El Museo Guggenheim de Bilbao

Museo Guggenheim Bilbao. Vista exterior. Tomado de la Revista On.

Otrosabr 1998 - jun 1998· Por Federico Garza Carvajal

El Museo Guggenheim de Bilbao

Una tina ballena de titanio echa anclas en el río Nervión

A mediados de octubre de 1997, en medio de húmedos cielos azules y un clima cálido poco usual para la época, el Gobierno del País Vasco inauguró el Museo Guggenheim de Bilbao, con una exposición titulada Los museos Guggenheim y el arte de este siglo1. EI Guggenheim de Bilbao es la piedra angular de Bilbao 2001, la ambiciosa política cultural postmodernista del gobierno destinada a la diversificación económica y la revitalización de las propiedades del centro de la ciudad, ubicadas a lo largo del estuario del río Nervión. Esta nueva política ha forjado un consorcio entre el gobierno de las provincias de Vizcaya, las artes y las nuevas tecnologías. Un arquitecto del Ministerio de Educación y Cultura de Madrid comentó que Bilbao, al igual que Stuttgart y Frankfurt, ha optado por la modernidad como parte de su infraestructura. 

Bilbao, o Bilbo, en lengua vasca, situada en el golfo de Vizcaya, justo al sur de los Pirineos franceses, tiene un millón de habitantes y es la cuarta ciudad más grande de España, y capital del País Vasco. Desde los últimos años del siglo XIX, los astilleros de Bilbao a lo largo del río Nervión habían funcionado como el primer puerto español para industrias pesadas como la de la construcción naval y el comercio relacionado con ésta. Para principios de los ochenta, la base económica de las antiguas industrias navieras había pasado por numerosos tropiezos; muchas de ellas estaban en la ruina, y el gris y contaminado muelle semejaba un baldío urbano en el centro de la ciudad. Fue así como el gobierno del País Vasco, en un esfuerzo por diversificar y revitalizar la base económica de Bilbao y las provincias aledañas, inició un programa con el fin de fomentar una nueva "economía cultural oficinesca". Un elemento importante de la nueva política cultural fue la construcción de un museo de arte moderno2.

Como parte de su propia política cultural, la Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York, encabezada por su director Thomas Krens, también había estado buscando construir un tercer museo satélite. El Guggenheim de Nueva York, el de Soho, y la Colección Guggenheim de Venecia, hacen parte de la Fundación, la cual había considerado a Salzburgo, Graz, Viena, Osaka, Santander, Sevilla y Venecia como posibles lugares para su nueva "franquicia", pero sin resultado. En 1991, algunos miembros del Parlamento del País Vasco tomaron contacto con Krens y propusieron a Bilbao como el sitio para el "nuevo Guggenheim". Tras varios meses de negociaciones, las dos partes llegaron a un acuerdo después de haber forjado una relación que suscitaría grandes polémicas y resultaría altamente costosa para las arcas del País Vasco. Por dos razones muy diferentes. El solemne acuerdo se firmó el 13 de diciembre de 1991, día de Santa Lucía, quien, según la iconografía cristiana, ese día entregó sus ojos en un plato3.

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Jeff Koons. Cachorro en flor. Estructura metálica y plantas. Obra de espacio público ubicada frente al Museo Guggenheim de Bilbao.

El País Vasco ha financiado, con rentas públicas, todo el costo del proyecto, calculado en $150 millones de dólares, y continuará financiando indefinidamente todo el presupuesto anual del Museo. En teoría, tanto la Fundación del Guggenheim de Bilbao, una organización establecida por el gobierno vasco, y la Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York, deberán administrar las labores del Museo. Sin embargo, dada su experiencia en conservación y administración, la Fundación Guggenheim de Nueva York dirigirá el museo y suministrará la colección básica, así como las exposiciones futuras. Esto ha provocado consternación y ha desconcertado a muchos de quienes se mueven en el circuito del arte español. En España, ésta es la primera vez que una entidad gubernamental le ha entregado a una fundación de arte privada dineros públicos para la construcción de un museo, a cambio de tener el privilegio de usar el logo de la fundación como parte del nombre del Museo, comentó el arquitecto del Ministerio de Educación y Cultura. Esta pseudo franquicia es sólo uno de los ejemplos de una política artística expansionista y neocolonial impuesta por el Guggenheim de Nueva York.

