En 1967, cuando José García Cordero tenía 16 años, Miguel Ángel Asturias se convirtió en el primer novelista latinoamericano en ganar el Premio Nobel; el Che Guevara murió como un mártir reverenciado en las montañas de Bolivia, y el escritor colombiano Gabriel García Márquez publicó Cien años de soledad, la primera novela latinoamericana que alcanzó el estatus internacional de best seller. Era una combinación embriagadora para los jóvenes: una década de lo utópico. Nuevo Cine, Nueva Trova, La Nueva Izquierda. Incluso 1968 se mantuvo nuevo debido a las manifestaciones estudiantiles que estallaron por todo el mundo desde Tokio hasta París, desde Berkeley hasta Ciudad de México. Los hippies y los yippies difundieron nuevas doctrinas políticas a lo largo y ancho de los Estados Unidos, en donde la brecha generacional entre jóvenes y viejos se ensanchó. Las fuerzas especiales de la policía de Tlatelolco, México, abrieron fuego sobre una manifestación obrero-estudiantil, con lo cual se creó una grieta inolvidable entre el viejo y el nuevo México. En América del Sur, Brasil y los países del Cono Sur estaban explorando el último arte vanguardista como el pop, el conceptual, el performance y el arte postal, los cuales abrieron nuevos y amplios caminos de expresión, especialmente para los asuntos latinoamericanos, justo cuando la larga noche de las dictaduras empezaba a declinar. Cuba asombró al mundo con sus sobresalientes carteles políticos y cinematográficos, mientras que, en los primeros años de la década de los sesenta, Argentina y México promovieran un movimiento continental de arte existencial y de crítica social, que utilizó el recurso de la monstruosidad como evidencia de la corrupción y decadencia humanas en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial2.
José García Cordero, nacido en 1951 en la ciudad de los Caballeros (República Dominicana), recibió las vibraciones de todos estos cambios e innovaciones, sitiado en su país por las corruptas y prolongadas dictaduras de Rafael Leonidas Trujillo Molina (1930-1960), quien fue asesinado, y Joaquín Balaguer (1966-1996), quien se retiró a los 89 años de edad. Los dos gobernaron con el apoyo de los Estados Unidos, que en 1963 derrocaron el gobierno de Juan Bosch, elegido democráticamente3. Esta breve permanencia de Bosch en el poder y sus intentos por democratizar la nación produjeron un período de euforia que fue compartido por los artistas dominicanos, en contraste con el desasosiego y la inconformidad que habían manifestado ante los estrictos controles ejercidos sobre la libertad de expresión durante los regímenes dictatoriales. Por ejemplo, bajo la dominación de Trujillo, los artistas se vieron obligados a expresar sus ideas de una manera sutilmente disfrazada. Hacia los años sesenta, la búsqueda de la dominicanidad se había vuelto compulsiva, y para 1968, en medio de la reducción de los fondos destinados al arte y el surgimiento del mecenazgo comercial (rechazado por muchos artistas), se presentaron rebeliones estéticas acompañadas del deseo de establecer lazos internacionales, lo cual hizo que muchos artistas jóvenes viajaran al exterior. Los que se quedaron o eran todavía muy jóvenes en los sesenta, conformaron animados grupos culturales, de los cuales el denominado Grupo 6 (1974) contó entre sus miembros a García Cordero. Preparado como arquitecto e historiador, fue un pintor que hacia 1977 se trasladó a París y viajó luego por Europa y las Américas, aunque regresando constantemente a Santo Domingo. En 1989 dividió su tiempo entre París y República Dominicana y pasó largos períodos en Monte Cristi, en donde construyó su casa y su estudio, y en 1996 estableció otro en Montreuil, en los suburbios de la capital francesa. Esta vida bifurcada está representada en su pintura Perro bilingüe (1993), el retrato, sobre un fondo carmesí, de un frágil perro de ojos tristes y orejas y hocicopuntiagudos, vestido de negro, de cuya trompa penden dos largas lenguas rosadas. He sido bilingüe durante 15 años, dijo el artista en 1993; vivo en un diario bilingüismo. Dos idiomas... son dos mundos, dos pasados, dos historias4.

