El deambular entre los cuadros, bocetos, videos y demás intervenciones que Francis Alÿs ha realizado desde 1992, nos lleva a descubrir el desarrollo de un proceso creativo en constante gestación en el que la caminata se revela como hilo conductor. Para Alÿs, el caminar no sólo implica desplazarse en el tiempo y el espacio; supone también una forma de enajenación que propicia una abstracción del pensamiento. En una de las piezas con las que inicia el recorrido de esta muestra, el artista nos incita a alcanzar ese estado receptivo, induciéndonos a la lectura repetitiva y automática de la inscripción: "As long as I am walking, I’m not choosing, / I'm not smoking,/ Im not losing..." Entre las últimas líneas rotuladas sobre el muro, se abre un espacio en blanco que genera una suerte de ausencia, antes de concluir con las palabras "I will not repeat,/ I will not remember". La obra representa el carácter singular y subjetivo de la experiencia de cada individuo al caminar, siendo que cada trayecto obedece a circunstancias específicas que articulan la existencia. Al asociar el texto a un conjunto de fotografías de personajes anónimos que se desplazan por las calles, Alÿs no sólo documenta un instante, único e irreproducible, sino que alude a los múltiples senderos que se pueden recorrer y que, en el momento de encontrarse, parecen bifurcarse. Así, guía al espectador por uno de los caminos por los que se gesta su obra, manteniendo una distancia que permite comprobar que las piezas terminadas no son tan importantes como su proceso creativo pues, en palabras del artista, la invención del lenguaje va de la mano con la invención de la ciudad.

El circular, observar y detectar hechos y sucesos le han llevado a consolidar un vocabulario artístico en el que la colección de Fabiolas — redondas o cuadradas, bordadas o pintadas— ocupa un lugar determinante. El descubrimiento de la proliferación de copias del retrato de esta ilustre desconocida lo incitó a rastrear las distintas motivaciones que han sustentado su reproducción, y a explorar los códigos de expresión pictórica y sus posibilidades reales de comunicación. Alÿs confronta la percepción subjetiva de un artista con la mirada del espectador, y pone en tela de juicio el estatuto de la imagen en una sociedad en la que los símbolos aspiran a multiplicarse y sólo consiguen uniformizarse. Al reunir dichos cuadros sobre un mismo muro, no pretende señalar su parecido sino resaltar sus diferencias ya que, sólo al observarlos en conjunto, es posible identificar sus matices estilísticos y, ante todo, evidenciar su singularidad. La pieza revela que el carácter único de las obras no reside en su autoría — mientras que unas llevan la firma de algún pintor aficionado, otras tantas son anónimas—, y rebate los criterios elitistas que han servido para determinar aquello que define a una obra de arte. En 1993, Alÿs extiende los planteamientos de su obra al confrontar sus propios cuadros con las diversas interpretaciones que de ellos hacen los rotulistas de la ciudad de México y, posteriormente, realizar nuevas versiones a partir de las variantes que estos últimos le ofrecen. Crea una cadena de producción, similar a la de las Fabiolas, en la que vuelve reversibles los procesos de plagio y creación. Ya sea que se trate de copias genuinas o de falsos originales, las imágenes no pierden su naturaleza sustancial. El aspecto intimista y ensimismado de los pequeños lienzos pintados por Alÿs se propaga entre los cuadros de los rotulistas que recurren, por su parte, a colores saturados y brillantes, propiciando una lectura más inmediata de las formas. En esta serie, los objetos y cuerpos aislados sobre fondos monocromáticos se presentan como seres autónomos que justifican su existencia interactuando entre sí y estableciendo afinidades o tensiones que resignifican el entorno. A pesar de transponer con desapego una mirada subjetiva, logran proponer una visión transparente del mundo cotidiano, y demuestran cómo la incidencia aleatoria de un elemento sobre otro rige las acciones y reacciones que determinan la orientación de nuestras vidas. Los cuadros instauran un espacio de comunicación en el que el alcanzar un zapato o sostener una almohada no son actos funcionales sino gestos expresivos, y sugieren, al igual que las caminatas, que la existencia se construye con base en las mímicas y los desplazamientos que colman el vacío que envuelve y separa a cada uno de los cuerpos. A esto se refieren también las imágenes urbanas de la serie City Squatts (1995) en la que los armarios salvan la separación que existe entre los edificios, articulando los espacios para darles continuidad, sin importar cuán absurda y arbitraria parezca. Esta continuidad se hace manifiesta a lo largo de la muestra en una sucesión de imágenes eslabonadas, que abarca desde las fotografías insólitas de periódicos y revistas que Alÿs suele utilizar como punto de partida, hasta los bocetos anteriores a los cuadros, y aquellos que, sobreponiéndose a los lienzos, le permiten trastrocarlos. Detrás de esta interpretación de los símbolos errantes que el artista recoge en sus distintas caminatas, trasluce el flujo de una realidad inerte y cotidiana, en la que todo se repite sin que nada sea igual.
MAGALÍ ARRIOLA
Crítica de arte y coordinadora editorial de ArtNexus en México.

