Exposición Individualene 1998 - mar 1998· Por Inés Katzenstein

Margarita Paksa

Museo de Arte Moderno de Buenos Aires – MAMBA

Durante los años sesenta, Margarita Paksa fue una de las iniciadoras del arte conceptual en Argentina y una figura clave del mítico Instituto Di Tella que reunió las expresiones artísticas más avanzadas y críticas de la década. La obra de Paksa, sus proyectos multimedia, sus objetos, sus videos, su participación en experiencias artístico políticas colectivas, e incluso los 8 años de auto silenciamiento artístico que prosiguieron a la decadencia del Instituto Di Tella, derivaron siempre de un estrecho diálogo con la realidad sociopolítica, lo cual, obviamente, contrasta con la apariencia de inocencia y de ensimismamiento acrítico con que se disfraza el arte de los años noventa en Argentina.

Este fin de año, la nueva gestión del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, liderada por la crítica Laura Buccellato, otorgó una sala a Margarita Paksa para que llevara a cabo un proyecto que había ideado para el Instituto Di Tella en 1967, pero que nunca había concretado. La artista, sin embargo, decidió no guiarse por los apuntes que había hecho en aquel entonces, y creó una versión nueva, respetando la idea original: instaló en el espacio del Museo una cancha de tenis, y la acompañó con un discurso acerca de la dominación que ejerce en la sociedad contemporánea la dicotomía entre la figura del perdedor y la del ganador.

Exposición Individual: Margarita Paksa — imagen 1
Margarita Paksa. Perdedor y ganador. 1967-1997. Foto fija de video, parte la instalación en multimedia. Dimensiones variables.

La cancha de tenis, de 6 x 12 metros, realizada a la manera realista, tuvo la particularidad de estar dividida por una red de altura desmesurada, que impedía toda posibilidad de juego. A cada lado de la red, sobre la pared, se habían suspendido dos carteles luminosos, "Tú eres el ganador y Tu eres el perdedor", que se prendían y apagaban alternativamente. La pequeña cancha estaba apenas iluminada por las irradiaciones de un tubo de neón que resaltaba el territorio de juego y cuestionaba tanto la posibilidad de la competencia —que se hallaba obstaculizada por la red— como la definición de un resultado positivo, ya que los dictámenes de perdedor y ganador se repartían entre uno y otro de los jugadores imaginarios, de manera caprichosa y pendular.

Así, a través del planteamiento de un territorio de juego anómalo y excepcional, Paksa denuncia el esquematismo bipolar que rige el pensamiento occidental. Pero su denuncia se extiende del laconismo reductivo de la cancha de tenis a la verborragia de un video, proyectado sobre la pared, en el que la artista, con la parsimonia y la claridad de una profesora de escuela, habla acerca de cómo los conceptos de perdedor y ganador organizan la cultura neoliberal, desde el deporte al resto de las prácticas sociales, porque se halla en los cimientos mismos de su estructura. Con una calma irónica, Paksa explica entonces cómo la dominación de un modo de pensar basado en pares de opuestos se remonta hasta la Grecia Clásica, dividiendo las cosas a través de un esquema de conflicto en el que no parece haber espacio para la síntesis.

Tal vez el momento más angustioso de los once minutos del video, es cuando la artista sugiere que la dominación del pensamiento binario continúa vigente, sin que, sin embargo, se vislumbre la posibilidad de una alternativa crítica que ponga en cuestión el estado actual de las cosas.

Lo interesante de la obra es que está hecha privilegiando el lenguaje de un programa de computación. La presencia del busto parlante de Paksa aparece sometida a los juegos de apertura, cierre y superposición de ventanas, cortes, repeticiones y signos propios del programa Adobe Premiere. El registro continuo de la argumentación oral de la artista se combina con la fragmentación de la imagen que posibilita la computadora.

En un mundo dividido artificialmente entre ganadores y perdedores, para comunicar sus ideas, Paksa adopta con perspicacia el idioma de los vencedores: el lenguaje binario y fragmentado de la computadora. La potencia crítica de esta artista sigue vigente, sin duda, por esta capacidad de adaptación a los nuevos medios, y también por la fuerza que sigue teniendo, a pesar del cambio de los tiempos; por el poder persuasivo de las ideas, expresadas en este caso a través de uno de los más viejos recursos: la palabra hablada.

La pregunta que queda sin responder gira en torno a los efectos que puede llegar a tener una obra como la de Paksa en un contexto de notoria anestesia política, como es el caso del medio artístico argentino. ¿Habrá actuado como un resaltador de la pasividad y la estetización de gran parte del arte argentino actual?

INÉS KATZENSTEIN

Margarita Paksa, por Inés Katzenstein | artnexus