París, por supuesto, ha sido por mucho tiempo la Meca de muchos artistas latinoamericanos, y considerada el centro metropolitano del mundo del arte (hasta cuando fue parcialmente reemplazada por Nueva York en los años sesenta), y un lugar agradable para los hablantes de los idiomas derivados del latín. También ha sido la ciudad de los refugiados políticos latinoamericanos, como lo resume vivamente la película de Fernando Solanas titulada Tangos: El exilio de Gardel (1986), la cual se remonta a la época de Gardel en París, para mostrar la gran cantidad de exiliados argentinos que huyeron de la "guerra sucia" de la dictadura durante los setenta y los ochenta. Los años setenta también fueron testigos de la enorme afluencia de refugiados chilenos, lo suficientemente numerosos como para fundar su propia galería de arte (ya desaparecida) y su propio restaurante.
García Cordero no solo se unió a esta población, sino que tenía razones similares a las de los argentinos y chilenos para exiliarse: la asfixiante atmósfera de República Dominicana bajo sus sesenta años de dictaduras, su historia de represión, asesinatos y desaparecidos, especialmente bajo el gobierno de Balaguer, los cuales hicieron que para un espíritu libre fuera doloroso residir allí permanentemente5. Bajo el estatus de autoexiliado, la historia de este artista desde 1977 también se convirtió en una historia de viajes exploratorios y agitados, con los cuales intentaba aparentemente reintegrarse a República Dominicana, aunque infructuosamente. Es de notar que sus pinturas —como las de su predecesor Goya— se ven sombrías no por el color, el cual es usualmente brillante, sino por el espíritu. Otra característica de las pinturas de García Cordero es su nacionalismo: su simbolismo y los elementos temáticos —aunque recibieron información de una tendencia internacional de fuentes tanto artística como literaria— generalmente se derivan de lo caribeño. Se basan en el ambiente marino y tropical, reflejan la vegetación y la vida animal de las islas, y son comentarios de la vida social, política y mitológica de La Española o Quisqueya, la nomenclatura taíno-arawak equivalente al Borinquén de Puerto Rico (que señala la división moderna entre República Dominicana y Haití). El hecho de que García escogiera MonteCristi, un lugar del noreste cerca a la frontera con Haití, para establecer su hogar permanente es no solo un símbolo de su herencia personal africana, sino también del exilio político del que fue víctima su padre por parte del gobierno dominicano.
En, efecto la autoimagen del Perro bilingüe, y todo lo que ello implica, podría ser el logotipo para varias generaciones de personas (incluyendo a los haitianos que hablan francés, que emigran a los Estados Unidos y a República Dominicana) despojada de sus patrias por razones políticas o económicas (o ambas), que viven vidas bilingües, en muchos casos sin poder darse el lujo de visitar o retomar a sus países natales. En El mito de Sísifo (1995) se representa una idea relacionada con esto; en esta obra, el bajo y fornido cuerpo del artista sostiene sobre su cabeza una gigantesca serpiente horizontal en forma de arco que le da más longitud a la pintura. En esta obra, pintada en tonalidades de grises, los únicos colores vivos son los de la lengua de la serpiente y los tonos rosados de la piel del abrigado artista, cuya indumentaria refleja su residencia parisina. De acuerdo con el mito griego, Sísifo fue castigado por su arrogancia hacia Zeus, y condenado a la diaria labor de empujar una pesada carga hasta la cumbre de una colina, teniendo que comenzar de nuevo al día siguiente.

La verdadera lección de este castigo repetitivo, tan característico del fatalismo griego, le llegó a García Córdero de Albert Camus, particularmente de su ensayo El mito de Sísifo en el cual Camus expresó por primera vez su teoría del absurdo, una metafísica qué parece desempeñar un papel central en la filosofía de García Cordero. Hombre consciente, enfrentando a un universo ininteligible, que sabe que el conocimiento absoluto no puede lograrse, debe rechazar la desesperación y el suicidio. Sísifo, al cumplir con su diaria tarea es entonces un héroe ejemplar del absurdo, que encuentra la felicidad en su trabajo cotidiano6.
