Exposición Individualabr 1998 - jun 1998· Por Catalina Mena

Gonzalo Díaz

Museo Nacional de Bellas Artes de Chile

En el interior de la Sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes, el artista Gonzalo Díaz monta la instalación denominada Unidos en la gloria y en la muerte. Como en muchas de sus anteriores instalaciones, Díaz incorpora al plan de su obra el lugar de exhibición —concebido como depósito de una memoria— para revelar problemáticamente sus zonas de fragilidad. Esta vez el gesto llega a su registro límite: Díaz, como bien se ha señalado, no sólo expone en el Museo, sino que "expone el Museo". Es la institución misma el objeto a mostrar.

El título de la obra, Unidos en la gloria y en la muerte, repite la inscripción que lleva grabada en su pedestal una escultura situada frente al Museo, en donde se representa la caída de Ícaro. Dicha representación, concebida como homenaje a la aviación chilena, fue realizada a comienzos de siglo, fecha coincidente con la fundación del Museo. El artista duplica la carga de esta frase reproduciéndola también físicamente, cuando en la parte superior del frontis del edificio la inscribe con letras de neón. La frase, de este modo, sirve como recurso formal que une el exterior con el interior del espacio de exhibición. Esta forma de casar ámbitos e integrar distintos niveles de cobertura ha sido una estrategia bastante permanente en los trabajos de Díaz. El artista siempre logra, a través de gestos articuladores muy económicos, abarcar en su obra mundos y tiempos que de otro modo no se tocarían.

Exposición Individual: Gonzalo Díaz — imagen 1
Gonzalo Díaz. Unidos en la gloria y en la muerte, 1997. Instalación con texto en luz de neón. Vista interior de la sala Matta en el Museo Nacional de Bellas Artes. Dimensiones variables.

Pero la frase es mucho más que un mero recurso articulador. Díaz la ilumina con neones, parodiando su dramática teatralidad. A través de este guiño irónico, muy característico de su sensibilidad, ridiculiza las pretensiones grandilocuentes de las instituciones. Cuando el artista escribe esta frase sobre la fachada del Museo pone en evidencia la pose pública, el truco cosmético que a toda costa quiere ocultar la sospechosa fragilidad de los deseos de poder.

Hay que recordar que, dentro del contexto chileno, Gonzalo Díaz ha sido una de las figuras más críticas de las políticas culturales oficiales y, específicamente, del modo en que se ha conducido el Museo Nacional. No sólo a través de su obra sino también en entrevistas públicas aparecidas en la prensa, Díaz ha manifestado en varias ocasiones su molestia respecto de la subordinación de la cultura a los intereses de la clase política. La "cultura" es la palabra comodín que sirve para ocultar, decorativamente, otras intenciones. Nociones como fachada, ornamentación y simulacro, ligadas al deseo de poder, aparecen insistentemente en la obra de Díaz.

Pero crucemos la puerta del Museo y bajemos las escaleras que conducen al subterráneo, donde se encuentra la Sala Matta. Es sintomático que Díaz elija este espacio subterráneo que metaforiza el lugar cómodamente oculto que él vendrá a indisponer con sus incómodas luces. En efecto, el artista monta allí, con grandes letras de neón, un fragmento del discurso que fundamenta el Código Civil chileno. El texto cubre todo el perímetro interior de la sala y va sostenido sobre unos dispositivos usados para la construcción de edificios, denominados alzaprimas. Las alzaprimas son estructuras que sirven, transitoriamente, para sostener un edificio en construcción. Es aquel dispositivo mínimo sin el cual todo podría venirse abajo catastróficamente. La alzaprima sería entonces la estructura que posibilita la construcción de cualquier otra estructura. Otra vez, Díaz remite a la idea de la fundación, en cuyo seno palpita la fragilidad. El fragmento del discurso escrito con neones es un texto también fundacional: allí se sostiene la institucionalidad jurídica chilena. Su retórica y su contenido ejercen una atracción singular. El texto, que se refiere a los derechos de sucesión, pone en ácida tensión el ámbito privado y el público, acusando dramáticas trizaduras. Unidos en la gloria y en la muerte desviste el monumento e ilumina su esqueleto con un haz que atraviesa la historia. Díaz monta el espectáculo de la fragilidad institucional y lo hace con excelencia técnica y sorprendente limpieza visual. La obra muestra una estética minimal que logra traducir a elementos básicos la sensibilidad industrial tecnológica. Díaz recorre el siglo que termina poniendo en tensión dos estéticas de lenguaje. Una, la de comienzos de siglo, caracterizada por la vociferación discursiva, y la otra, la del momento actual, donde predomina el espectáculo de la tecnología con su económico mutismo.

La instalación no reclama complicadas lecturas ni esfuerzos asociativos demasiado intrincados. Díaz exhibe las relaciones entre las piezas que sirven de referente a su trabajo, sin disfrazarlas o hacerlas pasar por otras. Se podría pensar que las relaciones son demasiado explícitas, pero precisamente allí está el riesgo y la audacia del artista.

Lo suyo tiene el carácter de una entrega. Díaz renuncia al truco ingenioso o al placer egoísta de la ambigüedad para revelar una trama de sentidos colectivos cuyo alcance supera las obsesiones personales. Su tarea de desocultamiento lo fuerza a mantenerse, casi estoicamente, en el peligroso límite de las evidencias sin caer jamás en lo obvio o ilustrativo. El artista lo resuelve con maestría, logrando que su gesto se inscriba con tal claridad y precisión que es imposible que la memoria no lo retenga. Díaz ilumina la historia y, al hacerlo, la suplanta. El montaje Unidos en la gloria y en la muerte quedará registrado sin duda en los anales del Museo.

CATALINA MENA

Gonzalo Díaz, por Catalina Mena | artnexus