San Diego-Tijuana

Betsabée Romero. Ayate carro, 1997. Instalación de automóvil trabajado en la superficie. Dimensiones variables. Foto: Philipp Scholz Rittermann.

Exposiciónene 1998 - mar 1998· Por Magalí Arriola

San Diego-Tijuana

inSite 97

Según las palabras del equipo curatorial de inSite 97, los artistas participantes fueron invitados para localizar o construir lugares de encuentro, de diálogo dentro del contexto transnacional que representa la región de Tijuana y San Diego. Las distintas intervenciones que llevaron a cabo en los espacios públicos de ambas ciudades representaron, también, una oportunidad para pensar en la capacidad que el arte tiene de operar como medio, coma construcción o articulación de significados, así como una estrategia para considerar sus posibilidades y alcances. Al abrirse la muestra, la artista Andrea Fraser presentó su propio discurso inaugural tras escuchar los mensajes de los presidentes de México y Estados Unidos, en boca de algún funcionario gubernamental, y las palabras de los distintos organizadores. Su performance consistió en repetir los agradecimientos protocolarios y protagónicos que acabábamos de escuchar, poniendo en tela de juicio los buenos propósitos de las instituciones oficiales así como la trascendencia de una iniciativa como inSite. La intervención de Fraser fue una de las pocas obras de contenido político que pudo comprobar que actuando únicamente desde dentro los discursos críticos en el arte demuestran su eficacia. En este sentido, sólo algunos de los artistas que quisieron adoptar un compromiso específico con los problemas fronterizos pudieron sobrellevar el reto que representan la subversión y la denuncia. 

Exposición: San Diego-Tijuana — imagen 1
Fernando Arias. La linea. Instalación en técnica mixta. Dimensiones variables.

Una de las piezas más logradas fue la del colombiano Femando Arias, quien trazó una línea blanca simulando cocaína bajo un fragmento afilado de barda. Creando una atmósfera inquietante y acogedora, la obra se refiere, según explica el propio Arias, al poder, la dependencia y la separación, desde un punto de vista político, económico y social. Las relaciones de poder también fueron abordadas por Tony Capellán en El buen vecino, una pieza que, por ser más agresiva, resultó menos sutil. Una sierra eléctrica se desplazaba con gran estruendo de un extremo al otro de una mesa; en las cabeceras fueron colocadas dos sillas vacías que evocaban la ineficaz buena voluntad de nuestros líderes políticos.

Muchas de las intervenciones que pretendieron asumir una postura ética resultaron ser meras ilustraciones de los problemas de índole político y social que quisieron abordar. Miguel Río Branco presentó, en un sótano oscuro, Entre los ojos, el desierto, tres proyecciones paralelas que asociaban los ojos cansados de los migrantes a las desoladoras imágenes de un desierto. La pieza de Jamex y Cinar de la Torre, una pirámide que pretendía denunciar la pérdida de los valores de identidad nacional, a través del uso y abuso de simbologías trilladas, sólo logró demostrar su propio apego a los estereotipos culturales. De manera muy similar, Patricia Patterson remodeló La casita en tu colonia Altamira, pintando sus paredes de colores mexicanos, y poniendo en evidencia el exotismo turístico de sus criterios importados.

Exposición: San Diego-Tijuana — imagen 2
Marcos Ramírez Erre. Juguete y caballo, 1997. Instalación escultórica. Dimensiones variables. Foto: Jimmy Fluker.

Las obras más interesantes fueron, sin duda, las de los artistas que intervinieron espacios abiertos, incitando al espectador a modificar sus parámetros de percepción. El caballo de Troya que Marcos Ramírez Erre construyó en el paso más transitado de la frontera aludía con claridad al fenómeno de invasión, considerando las influencias recíprocas de ambas culturas. Las dos cabezas del caballo —cada una dirigida hacia un lado de la frontera— nos inducían a concebir la barda, ya no como línea divisoria, sino como expresión de acepciones implícitas de la zona fronteriza, los artistas establecieron una red o sistema discursivo que logró vincular las dos regiones, más que apuntar sus diferencias. En las playas de Tijuana, los dos bebederos de Louis Hock se situaban en ambos lados de la barda y, al converger en uno mismo punto debajo de ella, ofrecían a los visitantes un trago de agua internacional. El ambicioso proyecto de Vito Acconci, una isla de arena sujeta a los cambios de la marea, aludía a los encuentros y desencuentros en ambos lados de la frontera. Localizada en el mar, casi al final de la barda, la pieza recurría a elementos naturales que desafiaban la separación arbitraria y artificial de la muralla, pues el agua seguirá siendo la misma, circulando y mezclándose en ambos lados de la línea.