Como lo ha afirmado García, ser bilingüe ha sido difícil; a pesar de sus raíces latinas, aprender francés le exigió mucha dedicación. Me gusta el abandono, una vida sin horarios, pero vivo encasillado entre fechas, con propósitos y acciones por realizar. Necesito este orden tanto como necesito el mar, necesito darle forma a la idea de 'locura'; solo allí yace la subversión, y al lograrlo, desaparece la dualidad7.
Latinoamérica también le dio a García Cordero una clara señal: lo que es fabuloso también puede ser político, social y crítico. El sexo y lo erótico podían ser revolucionarios y liberadores, desde El Cantar de los Cantares de Salomón hasta los hippies. El realismo social había muerto; pero ¡Viva el cristianismo social vestido de plumas caribeñas, colocado en lugares como Macondo o los bosques y playas tropicales dominicanos. Magritte podría ser apropiado para el acto, como podrían serlo las fábulas de Estopo, o los fantásticos mitos del Antiguo y Nuevo Testamento.
El artista no está familiarizado con el bestiario del maestro uruguayo Luis Solari, cuyas admoniciones morales gráficas estaban pobladas de animales vestidos, demonios y santos, y quizás tampoco con los monstruos del caricaturista mexicano José Guadalupe Posada, pero si lo está con los grabados de burros, pollos y otras criaturas inventadas de manera similar por Goya con el propósito de criticar a la alta y baja sociedad española.

No cabe duda de que García se inspiró en la gran bodega de pinturas y grabados europeos que tuvo a su disposición en El Louvre y otros museos desde 1977. Sin embargo, en el siglo que André Malraux denominó "el museo sin paredes", y al que Walter Benjamin se refirió como la era de la reproducción mecánica, siempre están a disposición del lector curioso, libros de todas las clases, aunque no tan copiosamente en el tercer mundo como en los países desarrollados. Ciertamente se emplearon motivos como las pinturas medievales del Ship of Fools (La nave de los locos, u obras moralistas del renacimiento, tales como las de Hieronymous Bosch (El Bosco) —en especial la sorprendente y herética Garden of Earthly Delight (Jardín de las delicias), de la cual García tomó el nombre de una expedición de 1994, a la que tituba The Gardeens of Delirium (Los jardines del delirio). El tema de esta serie está constituido por catorce jarras de vidrio que contienen formas orgánicas grises dentro de un líquido, cada una de las cuales remata en un anturio ceroso de color carmesí, que se encuentran colocadas sobre una ornamentada musita cubierta con un mantel y debajo de la cual aparecen sus famosos perros patéticos. Este paisaje interior es complementado por otro, tomado posiblemente de Camus, Proyecto para un jardín interior de circunstancias: siete cabezas humanas calvas metidas hasta la nariz dentro de las ollas de terracota que se hallan sobre una mesa colocada frente a un caballete y una ventana abierta y que tienen un dispositivo mecánico dentro y un enchufe por fuera.
El Bosco no fue el único que se cruzó en el horizonte de García; también lo hizo Pieter Brueghel, el viejo, especialmente con su famosa Torre de Babel. Efectivamente, el realismo primitivo flamenco con sus sugestivos y a veces microscópicos detalles le parecieron más fascinantes a este artista que el racionalismo de la escuela italiana, y está emparentado de manera más cercana con los naturalistas surrealistas como René Magritte, a quien él ocasionalmente cita. Son parte del popurrí caribeño de García intensificado por la influencia de Francis Bacon (tanto en la forma como en el significado) y por la fascinación con el periodo del barroco. Otra fuente de inspiración está conformada por el adornado, claustrofóbico y abarrotado mobiliario y las baratijas de los hogares de clase media post-victorianos, memorables y nostálgicos resurgimientos que también pueden encontrarse entre los artistas más jóvenes de Puerto Rico y Cuba (exiliados), a menudo con una irónica exageración humorística o dolorosa. En la región del I noreste de República Dominicana en donde él vive, dice el artista, se encuentran muchas casas amuebladas con piezas antiguas (incluso sofás o chaise longues) de formas curvilíneas y tapizados brillantes cuyas patas talladas representan las de algunos animales, tal como las que se ven en sus pinturas habitadas por perros. En las variaciones de sus paisajes interiores aparecen floreros y lujosas mesas, algunas del famoso estilo Regency de Duncan Phyfe, con sus curvilíneas patas que se desprenden en abanico de una columna central que se sostiene la superficie circular, y que son tan frecuentes en los bodegones de Braque.

