Exposición Individualene 1998 - mar 1998· Por Marta Rodríguez

Miguel Huertas

Galería Diners

Miguel Huertas es un artista colombiano que inicia su carrera en los primeros años de la década del ochenta; desde entonces se le ha conocido esencialmente como dibujante, práctica que en los últimos años ha venido alternando con la docencia en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional. En esta doble condición, Huertas se ha revelado como un artista reflexivo que asume, como el artista conceptual Joseph Kosuth en su escrito titulado Arte y filosofía, que ser artista hoy en día implica reflexionar sobre la naturaleza del arte. Característica que se hace evidente en su última exposición individual realizada en la Galería Diners durante los meses de septiembre y octubre, titulada El gesto y el dibujo, proyecto con el que Miguel Huertas ganó una Beca de Creación de Colcultura en 1995, en el que el artista reflexiona a través de la elaboración de imágenes, en torno al gesto, al dibujo y a la relación que estas imágenes establecen con el espacio arquitectónico en el que se presentan.

La exposición estaba conformada por una serie de dibujos elaborados sobre diversos soportes (papel, yute, tela) y realizados con distintos materiales, tales como carbón, grafito, tinta, tierras, corrector, hilos y lanas que se organizaron en tres grupos de acuerdo con las intenciones que guiaban a cada uno de ellos, distribución que se adecuó a la estructura espacial del lugar. El tema de los trabajos, dice Miguel Huertas, es el acto de dibujar. El dibujo se asume como un acto que es manifestación del pensamiento que convierte la superficie en signo. De este gesto primario surgen la legibilidad, el devenir, la imagen y el sentido.

Exposición Individual: Miguel Huertas — imagen 1
Miguel Huertas. De la serie Presencias; Torso, 1997. Dibujo en graflto y carbón. 85 x 55 cm.

En la sala central se instalaron una serie de telas bordadas que recibían el nombre genérico de Vestir los muros, en la que se hace explícita su reflexión en torno a la relación que se establece entre la obra de arte y el espacio arquitectónico que la contiene. Para la elaboración de estos trabajos, Miguel Huertas invitó a otras personas para que bordaran en telas de distinto formato, que fueron colocadas directamente sobre la pared omitiendo el marco, de manera que es la arquitectura, los muros, la que enmarca la obra. Este espacio recibía al visitante desprevenido con una tela “bordada” de color beige, de formato redondo, casi imperceptible, directamente colocada sobre el muro, y remataba con un dibujo absolutamente lineal realizado en lana negra sobre un gran panel blanco. En estos trabajos, además de la intervención del espacio, surgen inmediatamente ante la mirada del espectador las múltiples relaciones que se establecen entre el hilo y la línea, la tela, el papel y el muro, entre el acto de coser y el acto de dibujar, relaciones que con características diferentes encuentran un eco en los dibujos dispuestos en los otros espacios de la galería.

En las dos salas aledañas al hall se encontraba una serie de dibujos de diverso formato, todos ellos realizados sobre papel. En la primera sala se agrupó una serie de dibujos con los títulos Acumulación, Superficies y Apariencias. Con el primer nombre se hace mención a los procedimientos utilizados en su factura, y con el segundo título se nombra una serie de dibujos que no son otra cosa que superficies realizadas con rodillo, en las que persiste un gesto vertical y uniforme que cubre la hoja de papel. Estos trabajos, en ausencia de la figura, y por lo atractivo de su factura, permitían que en primera instancia se asumieran como dibujos abstractos, como superficies formalmente atractivas y estéticas, pero la intromisión del título y el contexto en el que surgen desdibujan esta impresión, y es así como de lo puramente formal pasamos al universo del sentido; estas obras no nos hablan del mundo abstracto sino que remiten a su esencia, a su origen, a la forma como fueron realizadas, que en última instancia responde al gesto y al acto del dibujo. En esta misma sala se incluía una serie de dibujos en los que aparecen rostros y gestos humanos, que se titulaban Apariencias.

En la tercera sala se encontraba una serie de dibujos de mayor formato, denominados Presencias, donde se hace referencia a la presencia y la ausencia del cuerpo, de manera que en ocasiones nos encontramos ante superficies que muestran abiertamente la presencia del cuerpo, o su huella o un fragmento del mismo y, en otras ocasiones, ante superficies laboriosamente trabajadas con trazos y frotados. En una y otra sala el espectador se encontraba ante imágenes sugerentes que en virtud de su delicada y sensible factura permitían reflexionar sobre la naturaleza del dibujo, al tiempo que se constituyen en superficies que propician un enorme placer sensorial.

La muestra estaba acompañada por un escrito del artista, en el que se incluyen dos textos. El primero es una reflexión en torno al espacio en el que se instaura la obra moderna y al acto de dibujar. En este escrito dice Miguel Huertas que sin pretender explicar su obra, quiere otorgar al espectador una clave que lo ilustra sobre sus intenciones. Y el segundo es un fragmento del diario del taller, en el que a través de un relato nos deja saber que en el gesto está presente aquello que no se piensa pero que obedece a causas muy profundas. La lectura de sus reflexiones, así como la mirada atenta que el espectador haga de sus trabajos, evidencia que detrás de la mirada subyace todo un mundo de reflexión que es parte esencial del acto de dibujar, del acto de hacer arte.

MARTA RODRÍGUEZ

Miguel Huertas, por Marta Rodríguez | artnexus