La alta ciudad desértica de Santa Fe, Nuevo México, ha sido un destino turístico popular y Meca de las artes a lo largo del siglo XX. Con una población permanente de aproximadamente 65.000 habitantes, es una pequeña y animada ciudad, con un dinámico patrimonio tricultural (anglo, hispano y nativo) y un extraordinariamente variado escenario artístico. Dos de las más significativas instituciones de arte de Santa Fe son el Georgia O’Keeffe Museum y SITE Santa Fe, que acaban de ser inaugurados (creados ambos con fondos de los filántropos John y Anne Marion y su Burnett Foundation. Basado en un modelo al estilo del kunsthalle, SITE Santa Fe es un espacio contemporáneo para exposiciones, que no mantiene una colección permanente y que funciona a la vez como organizador y presentador de sus propias exposiciones y como anfitrión de exposiciones itinerantes. Concebido originalmente como una bienal a la manera de Documenta, Venecia y la del Museo Whitney, SITE Santa Fe inició desde entonces una programación que se desarrolla durante todo el año. La bienal inaugural, Longing and Belonging: From the Faraway Nearby (Añoranza y pertenencia: Desde un lejos cercano), presentó ante el mundo a SITE Santa Fe y su espacio de 1.760 m2 en julio de 1995, y su segunda bienal, TRUCE: ecos del arte, en una época de eternas conclusiones abrió sus puertas del 18 de julio de 1997.

Curada por Francesco Bonami, el antiguo editor para los Estados Unidos de Flash Art International, TRUCE reúne a 29 artistas de 20 países, en representación de todos los continentes, a excepción de la Antártida. El grupo es notable no solo por su diversidad sino también por su juventud: sólo cuatro de los 29 sobrepasan los 30 años, y otros muchos no alcanzan todavía esta edad. En su ensayo para el catálogo, Bonami afirma que TRUCE no es una exposición sobre periferias y centros, multiculturalismo y universalidad, autopistas de la información y tecnología. TRUCE es una contradicción, una convergencia de diferentes contradicciones dentro de un espacio que, de por sí, contradice el paisaje que lo rodea. Es probable que el multiculturalismo, la universalidad y la tecnología no sean los temas directos de TRUCE, pero los efectos de estos regímenes sobre la identidad social e individual sí lo son. El sometimiento a esa violencia se ha convertido en el principal transmisor de significado y contenido en el mundo moderno, agrega Bonami, extendiendo el lenguaje del arte como alternativa. Su visión no nos ofrece la tranquilizante ficción de la llamada aldea global, sino algo más provocativo e inquisitivo (una bodega llena de inquietantes objetos y experiencias).

Con muy pocas esculturas o pinturas tradicionales en existencia (con excepción de las acuarelas de Elizabeth Peyton, los collages de técnica mixta de Udomsak Krisanamis y la torre de esqueléticos botes de madera del cubano Kcho), el énfasis de TRUCE está dirigido hacia las instalaciones, el video y la fotografía. La videoproyección de imágenes múltiples de Sam Taylor-Wood, titulada Pent Up, presenta un cuadro vivo de ansiedad sincronizada representada por cinco nerviosas personas inglesas, mientras que el dúo rumano subREAL evoca una desconcertante noche en Bucarest perturbada por perros merodeadores y danzantes visiones del monstruoso palacio de Ceaucescu.
El sudafricano William Kentridge liga imágenes de la vigilancia y la violencia características del apartheid con la creación absurda Ubu Roi, de Alfred Jarry, y el poderoso cortometraje Night Cries, de la australiana Tracey Moffatt interpreta un drama de afecto y desesperación entre una hija y su madre agonizante, que tiene como escenario un Outback1 surrealista. Ambientes desconcertantes llenos de luces estroboscópicas, pisos inseguros, sonidos cacofónicos y malos olores (provenientes del curso de supervivencia de repulsivos insectos/reptiles/arácnidos de Huang Yong Ping) contribuyen en mucho al definido ambiente de desorientación y alienación de TRUCE. A su vez, la conceptualista italiana Vanessa Beecroft le dio el requerido elemento de ansiedad sexual con la representación de una de sus signature performances durante la noche de apertura de la exposición (para el resto del tiempo, la performance fue reemplazada por una videoinstalación).

Entre las obras más conmovedoras de TRUCE se encuentran las que presentaron los fotógrafos Esko Männikkö (Finlandia) y Miguel Rio Branco (Brasil). Posando en medio del revoltijo y descomposición de sus comunidades tejanas rurales, los sujetos de los retratos de Mannikko proyectan una combinación de serena resignación y dignidad que trasciende sus empobrecidas circunstancias. Diálogo con Arnau, de Branco, es un montaje del tamaño de una pared, de un niño callejero brasileño interactuando con el fotógrafo. El vibrante color de las imágenes y el energético y expresivo comportamiento lleno de gracia de Arnau desafían las realidades de los escuadrones de la muerte, la privación cultural y la apabullante pobreza. Las imágenes de Arnau datan de 1983, y uno no puede dejar de preguntarse qué cambios habrán ocurrido en la vida de este niño durante los catorce años que han transcurrido.
Las contradicciones que menciona Bonami en su ensayo para el catálogo son las de la vida humana en un planeta desordenado y descontroladamente diverso, y la tregua (TRUCE) implícita en el título de la exposición es la aceptación de esas contradicciones. Los artistas de TRUCE presentan obras rotundamente humanísticas, y ése es, en últimas, el triunfo de esta exposición (incluso si esa humanidad está ocupada principalmente en golpear su cabeza colectiva contra la pared. En general, la respuesta de los habitantes de Santa Fe a TRUCE y SITE Santa Fe ha oscilado entre el desconcierto y una vaga hostilidad, hasta la de aquellos que no pueden creer cuán afortunados son. A pesar de todo, SITE Santa Fe sigue siendo un fuerte argumento para darle a Santa Fe una presencia formal en el mundo artístico internacional contemporáneo.
NOTA
1. Outback: zona despoblada de Australia
DAVID CLEMMER

