Exposición Individualabr 1998 - jun 1998· Por Clayton Kirking

Claudio Bravo

The Bass Museum of Art

Paquetes envueltos, una exposición de diecinueve obras que datan del período 1965 a 1975, presentó un momento casi trascendental en la vocación de observar el arte. Es una muestra pequeña e íntimamente instalada que brinda la oportunidad de realizar un examen cercano y conciso de una parte de la obra de Bravo, que a menudo se pasa por alto o es relegada por el público a un status menos importante. Frente a las monumentales pinturas figurativas de este artista, y los lienzos de bodegones sobrecogedoramente realistas, la obra presentada en el Bass Museum podría haber sido considerada como una simple curiosidad. Sin embargo, estas obras pueden ser vistas como representativas de las contribuciones más importantes de Bravo al género de los bodegones. No es común que al espectador se le permita concentrarse tan claramente en una porción tan finamente delineada de la producción de un artista.

Exposición Individual: Claudio Bravo — imagen 1
Claudio Bravo. Paquete azul, 1969. Pastel. 15.5 x 15.5 cm. Cortesía: Bass Museum of Art.

Inspirado por Blue Package, 1967, cuando apareció en una subasta, Sam Trower, el curador de la exposición, se dedicó a la tarea de identificar y localizar tantas pinturas de paquetes como fuera posible, y logró un trabajo admirable. Se puede decir con seguridad que desde la primera exposición de Bravo en Nueva York en la Staempfli Gallery en noviembre de 1970, no se había expuesto un conjunto tan significativo de estas pinturas. En su determinación por reunir esta colección, Trower le dio al espectador la oportunidad de estudiar cuidadosamente cada pintura, de examinar la exposición como un todo, y de considerar la ubicación de estas obras en el contexto más amplio de la producción completa de Bravo. El bien diseñado e ilustrado catálogo que acompaña la exposición es más que un registro de ésta, ya que reproduce más de veinte pinturas de paquetes que se tuvieron en cuenta, pero no se incluyeron en la muestra. Como lo señala Edward Sullivan en el ensayo que escribió para el catálogo, muchas de las primeras pinturas de paquetes fueron terminadas en Nueva York y pueden ser vistas como una demarcación de la obra del artista.

Habiéndose establecido del todo en España como apetecido retratista, los paquetes fueron una manifiesta partida. El ensayo documenta las raíces históricas del bodegón en España, y el hecho de que, en cierta medida, la inspiración en los paquetes le vino tanto de la obra de Antoni Tàpies, como de la de Mark Rothko. En 1972, después de haber pensado primero en trasladarse a la ciudad de Nueva York, Bravo abandonó España y se trasladó a Tánger. En su texto, Sullivan afirma: "La mayoría de las obras de esta exposición tienen fechas anteriores a 1972, el año en que Bravo se mudó a Tánger. A pesar de que después de establecerse en Marruecos continuó creando pinturas de paquetes, éstas fueron ejecutadas principalmente mientras estuvo en mayor contacto con los desarrollos normales de Nueva York y Europa occidental".

Bravo ha seguido pintando paquetes de diversas clases: pinturas envueltas, bolsas y cajas, las cuales utiliza a veces como elementos de composiciones más grandes. Esta exposición, sin embargo, se concentró más de cerca en el primer período. Las pinturas varían ampliamente en tamaño, desde el pequeño Blue package, un pastel que semeja una gema, pintado en 1969, que mide solamente 15,5 x 15,5 cm, y cuya superficie de luz trémula trae a la memoria las telas de Vermeer, hasta el enorme óleo sobre lienzo titulado The Emperor, hecho en 1973, que mide 258,5 x 135,9 cm. Esta obra representa tal vez la envoltura más que lo envuelto: consiste en dos majestuosas tiras de tela, una azul y una roja, que caen a lo largo de la pintura y llegan hasta el piso. Cada pieza, sin embargo, es estudiada con cuidado y brillada técnicamente. Es claro que la fascinación del artista por la textura, la luminiscencia, la luz y la sombra lo llevó a observar cuidadosamente las características sutiles de los papeles arrugados y de las telas crujientes. Aunque es fácil dejarse cautivar por los aspectos técnicos de estos cuadros, su verdadera fuerza intelectual radica en su ambigüedad; el observador no tiene medios que le permitan saber qué contienen estos paquetes y, por lo tanto, se ve forzado a preguntarse qué habrá bajo las superficies de esas telas resplandecientes y papeles marcadamente doblados.

Esta exposición podría servir como prototipo de aquellas que les permiten a los curadores concentrarse profundamente en los aspectos reveladores o en los distintos períodos de la obra de un artista. Las exposiciones como ésta pueden ser un medio valioso para educar al público todavía en desarrollo en este aspecto, a medida que el arte latinoamericano se vuelve más familiar en los Estados Unidos, Canadá y Europa. ¿Qué podría ser más satisfactorio, tanto para curadores como para espectadores, que una exposición pequeña, bien seleccionada, con un catálogo bien diseñado e informativo que en conjunto aumentan la comprensión de la amplia producción de un artista, al tiempo que le agregan profundidad al tema como un todo?

CLAYTON KIRKING

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