El mundo de García Cordero es verdaderamente fabuloso: cada obra es una fábula singular, que ilustra un texto no solamente moral, sino también crítico y social. El artista tampoco le confía la totalidad de la dimensión de sus conceptos a la iconografía pintada: los títulos y textos breves amplían sus ideas, siguiendo una tradición entrañable de la cultura latinoamericana, criticada por mucho tiempo por los modernistas y formalistas europeos y norteamericanos. Títulos como Cabeza sobre una mesa barroca, El espejo de la razón, El diablito de la mesa de noche, Un día de pesca en Haití, coexisten con homenajes a pintores y escritores específicos: El sueño de García Márquez, El sueño de Magritte, Flores del mar (en la que un filete de salmón colocado sobre una fuente de plata tiene un ojo real, como la tajada de jamón de Magritte colocada sobre un plato), o El discreto encanto de la burguesía, derivado de la famosa película de Buñuel. García es un lector insaciable; sus lecturas incluyen a Dante, El marqués de Sade, Jorge Luis Borges (seguramente las meditaciones sobre la biblioteca de Babel, en la cual los investigadores se pasan la vida en cuartos hexagonales en una búsqueda constante de significado; La lotería de Babilonia, que se refiere a un estado administrativo como una lotería, con premios y castigos asignados totalmente al azar, tienen su paralelo en algunas de las obras de García, especialmente en sus dos pinturas babélicas), los cuentos de Julio Cortázar,o la poesía de José Lezama Lima, etc. Los motivos más políticos, aunque todavía en el reino de la fábula o la alegoría, incluyen varias versiones de Boat People (Los balseros), Crimes of Impunity (Los crímenes de la impunidad) de Joaquín Balaguer (Bosque del ahorcado), Apoteosis de un dictador, El coquero, La tortura nunca termina y Bienvenidos al Caribe —en la cual un grupo de perros montados sobra columnas inmersas en agua, frente a una paradisíaca escena colinas y nubes, le dan una feroz mirada con sus ojos rojos a los visitantes; los ridiculizados animales, es decir, los nativos del "paraíso", ya no son tan receptivos a un turismo que los explota.
La obra Torre de Babel tiene dos versiones. La primera torre (1994) está compuesta, en forma sorprendente, de dentaduras postizas completas, realmente con la intención de que se vean como parte del esqueleto, ya que el cráneo juega un papel repetitivo en la iconografía de García. La idea de las bocas muertas que representan la alegoría de Babel, en la cual el Dios hebreo reemplaza a Zeus para castigar a la humanidad por sus transgresiones contra el poder divino, contiene múltiples niveles de significados nuevos. En la era postmodernista el habla ha sido reemplazada por los medios masivos de comunicación y de diversión. La mudez es una forma de muerte, ya que va más allá de la incomprensibilidad lingüística: se extiende al cerebro, que se mantiene mudo por la manipulación corporativa de los medios de comunicación. De otro lado, el artista considera que estas bocas que sonríen falsamente son una sátira política al expresidente norteamericano Jimmy Carter, quien al sonreír muestra todos sus dientes. En la segunda versión, denominada Watch Tower [Garita], en recuerdo de una canción de Bob Dylan interpretada por Jimi Hendrix, titulada All Along the Watch Tower, García Cordero reemplaza los dientes por ojos, una predicción orwelliana aún más aterradora de ser constantemente vigilado.

