Exposición Individualene 1998 - mar 1998· Por Marta Rodríguez

Luis Caballero

Museo Nacional de Colombia

Durante el segundo semestre de 1997, en el Museo Nacional de Bogotá estuvo exhibida la exposición Sin título, de Luis Caballero, que recoge buena parte de su producción realizada en la década del sesenta, específicamente durante los años de 1966 a 1968, único período en el que el artista, fallecido en 1995, trabajó en Bogotá. La exposición que fue curada por Beatriz Caballero, Beatriz González y Juan Camilo Sierra Restrepo, se constituye en una de las más significativas realizadas en este año a nivel nacional. Su importancia radica, además de la relevancia del artista escogido y de la calidad de los trabajos exhibidos, en la dimensión con la que la curaduría enfoca esta década, específicamente a través del trabajo que durante ella realiza Luis Caballero; esta muestra también se destaca por un excelente y osado montaje, así como por el catálogo que la acompaña.

La exposición gira en torno a la obra La cámara del amor, o Sin título, con la que Luis Caballero ganó el primer premio en la I Bienal Iberoamericana de Medellín en 1968. Se trata de un políptico pintado con técnica mixta sobre tela, y compuesto por dieciocho paneles que por primera vez se muestran en su totalidad, los que se articulan entre sí dando lugar a un espacio cúbico tridimensional que rompe con la condición bidimensional de la pintura. Esta pieza y las que le precedieron, vistas desde la perspectiva actual, permiten comprender que las preocupaciones de Luis Caballero siempre fueron las mismas y que una particularidad del trabajo realizado en esa década radica en las fuentes a las que el artista recurrió, que son radicalmente diferentes a las de su obra definitiva en la que prevalece un expresionismo exacerbado que recuerda las obras más dramáticas de Miguel Ángel, Gericault y Delacroix.

Exposición Individual: Luis Caballero — imagen 1
Luis Caballero. Sin título, 1968. Técnica mixta sobre cart6n. 23.7 X 292 cm.

La trayectoria de Luis Caballero se ha dado a conocer en Bogotá a través de dos exposiciones retrospectivas exhibidas en la Biblioteca Luis Ángel Arango, una de ellas titulada Retrospectiva de una confesión realizada en 1991. Al observar retrospectivamente el trabajo de Caballero se hace evidente que el momento de los sesenta fue un período peculiar, sumamente corto, pero así mismo muy intenso; fue un momento de formación en el que se inicia una incesante búsqueda llena de matices sugerentes que son los que esta muestra examina de forma exhaustiva. En los sesenta, Luis Caballero busca un lenguaje y unos modos de expresión propios, dando lugar a una figuración en la que conviven rasgos del pop, particularmente Alan Jones, con el expresionismo de De Kooning y Bacon, y con la gestualidad de Matta, influencias que pone en relieve la muestra del Museo Nacional y que dan origen a una iconografía muy propia que es abandonada en los setenta, por otra que insiste, como la anterior, en capturar en una imagen el éxtasis, la violencia, la pasión amorosa de cuerpos que desesperadamente se acercan, se tocan y se buscan, para lo que Luis Caballero recurre a una figuración en la que está presente lo monumental, la fuerza y la tensión de los cuerpos, que se traduce en el gesto, en el trazo que prima en su dibujo y en su pintura, rasgos que son comunes a toda su producción, en la que, como lo dijera el propio artista, siempre buscó la misma imagen. En ella persiste la presencia del erotismo que en los sesenta, a diferencia de sus otros momentos, no es tan espiritual y místico, sino que se acerca más a la brutalidad de los cuerpos destrozados de Bacon, es un momento en el que, como el propio artista lo declaró "Estoy dedicado a copiar a Bacon de la manera más descarada".

El propósito del políptico se hace explícito en las palabras del pintor quien dijo "Pintar no es hacer cuadros, pintar es expresarse por medio del color y de las formas. Crear con estos elementos algo que tenga vida propia. Algo que emocione, que inquiete y que tenga una verdadera presencia (...) el espectador por lo general rechaza esa presencia, y no llega a comprender y aceptar ese nuevo mundo que cada artista propone (...) De ahí la idea de introducir al espectador en un cubo pictórico, con la esperanza de forzar sus sentidos y hacerlo ver y entender. Sobre todo ver." 

