Exposición Individualene 1998 - mar 1998· Por Magalí Arriola

Mónica Castillo

Museo Carrillo Gil

Yo es un otro, la más reciente exposición de Mónica Castillo, reúne algunas de las obras que la artista ha realizado desde 1995. Sus pinturas, fotografías y demás piezas bordadas y tejidas constituyen un pequeño y selecto muestrario que retoma como título las palabras de Arthur Rimbaud para resumir sus principales planteamientos. Como lo explicara el mismo Rimbaud en una carta dirigida a Paul Demeny, el poeta buscaba deslindar el cuerpo de la mente para hurgar en las profundidades del alma y, entonces, alcanzar un lenguaje universal. El llevar a cabo un desdoblamiento de su persona “a través de un largo, inmenso y razonado disfuncionamiento de los sentidos”, le permitiría desentrañar las relaciones entre el Yo y el mundo. Castillo, por el contrario, parece partir de la superficie para explorar las apariencias. Multiplica sus autorretratos y las distintas componentes de su rostro para rastrear la relación del individuo con el otro, que con frecuencia es uno mismo. Al tratar con trío distanciamiento la efigie de su persona, la artista no sólo rompe con las acepciones tradicionales del género del autorretrato, en tanto espejo psicológico del ser, sino que objetualiza y conceptualiza ese Yo al que se refiere como a una tercera persona.

Al transformar al sujeto en objeto de contemplación, Castillo propone un repertorio de imágenes que conforman la personalidad, al tiempo que aborda las diversas implicaciones de la alteridad. En su Autorretrato como cualquiera (1996), su rostro se adivina con dificultad bajo una superficie desvanecida de tonalidades carnosas, que espera adoptar alguna identidad. De manera similar, en Autorretrato como otra persona (1996), su efigie se desdobla y transfigura sus rasgos, dando lugar a dos caras de expresiones distintas que, sin embargo, no dejan de ser una misma.

Exposición Individual: Mónica Castillo — imagen 1
Mónica Castillo. Autoretrato como cualquiera, 1996. Óleo sobre tela. 80 x 70 cm. Cortesía: Galería Camilo Gil.

La desagregación del individuo a la que alude la artista en sus cuadros es aún más evidente en el Autorretrato para armar (1995-1996). La obra está conformada con ocho piezas bordadas que presentan, uno a uno, los distintos componentes de su rostro —ojos, piel, vello, boca, pestañas, cejas y pelo.

En ella, Castillo nos invita a reconstruir su identidad, sugiriendo con cinismo que la propuesta de cada espectador será la apropiada y que, sin embargo, ninguna corresponde a su propia realidad. Algo similar sucede con Modelo para autorretrato 1 y representación y Modelo para autorretrato 2 (1996-1997), dos piezas elaboradas con estambre, que utilizan como soporte la cabeza de un maniquí. Mientras que la primera ostenta las fechas correspondientes al día en que fue tejida cada una de su partes, la segunda sigue en espera de su realización.

Castillo establece un juego entre identidad pública y privada, que es retomado en la serie de cinco fotografías digitalizadas reunidas bajo el título de Autorretratos hablados (1997). Los cinco rostros de la artista revelan variaciones mínimas de una a otra imagen, que serían imperceptibles si fuesen presentadas de manera aislada. Al multiplicar las efigies y presentarlas en conjunto, Castillo subvierte el carácter de autenticidad del que goza la fotografía, y sugiere que no existe un rostro verdadero pues, entre estas imágenes, resulta imposible identificar un original. El título de la pieza no sólo alude a la ineficacia de la palabra y a los problemas que surgen de la comunicación cuando se trata de confrontar dos subjetividades, sino, también, a los distintos rostros que nos conduce a adoptar la vida en sociedad. En Currículum (1997), una extraña pedacería de ojos, narices, bocas y orejas, cuidadosamente alineada sobre un rostro sin rasgos, se refiere nuevamente a la naturaleza fragmentada del sujeto posmoderno, cuya identidad se transforma día a día. El trabajo en superficie que realiza Mónica Castillo en cada una de sus obras postula la imposibilidad de definir una identidad absoluta, ya que ésta se construye según las apariencias y depende tanto de la imagen que deseamos proyectar como de las distintas interpretaciones que se hagan de ella.

MAGALÍ ARRIOLA

Mónica Castillo, por Magalí Arriola | artnexus