Exposición: San Diego-Tijuana — imagen 3
Patricia Patterson. La casita en la Colonia Altamira, Río de Janeiro No. 6757. Tijuana. Técnica mixta. Dimensiones variables.

Paralelamente a estas obras, otras tantas parecen haber reorganizado el espacio geográfico, planteando nuevas lecturas o soluciones alternativas para enlazar ambas ciudades. La propuesta de Francis Alÿs fue una de las más discretas y sutiles: "Ir de Tijuana a San Diego sin cruzar la frontera. [Pasando por Santiago, Papeete, Hong Kong, Alaska, Los Ángeles...] le daré la vuelta al mundo en forma perpendicular a la línea hasta regresar al punto de partida". Iran Do Espíritu Santo distribuyó veinte dados de granito en ambos lados de la frontera, que presentaban sus distintas caras como si hubieran sido lanzados al azar. Al encontrarse con los dados, el espectador podía trazar una línea imaginaria entre Tijuana y San Diego, sujeta a su desplazamiento y a su propia percepción. Desde una perspectiva distinta, Thomas Glassford propuso en City of Greens otro recorrido por San Diego en donde repartió 18 greens en lugares inusitados. La pieza juega con las distintas connotaciones de la palabra green, al tiempo que se presenta como metáfora del jardín cercado del Edén, de la tierra prometida a la que se accede con dificultad y de la cual se nos expulsa sin concesión alguna. Este es el destierro.

Exposición: San Diego-Tijuana — imagen 4
Louis Hock. Aguas internacionales. Vista de instalación. Dimensiones variables.

Otros artistas trabajaron en espacios públicos que, contrariamente a la línea fronteriza, carecían de connotaciones históricas, sociales o culturales determinadas, y los transformaron en sitios específicos. En una transitada calle de San Diego, Melanie Smith creó una discreta agenda de viajes, utilizando un despliegue de aditamentos que, a pesar de ser artificiales, aún se apegaban a la realidad. Mofándose con toda seriedad de los atractivos turísticos menos seductores de ambas ciudades, Smith replanteó los significados de identidad nacional demostrando cómo las relaciones intrínsecas que vinculan a esta región se disuelven en una amalgama cultural. Al enaltecer con ironía este tipo de lugares la artista puso en evidencia su carácter heterogéneo y bastardo que no por ser artificial dejaba de ser auténtico. Desde otra perspectiva y recurriendo a medios distintos, Loma Simpson escenificó el fenómeno de hibridación, en el video Call Waiting, un entrecruzamiento de llamadas telefónicas en inglés, español, chino y punjabí. A pesar de recurrir a lenguajes muy distintos, los personajes conversaban entre sí, creando una red de comunicación que les era propia y de la cual nos encontramos excluidos.

Resulta difícil evaluar las más de 40 propuestas de los artistas procedentes de diversos países del continente americano. Sin embargo, a pesar de las divergencias en los temas abordados y de los diferentes procedimientos adoptados, las obras en conjunto buscaron despertar una conciencia territorial o urbanística, aun cuando algunas de ellas tuvieran poco o nada que ver con los asuntos fronterizos de la región. Fue el caso, por ejemplo, del stand promocional de Daniela Rossell en las vitrinas del Balboa Theatre, y del kiosco esotérico que Pablo Vargas Lugo realizó para el Centro Cultural Tijuana, un espacio que carece de una añadidura importante a todo edificio público: un puesto de periódicos. Pues, desde un inicio, los curadores tuvieron a bien reconocer que el hecho artístico no promete soluciones inmediatas a los problemas de índole político o social que, día a día, atañen a esta zona pero creemos, describen, que el arte ejerce una fuerza que estimula la conciencia. Y es la conciencia la que, en última instancia, conforma la realidad.

MAGALÍ ARRIOLA

Historiadora y crftica de arte mexicana. Reside en México D.F. 

San Diego-Tijuana, por Magalí Arriola | artnexus