exposición Individual: Humberto Castro — imagen 1
Humberto Castro. Perdidos en el laberinto, 1993. Óleo sobre tela, 160 x 150 cm.

Si la figura humana sigue al centro de la obra, como símbolo de la preocupación tanto íntima como universal del artista, ya no es una representación de tipo expresionista, algo agresiva, propia de sus obras de principios de los años noventa, sino a través de una suavización y una matización de la forma y del valor pictórico. Dar un sentido más amplio de relación a lo universal es lo que importa hoy al artista, o sea, la metáfora en lugar del mensaje directo. El expresionismo que sirve a un arte concebido como una lucha (tanto al propio como al figurado) plasmada en la simbología de un eterno combate, deja lugar a una representación más conceptual aunque siempre figurativa. El artista confía en haberse intelectualizado en Francia, llevando sus formas e imágenes a una depuración progresiva, a una síntesis dominante. La urgencia de hablar y de denunciar ha sido sustituida con la distancia, una sedimentación de las ideas, y se ha impuesto la reflexión. La máscara y la flecha, atributos de protección y de lucha en referencia al mestizaje africano, han casi desaparecido.

En las últimas telas, esta dimensión africana, también expresada a través de una gama de colores ocres, tierras oscuras y negros, ha sufrido una mutación en la cual tanto el espacio como la forma se han ido alisando, han perdido su rugosidad. La paleta se ha reducido a una oposición dominante entre colores cálidos (tierras) y fríos (azulados). La obra se ha vuelto más intimista y menos directamente social, más formal y menos referencial, más cultural. Con este fin, el artista se inspira desde hace varios años en temáticas universales (Ulises, ícaro o el Minotauro) a través de las cuales puede expresar un compromiso y una reflexión personales. Son los hilos filosóficos que le permiten construir nuevos mitos plásticos, en los cuales la dimensión estética enriquece la narración que también debe ser comunicación. El espacio está construido sobre una dialéctica mensaje/ forma que se apoya en arquitecturas humanoides, el cuerpo actuando como alegoría de lo humanamente compartido.

Humberto Castro sabe mantener en sus telas un alto nivel de trabajo sobre la materia, las texturas y las transparencias, con el deseo de reforzar entre el artista y el observador la captación de un mensaje no inmediatamente perceptible. Con el propósito de proponer en lugar de provocar, Humberto Castro ha cambiado sus intenciones de "guerra" —las que había concebido en Cuba y para Cuba— por instrumentos de reflexión y de seducción que corresponden a su nueva realidad. La lucha se ha hecho danza y el artista sigue exorcizando lo inmediato para poder alcanzar lo intemporal (lo esencial) a través de una indispensable metáfora.

CHRISTINE FRÉROT

Humberto Castro, por Christine Frérot | artnexus