La Fundación todavía no ha nombrado un director artístico para el Guggenheim de Bilbao. Las labores diarias del museo son administradas por su director general, Juan Ignacio Vidarte, un político/tecnócrata con un doctorado en economía y administración de empresas. Este director general ha pasado gran parte de su carrera reconfigurando las políticas fiscales y la planificación regional del Parlamento vasco, más que curando exposiciones de arte. Lamentablemente, Vidarte es incapaz de diferenciar entre un Matta y un matador. Y, ¿ de la vanguardia en Latinoamérica? Existe, ¿No?, respondió el director general sin mucho interés. Por ahora, Nueva York seguirá conceptualizando el carácter de las futuras exposiciones del Museo.

A pesar de todo esto, José Antonio Ardanza, el Presidente del País Vasco, describió el Museo de Bilbao como una nueva faceta de este país y su gente. "... por medio de este Museo queremos hablarles a ustedes de nuestra sensibilidad artística, nuestro compromiso incondicional con la modernidad, nuestra vocación universal, nuestro espíritu abierto a todas las cosas hermosas que se creen en el mundo, nuestro deseo de regeneración cultural y económica, nuestro deseo de aprender, de asimilar, de ajustarnos, de seguir siendo fieles a nosotros mismos de la única manera posible en un mundo cambiante e interrelacionado. El Guggenheim de Bilbao está dedicado al arte americano y europeo de los siglos XX y XXI".

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Museo Guggenheim Bilbao. Vista interior.

El gobierno del País Vasco comisionó al canadiense Frank O. Gehry, un veterano arquitecto determinado de antemano por Krens, para diseñar el Museo. Con este diseño, Gehry, quien lleva muchos años viviendo en Santa Mónica, California, logró una recopilación de las formas de arte que han estado presentes en sus estructuras desde los sesenta, en lo que muchos arquitectos han descrito como la obra pináculo de su carrera. En la conferencia de prensa llevada a cabo el día de la inauguración, Gehry afirmó que no había querido diseñar un edificio diferente perjudicial para el arte. Para él, el agreste terreno industrial del estuario, rodeado por las verdes colinas salvó todo; incluso hace que mi edificio se vea bien. Fue la culminación de un proyecto de seis años. "Krens expresó la visión y yo le di forma”, aseguró Gehry. Sin embargo, el Museo en sí es una forma de arte esculpida y lograda dos veces. Mientras Gehry, de 68 años, conceptuó el polémico y esotérico diseño en formas de cartón, quien realmente facilitó la construcción del Museo fue un equipo de ingenieros, arquitectos y modernos artesanos relativamente jóvenes adeptos a los procesos y diseños tecnológicos vanguardistas. 

Según César Caico y, el arquitecto administrativo del proyecto, tres industrias Vascas: la robótica, la metalúrgica y la industrial, formaron la unión que facilitó la construcción del Museo. Esta nueva y experimentada fuerza de trabajo multilingüe ha comenzado a reemplazar a la antigua mano de obra monolingüe de la industria vasca constructora de barcos. La construcción de este Museo se ha distinguido por el gran número de proezas e innovaciones de la arquitectura y la ingeniería. 

