Una muestra retrospectiva de María Izquierdo (1902-1955), una de las figuras más destacadas del arte latinoamericano del siglo XX, tuvo lugar en Americas Society durante los meses de mayo, junio y julio de 1997. La exposición, curada por Elizabeth Ferrer, reunió una importante selección de las obras de esta gran artista, reconocida en el ámbito del arte moderno mexicano por su estilo poético y autobiográfico.
María Cenobia Izquierdo nació en San Juan de los Lagos, Jalisco. Al quedar huérfana, fue criada por su abuela y una tía, mujeres devotas que educaron a la joven en un ambiente de estricta religiosidad. A los catorce años, contrajo matrimonio con Cándido Posadas, un militar con quien tuvo tres hijos, y con quien se trasladó a Ciudad de México, en 1921. En la capital, María Izquierdo se identificó inmediatamente con el rico ambiente cultural que floreció en los años veinte y, rompiendo con los esquemas conservadores que habían caracterizado su vida hasta entonces, se separó de su esposo y se inscribió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1928. Su experiencia académica duró muy poco. Frustrada por la rigidez del método de enseñanza, y rechazada por sus compañeros luego de ser señalada por Diego Rivera, con la célebre frase "Esto es lo único", como la más destacada en el marco de una exposición de alumnos del plantel, María Izquierdo abandonó sus estudios formales.

A partir de 1929, Izquierdo mantuvo una estrecha relación sentimental y profesional con Rufino Tamayo1. Durante su convivencia con Tamayo, desarrolló un estilo pictórico propio y logró ser reconocida como una artista dedicada. En 1930 expuso en el Art Center en Nueva York, convirtiéndose en la primera mujer mexicana en mostrar individualmente en los Estados Unidos. Paralelamente, una de sus obras fue incluida en la exposición Artes mexicanas, en el Metropolitan Museum of Art. Sus éxitos a nivel profesional se vieron opacados por el rompimiento con Rufino Tamayo, en 1933. A partir de ese momento, su vida personal fue una constante lucha por sobrevivir como madre soltera y como artista, dos condiciones rechazadas por la sociedad mexicana. Sin embargo. Izquierdo logró mantenerse a flote, convirtiéndose en una pionera, tanto en el ámbito artístico como en el político, y destacarse como una líder de la emancipación femenina.
A principios de los años cuarenta, su obra logró grandes éxitos, y fue expuesta en Estados Unidos y en América del Sur. En un segundo intento por organizarse sentimentalmente, contrajo nupcias con el pintor chileno Raúl Uribe, en 1944. En 1948, Izquierdo sufrió una embolia y, a partir de entonces, su vida se convirtió en un calvario. A su difícil recuperación le siguió una segunda embolia, en 1950, y su divorcio, en 1953. Pese a las grandes dificultades económicas y sentimentales, y a su mal estado de salud, María Izquierdo pintó hasta sus últimos días. Falleció a los cincuenta y tres años, dejando un importante legado artístico que pudo ser admirado por primera vez, en los Estados Unidos, en La verdadera poesía - El arte de María Izquierdo.

La exposición, organizada temática y cronológicamente, muestra acertadamente el desarrollo del estilo pictórico de Izquierdo. La muestra comienza con la obra más temprana, caracterizada por retratos y bodegones. El colorido ocre-terroso y el sentido realista de cuadros como La sopera (1929) o Mujer con paraguas (1936), posiblemente un retrato de Lola Álvarez Bravo, marcan los inicios de su estilo y sugieren una comparación con la obra de Tamayo. La obra titulada Ex-voto (1939) marca el inicio de la postura respecto a la cultura y las tradiciones populares. Al igual que los maestros del modernismo mexicano. Izquierdo exalta en su obra los valores históricos y culturales de su país. Sin embargo, a diferencia de los muralistas, la artista rechaza el realismo social y el arte propagandístico, y desarrolla un lenguaje personal, íntimo y poético que le permite expresar un mensaje universal, manteniendo siempre su mexicanidad.
En ninguna de sus obras es esto más cierto que en las alegorías, obras de pequeño formato realizadas en gouache y/o acuarela sobre papel. Las alegorías de Izquierdo, mundos imaginarios donde mujeres desnudas y sirenas habitan ruinas de templos griegos y entornos cósmicos, representan claramente el mundo de María Izquierdo, un mundo dominado por el hombre —en Alegoría del trabajo (1936) aparecen unas piernas masculinas como símbolo de esa dominación—, en el que la mujer vive y sufre— en Consolación (1933) hace referencia a su rompimiento con Tamayo. Fueron estas alegorías las que llamaron la atención del poeta francés Antonin Artaud, en 1936. Artaud, quien viajó a México junto con otras personalidades de la vanguardia europea, se convirtió en su mentor y la introdujo al surrealismo, una línea que permeó su obra, sin llegar a caracterizarla completamente.