La exposición reunió 49 obras entre bocetos, dibujos, pinturas y grabados que fueron organizados teniendo en cuenta cuatro momentos en el desarrollo del trabajo de Luis Caballero. El montaje de la muestra se propuso destacar esencialmente la presencia del políptico, sus antecedentes y consecuencias, de manera que cuando el espectador ingresa a la sala lo recibe un dibujo de gran formato de 1966, que da inicio a una perspectiva en diagonal que visualmente remata con el políptico, pasando antes por una pintura de fuertes colores planos; en los extremos laterales de la sala, muy cerca del techo, se colocaron dos pinturas que sobresalían sobre todo el conjunto; así, de un primer vistazo, el visitante aprehende las etapas esenciales por las que pasa Caballero en este corto y fecundo período. El recorrido se inicia con una serie de dibujos trabajados al óleo sobre papel, de 1966, en los que con un excelente y firme dibujo se evidencia una voluntad eminentemente expresiva que recurre a trazos blancos y negros, muy libres y gruesos, que anuncian esa característica suya que oscila entre lo pictórico y lo lineal; los cuerpos macizos y cerrados también se anticipan en esta etapa.

Luego aparece una segundo momento que ocurre en el mismo año, definitivamente influido por el pop, Bacon, De Kooning y Matta, donde nos encontramos con algunas pinturas trabajadas con colores vivos, en ocasiones muy planos, en cuyas imágenes recordamos a otros tantos artistas colombianos que en aquella década incursionaban en búsquedas similares; sin embargo, en la fuerza de los cuerpos se encuentra ese sello inconfundible que caracteriza el trabajo de Caballero; en este conjunto llaman la atención dos figuras de mujer en vestido de baño, con un acentuado matiz pop, pintura que convive con otras de tono más expresivo; esta etapa remata con una serie de dibujos con color de pequeño formato, en los que se anuncia el políptico a través de un grafismo nervioso que se combina con manchas de colores. Y después de éste aparece la última etapa, titulada Resumen y apoteosis de una forma, donde Luis Caballero abandona el tema del cuerpo femenino, y nos encontramos ya con los cuerpos de hombres yacentes que, como en el políptico, se acercan se alejan, se levantan y caen, cuerpos con los que Luis Caballero insiste en su habitual dibujo pictórico donde evidentemente la línea va llegando a una síntesis formal que también se observa en algunos de los grabados incluidos en esta muestra. Orientando al espectador en cada fase, fueron colocados paneles con información crítica o comentarios del propio artista, que facilitaban la comprensión del conjunto.

El catálogo que acompañó a esta exposición cuenta con la colaboración de Beatriz Caballero, escritora y hermana del pintor, quien presenta una semblanza cercana y afectiva que permite abordar, desde otros ángulos, rasgos del artista y aspectos inéditos de su producción. En el catálogo se incluye un artículo del crítico británico Edward Lucie-Smith, quien se encarga de trabajar detalladamente las influencias de los artistas extranjeros en la obra de los sesenta de Luis Caballero, influencias que son estudiadas cuidadosamente y abordadas luego teniendo en cuenta la biografía del artista. La investigación realizada por Beatriz González, acorde con la nueva política del Museo, presenta un decidido corte histórico que se preocupa por ubicar el trabajo de Luis Caballero de los sesenta, en el ámbito de la producción nacional, que desde la década anterior había dado un viraje definitivo hacia el arte moderno, favorecido por la acción de la crítica Marta Traba. Esta mirada detallada a un segmento de su producción, sin duda da luces para comprender su significación en el ámbito de la historia del arte nacional. Además, el catálogo cuenta con una excelente reproducción de obras; se incluyen todas las obras expuestas, así como una cronología, hemerografía y bibliografía, de manera que el catálogo publicado se convierte en un aporte definitivo al escaso material de investigación histórica con que cuenta el país.

MARTA RODRÍGUEZ

Luis Caballero, por Marta Rodríguez | artnexus