La aplicación de un programa de software conocido como Catia les dio forma a las lacónicas y contorsionadas formas del exterior de la estructura. Este costoso y avanzado programa de computador, utilizado hasta ahora exclusivamente por la industria aeroespacial, generó los planos que transformaron la totalidad de las formas geométricas propuestas en modelos tridimensionales esculpidos, y en esta forma les dio a sus diseñadores los puntos del espacio necesarios para la construcción de estas formas didácticas, ya que no es posible modelar estas ágiles formas geométricas empleando la arquitectura bidimensional convencional. Así, el Guggenheim de Bilbao es, como lo anotó el ingeniero José Lucio Pérez, “la catedral del siglo.” Además de Catia, los ingenieros, quienes en su mayoría rondan por los 25 años, emplearon durante el proceso de construcción otros “andamios” poco ortodoxos, como fue el caso de los alpinistas, quienes, como artesanos modernos, colgados del exterior del edificio, fijaron los paneles de titanio, vidrio y piedra de diferentes tamaños que conforman su capa externa.

Ésta es también la primera vez que se emplea como placa exterior el titanio, un metal similar al aluminio, aunque más denso y más resistente, como el acero. En total, unos 33.500 paneles, de los cuales el cincuenta por ciento son diferentes, le dan al edificio un magnífico brillo de peltre que cambia con el color del cielo y la intensidad de la luz solar. Otras 2.800 piezas de vidrio, cortadas en triángulos y paralelogramos en forma de diamante, casi todos de diferentes formas y tamaños, forman la cortina de vidrio de los muros que encierran el atrio central del museo.

El Guggenheim de Bilbao, reminiscencia de un gigantesco barco esculpido, yace anclado sobre un lote de tamaño irregular al costado sur de un estuario a lo largo del río Nervión. El Puente de la Salve, una de las principales vías hacia Bilbao, serpentea sobre el punto oriental más lejano del lote. Gehry incorporó deliberadamente el lado posterior del Museo al puente, por debajo de éste, como parte de la composición del edificio de 24.290 metros cúbicos de volumen, que consta de unas quince estructuras de forma muy singular, algunas de las cuales semejan una ballena cuya cola reposa bajo el puente y luego se eleva para salir al otro lado de éste; otras tienen forma de rosa y de bota.

Las cortinas de vidrio que conforman las paredes del atrio central de 54 metros de alto interconectan y encierran las retorcidas estructuras de titanio. Las múltiples estructuras que giran alrededor del atrio están unidas por las paredes de vidrio que permiten la entrada de los rayos de luz hasta el centro del Museo. El atrio, inundado de luz proveniente de una rosa de metal colocada en la parte superior, es una y media veces más alto que la rotonda mayor del Guggenheim de Nueva York.

Tres niveles de galerías le dan la vuelta al atrio central de luz natural que es el punto principal de entrada y orientación. Una serie de galerías únicas fue diseñada para albergar obras de gran tamaño y diferentes instalaciones. La galería más grande, de 130 x 30 m puede alojar instalaciones que no cabrían en espacios más convencionales. El espacio para exposiciones abarca 10.560 metros cuadrados.

El laberinto de paredes interiores y flexibles pilares está recubierto de una mezcla espesa de yeso mate, y su forma evoluciona transformándose en siluetas que cambian constantemente contra los grises pasillos de acero a la vista, las escaleras y los ascensores, algunos ocultos tras las curvas de los múltiples paneles de vidrio. Pisos de concreto y de madera complementan el blanco yeso y las paredes de piedra, cortadas en tal forma que semejan el ensamblaje del titanio exterior. Además de las diferentes galerías contenidas dentro de las variadas estructuras, también se encuentra un auditorio para 300 personas, una cafetería, un restaurante y una boutique. Un jardín de agua que se halla justo detrás del dosel posterior se filtra en el estuario por debajo del pasillo del Museo.

