Exposición Individualene 1998 - mar 1998· Por Ilana Vardy

Roberto Matta

The Haggerty Museum of Art

Matta: Surrealism and Beyond (Matta: Surrealismo y más allá) fue organizada por Curtis L. Carter, del Haggerty Museum of Art en la Marquette University de Milwaukee, y co-curada por el coleccionista y comerciante privado de arte Thomas R. Monahan, de Chicago.

La exposición cumplió dos propósitos: 1) proporcionar una breve visión de conjunto de la prolífica obra de Roberto Sebastián Matta Echaurren, y 2) destacar una distinguida colección privada que incluye algunos de los temas más importantes de este artista. A pesar de que la exposición le concedió privilegio a la colección privada de su cocurador y principal donante, para la ciudad de Milwaukee fue verdaderamente un triunfo servir como anfitriona de más de 90 pinturas, dibujos, grabados y esculturas que nunca antes se habían expuesto juntas. En realidad, ha habido muy pocas muestras individuales de este maestro chileno del surrealismo quien, a sus 85 años, todavía produce algunas de las obras más preciadas y de mayor demanda en este siglo. Si se considera que la fama y la reputación de Matta han sido conocidas durante mucho tiempo en Europa, Latinoamérica, y entre los entendidos neoyorquinos, fue muy reconfortante ver que muchas de las obras en préstamo que se hallaban allí provenían de colecciones privadas del medio-oeste de los Estados Unidos.

Exposición Individual: Roberto Matta  — imagen 1
Roberto Matta. Desnudo escondiéndose en el bosque, 1969. Óleo sobre lienzo. 200 x 300 cm.

Aunque muchas de las obras expuestas no representaban necesariamente los trabajos más importantes de Matta, las imponentes y extrañas escenas frecuentes en esta muestra, y que describen lo profundo de la imaginativa aunque frenética mente de este artista, se ganaron inmediatamente el respeto del público. La vida de Matta ha estado marcada por eventos muy específicos que les permiten a los historiadores distinguir perfectamente las diversas etapas de su carrera artística.

Esta exposición ofreció una visión de cada período, empezando por los últimos años de la década de los treinta, y terminando con la década actual. Mientras que en el salón de entrada el espectador encontraba algunas de las obras más intensas del primer período, la sección intermedia se percibía más débil y menos coherente de lo que las obras se merecían. En contraste, la sala del segundo piso albergaba una soberbia serie de grabados y aguatintas de los setenta y los ochenta que compiten con la calidad de las pinturas de Matta, a la vez que demuestran la versatilidad del artista para transmitir sus ideas.

Matta empezó a desarrollar su inimitable lenguaje visual, descrito en el ensayo de Carter para el catálogo y representado claramente en la exposición, a finales de los treinta, en una serie de pinturas conocidas como morfologías psicológicas; morfología es un término que Matta utiliza para expresar las actividades internas de la mente. La exposición documentó cómo estos temas se fortalecieron y evolucionaron con cada década. La obra de principios de los cuarenta envuelve las formas flotantes de suaves bordes con formas geométricas planas, carentes totalmente de cualquier indicio de figuración; lo más notable de este estilo son dos pinturas de 1943, tituladas Children's Fears of Idols (Temores infantiles) e Inscape. A mediados de los cuarenta, el creciente interés de Matta por los problemas sociales y el impacto de la tecnología sobre la existencia humana fomentaron la introducción de figuras humanoides en su arte.

Matta se exilió en Nueva York de 1939 a 1948. Junto con otros artistas europeos que escaparon del régimen hitleriano intercambió ideas e influencias con sus amigos surrealistas y disfruto de la amistad del grupo de artistas jóvenes a quienes más tarde se les conocería como los expresionistas abstractos (incluyendo a Motherwell, Pollock, Gorky y Baziotes). En 1948, al regresar a Europa, Matta rompió lazos con los surrealistas para proseguir con sus intereses científicos y humanitarios, ideas a las que ellos se oponían. En los cincuenta, definió sus lienzos con múltiples divisiones rectilíneas, las cuales creaban planos abiertos de espacios potencialmente “reales” capaces de albergar sus figuras biomorficas. A pesar de que Matta siguió incorporando los espacios de capas múltiples que había utilizado en la década anterior, los sesenta fueron testigos de un nuevo interés en la naturaleza sexual del hombre, y las supuestas ansias de vivir del artista hicieron explosión en sus obras durante las dos décadas siguientes. Parece que la obra de Matta siempre ha sido acerca de la energía, del diálogo del hombre con su yo interior y sus negociaciones con el mundo exterior. Al haber influido en la vida y el arte de tantos artistas importantes del presente siglo, Matta flota en este mundo como un dios inmortal, sonriente entre sus apreciados seguidores, quienes esperan cada nueva obra como si ésta fuera a revelar los secretos más íntimos de la vida. Un talento especial que ha perdurado a lo largo de su extensa carrera es el que le permite entretejer temas serios como la sexualidad, la guerra, la política y la libertad, con festivos y humorísticos mundos pintados en forma maravillosa.

Los colores vibrantes, casi fluorescentes, yuxtapuestos a los ligeros toques de ocre de la tierra, se combinan para establecer un muy armonioso sentido de espacio, aunque surreal e imposible. Tal vez no se trate de que las habilidades pictóricas de Matta sobrepasen las de sus más consagrados colegas, sino de que su don radica en exponer su interpretación de nuestra mente interior y permitirnos entrar en sus ingeniosos ambientes (los de Matta).

ILANA VARDY

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