Con la característica de un verdadero y sentido homenaje se realizó en el Museo de Arte Moderno la muestra Raúl Lozza Retrospectiva 1939-1997. Este decano de las artes plásticas de Argentina ha sido uno de los protagonistas en la década del cuarenta de los movimientos de vanguardia.
En torno a dicha exposición se han organizado conferencias y encuentros entre artistas y teóricos del arte, que han permitido revalorizar la obra de este artista argentino, así como la del movimiento abstracto en general.
Raúl Lozza nació en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires en 1911; educado en el seno de una familia a la que diferentes manifestaciones artísticas no le eran ajenas, desde muy joven incursionó en la literatura, la poesía y el teatro. El no tener una formación académica en artes plásticas no le impidió desarrollar su vocación y convertirse en una de las figuras más controvertidas de la actividad artística de nuestro medio en las décadas del cuarenta y cincuenta. Desde los años treinta jugó un rol protagónico en el quehacer cultural; pintor, publicista, ensayista, conferencista, militante gremial y político, defensor de los derechos humanos, pasando en su largo recorrido plástico por el realismo socialista, de sus inicios, hasta llegar a diferentes propuestas abstractas, tales como el movimiento concreto y el perceptismo.

En 1945 participó en la creación de la Asociación de Arte Concreto-Invención, junto a Tomás Maldonado, Manuel Espinosa, Enio Iommi y Alfredo Hlito. Con ellos firma al año siguiente el Manifiesto Invencionista; posteriormente, crea el perceptismo y funda una revista de igual nombre.
De los artistas que integraron esos grupos de vanguardia iniciales, Raúl Lozza fue uno de los más consecuentes. Desarrolló sus planteos en la teoría y en la práctica en los cuales intenta superar el carácter subjetivo de la representación ilusionista en sus diversas variantes, que van desde el realismo socialista hasta el surrealismo poético. Si bien establece una relación entre el arte y la ciencia, se diferencia de los movimientos europeos, como el De Stijl, la Bauhaus o el purismo francés y las vanguardias rusas. Elimina la intuición y lo subjetivo, y es por ellos que descarta la creación y habla de la invención.
Sus antecedentes se encuentran en 1944, en la revista Arturo, el contemporáneo Movimiento Madí y el Manifiesto Blanco, de Lucio Fontana. La originalidad de estas propuestas llevan a Lozza y a otros artistas, como Arden Quin, a realizar trabajos en contornos recortados, por ejemplo Pintura No. 15, de 1945, esmalte y cinta de algodón sobre madera, obra perteneciente al Museo de Arte Moderno, propuesta que se hará famosa por medio de los europeos.en la década del sesenta, con el nombre de shaped canvas (lienzo con forma).
La eliminación del marco ventana tiene como base el hecho de que la obra se integra al muro; el concepto básico es que se trata de una pintura mural integrada a la arquitectura. Las obras así presentadas eran los bocetos que en un futuro se trasladarían al muro, teniendo validez por sí mismas. Esta propuesta no ha variado, como lo demuestra su Pintura No. 1056 realizada el año pasado.
La presente muestra, además de revalorizar a uno de los protagonistas de las vanguardias de los cuarenta, pone en evidencia que sus obras superan el testimonio histórico y conservan frescura y vitalidad.
ALBERTO COLLAZO