La exposición inaugural del Guggenheim de Bilbao, titulada Los museos Guggenheim y el arte de este siglo incluyó colecciones de su propiedad y otras obras del Guggenheim de Nueva York y de Venecia. Krens consideró "la colección del Museo como una enciclopedia de las obras más importantes del arte europeo y americano del siglo XX, instalaciones y otras obras encargadas para la inauguración". Sin embargo, sólo dos de las 253 obras expuestas pertenecían a artistas latinoamericanos: Estruendos de la tierra (1950) y Zambezia (1950), de Wifredo Lam, estaban entre los trabajos de Willem de Kooning, Jean Dubuffet, Yves Klein, Jackson Pollock, Mark Rothko, David Smith, y Clyfford Still, todos expuestos como parte del expresionismo abstracto o del arte informal europeo y americano de los cincuenta. ¿Por qué la mezquina representación de artistas latinoamericanos? ¿No se les considera parte del movimiento modernista?

El problema radica, según palabras de la curadora jefe Lisa Dennison, en "¿Cómo definir el arte latinoamericano ? ¿Se puede considerar un artista nacido en Cuba pero que ahora vive en los Estados Unidos como un artista latinoamericano?" La Fundación, agregó Dennison, sí posee obras latinoamericanas obtenidas durante la sobresaliente década de los años sesenta. Las obras más notables de la colección pertenecen a Lam, Matta, Botero y Tamayo; también se encuentran las de principios de los noventa de Félix González Torres. Sin embargo, no debemos afligirnos. Aludiendo a esta exigua representación del arte latinoamericano en la colección y al papel del Guggenheim de Bilbao para rectificarla, Dennison expresó: "Ahora, todo eso va a cambiar, debido a que tenemos un punto de apoyo en una institución de habla hispana... En el futuro, la Fundación Guggenheim tendrá una exposición más importante de arte latinoamericano como parte de los planes para los [museos] Guggenheim". Además de esta exposición, se están programando otras tres para Bilbao: una sobre Cultura y Arte Franceses de los sesenta; otra de Robert Rauschenberg: Una Retrospectiva y, finalmente, China 5000.

En su conferencia de prensa, Krens reconoció sin reparos la necesidad de exponer el arte de más artistas latinoamericanos. Bilbao, declaró, es ahora el puente entre Europa y el arte de Latinoamérica. Desde una perspectiva institucional, este puente sobre el Atlántico sería un poco difícil, debido a que sólo 100 de las 6.000 obras de arte que posee la Fundación Guggenheim representan a artistas latinoamericanos. Por ahora, el Guggenheim de Bilbao se yergue imponente a lo largo del Nervión, sin un director artístico y, según lo expresado por Dennison, no se nombrará uno hasta el momento apropiado. Puede ser, pero, como lo dijo acertadamente el mismo arquitecto del Ministerio de la Cultura, Un museo es mucho más que la estructura. Sus obras de arte también hacen parte de su definición.

NOTAS

 1. Expreso mis agradecimientos a José Ignacio Lucio Pérez, uno de los ingenieros a la cabeza de este Museo, y a Miren Begona Arceo, pedagoga de un colegio privado de Bilbao, por sus numerosas entrevistas, y por la información y detalles que me suministraron acerca de la cultura vasca.

 2. El Guggenheim de Bilbao es parte del proyecto de revitalización por US$1.500 millones, que incluye la expansión del puerto, una sala de conciertos, el nuevo metro diseñado por Sir Norman Foster (1995), la ampliación del aeropuerto y un nuevo puente, obra de Santiago Calatrava, así como un proyecto urbano de 94.000 metros cuadrados diseñado por César Pelli, que estará entre el Museo y la sala de conciertos.

 3. Para una excelente evaluación crítica de los procesos de negociación, basada en numerosas entrevistas con las principales personas que tomaron parte en ellos, consúltese Joseba Zulaika, Crónica de una seducción: el Museo Guggenheim Bilbao. Madrid: Editorial Nerea, 1997.

FEDERICO GARZA CARVAJAL

Investigador e historiador en el Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos (CEDLA). Universidad de Amsterdam. Actualmente adelanta su tesis doctoral sobre historia cultural española y mexicana de los siglos XVI y XVII.

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