El mundo femenino de Izquierdo se refugia también en el circo, tema de la serie realizada paralelamente a las alegorías. Trece obras inspiradas en sus recuerdos de infancia (el circo era una de las pocas alegrías que tenía de niña cuando vivía austeramente en pueblos como San Juan de los Lagos, Aguascalientes, Torreón o Saltillo) recrean figuras femeninas congeladas en el tiempo, artistas sin público, sumidas en una atmósfera melancólica y solitaria —La cirquera (1932), Caballista del circo (1932)—. En esta serie. Izquierdo cambia su paleta e incluye colores rosas, azules y amarillos, inspirados en las artes populares mexicanas. Este colorido se convierte, desde ese momento, en una constante en su estilo pictórico. A nivel temático, el circo introduce también el caballo, sujeto recurrente en obras posteriores.
En los años cuarenta, Izquierdo retoma los géneros del retrato y el bodegón. La muestra incluye una serie de retratos, principalmente de mujeres, autorretratos (en los que se muestra vistiendo trajes típicos), parientes y amistades de la artista —Mis sobrinas (1940)— y personajes populares —India Tarasca (1944)—. Entre los retratos se destaca el de Henri de Chatillon (1940), una composición que incluye un personaje posando en ropas europeas, y el cuadro con la figura pintada usando un sombrero típico de paja. La manipulación de la imagen se hace más evidente al incluir en el lienzo su propia mano sosteniendo el pincel.
Además de los retratos, Izquierdo realiza naturalezas muertas y altares que incluyen objetos personales, comida y artesanías, tomadas de rituales y tradiciones populares. La curadora de la muestra expone estos cuadros junto con paisajes inspirados en la geografía local y denomina a este período Mexicanidad. Todas las obras permiten estar inspiradas por la cultura y el paisaje mexicanos y están marcadas por un matiz claramente autobiográfico. En El velo de novia (1943), por ejemplo, la composición incluye una serie de objetos personales, entre otros, un sombrero, unos guantes, una mantilla, un velo y un ramo de flores (un año más tarde contraería nupcias con Uribe), mientras que en Alacena con dulces cubiertos (1946) incluye dulces típicos, caballitos de adorno y papel picado, en tonos alegres y brillantes. Una composición interesante es Naturaleza viva con huachinango (1946), en la que aparece en un pez rojo, pintado con gran realismo, enmarcado por un paisaje más oscuro. Además del contraste entre la vitalidad del simbolismo del pez y la avidez del paisaje, inspirado en las provincias norteñas en las que vivió de niña, se destaca el gusto de Izquierdo por los elementos orgánicos, constantes en este tipo de obra, considerada como una exploración íntima de su identidad2.
A finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, los problemas físicos y emocionales influyen claramente su última etapa artística, la más fuerte, la más profunda y la más difícil. En Sueño y presentimiento (1947), el único cuadro de Izquierdo inspirado en un sueño, se representa en una ventana, sosteniendo por la cabellera su cabeza descuartizada y llorosa, en medio de un paisaje lúgubre, cargado de símbolos cristianos relacionados con la muerte. A partir de ese momento, la artista retoma temas pintados anteriormente, y realiza obras únicas marcadas por un fuerte tono melancólico. La más interesante de todas ellas es Hacia el paraíso (1954), un cuadro casi abstracto en el que el mundo se divide en un suelo cálido, donde arde una hoguera, y en un cielo nublado, donde aparece una pequeña ventana, quizá la posibilidad de un mundo distinto al que vivió y pintó, un paraíso lejos del mundo terrenal que dejaría un año después.
La muestra será presentada en el Santa Barbara Museum of Art, Santa Bárbara (otoño, 1997) y en el Art Museum of South Texas, Corpus Christi (invierno, 1998).
NOTAS
1. La relación entre María Izquierdo y Rufino Tamayo es el tema del ensayo "El estudio compartido", escrito por Olivier Debroise, incluido en el catálogo de la exposición The True Poetry, The Art of María Izquierdo, ed. Elízabeth Ferrer, Americas Society, Nueva York, 1997.
2. Elizabeth Ferrer, "Un sendero singular: el desarrollo artístico de María Izquierdo". Ensayo incluido en The True Poetry. The Art of María Izquierdo, ed. Elizabeth Ferrer, Americas Society, Nueva York: 1997.
FRANCINE BIRBRAGHER