Si se consideran a la inversa, también pueden referirse al hecho de dar testimonio basado en lo que puede verse y observarse. Estas torres de Babel son claramente contemporáneas.
El último perro (1994) emplea un leitmotiv del artista, que en ocasiones le sirve como sustituto de sí mismo. Humildes, eróticos, sentimentales, tristes, con grandes ojos y narices, puntiagudas, los perros aparecen constántemente. Él los considera víctimas: una parodia de gente que no opone resistencia a la opresión y asume las características de los perros (mansos o feroces). Los de la clase media que se sientan en una chaise longue (El discreto encanto de la burguesía II) aseguran su estatus con sumisión; los que sufren pueden llegar a ladrar o gruñir pero nunca atacan a sus amos. El último perro enrosca la cola humildemente alrededor de la columna que se encuentra en el agua: la beligerancia de Bienvenidos al Caribe no se ve por ninguna parte. La obra Sólo el filete se considera importante (1996) representa a otro actor ubicuo en el teatro de García Cordero: el más común en su categoría de animales marinos. Es una mezcla del dorado, (delfín) pescado por deporte y como alimento, al cual le han sido agregados agudos dientes semejantes a los de la barracuda. Entre los estériles árboles, el agua salada y las colinas de la bahía de Ocoa —a pesar de su enervante humedad y calor— , muchos deportistas (¿turistas/empresarios?) utilizan la bahía como un lugar excelente para la pesca marina. García Cordero emplea el lugar como una metáfora que representa la explotación de los recursos y de la población caribeños; una vez que la carne ha sido consumida, nada más importa.
Finalmente, dos pinturas muy recientes, Bájate de esa nube (1996) y Apoteosis de un dictador (1997), han abandonado temporalmente el color. La nube puede referirse a la aparición atmosférica detrás de la cual se esconden pequeños aviones semejantes a tiburones, con ceñudos pilotos conectados a audífonos; o tal vez se refiera al concepto de salir de un sueño (reforzado por la figura juvenil del artista parado sobre una escalera que se mete entre las nubes. Aquí la regencia es el tráfico de cocaína a través del Caribe el cual, accidental o deliberadamente, pasa inadvertido para quienes se hallan en tierra. Apoteosis es una referencia directa, aunque siniestra, a Balaguer, en su juventud y su vejez, como macho joven o como un anciano que todavía ejerce su poder, aunque está ciego y sin dientes, sigue siendo un símbolo temible que desfila en una silla de ruedas que le da el poder detrás de su trono.
NOTAS
1. José García Cordero: catálogo Gardens of Delirium, Coral Gables, Florida: Lumbreras - Fisher Fine Art, 1994. En este catálogo el ensayista francés invoca la "apasionada intensidad" de Gauguin, la "sinfonía espacial" de Matisse, el "escapismo expresivo" de Van Gogh, y el "realismo" de los "árboles torturados" de Diego Rivera como explicaciones de la obra de García Cordero. Sería negligente de mi parte no expresar mi desacuerdo con estas comparaciones —tanto los adjetivos descriptivos que se aplican a los artistas europeos, como la referencia al breve coqueteo de Rivera con el surrealismo después de su amistad con André Breton— así como su notable impacto en la obra de García. Este último afirma que su árboles se derivan de la devastación que produce un huracán, y no de Rivera. Ni Gauguin ni Matisse jugaron un papel importante en su pintura.
2. Los movimientos Otra Figuración, de Argentina, y Nueva Presencia, de México, fueron la punta del iceberg. Aunque todavía no estaba documentada, una ola de interés por tal expresión se manifestó en muchos países durante los sesenta y los setenta, formando un puente entre el abstraccionismo concreto y el neoconcreto, y la internacionalización del arte conceptual, que sigue siendo un fuerte componente de las manifestaciones de la crítica en Latinoamérica. En Brasil, Colombia, Chile y Venezuela aparecieron exponentes de estas corrientes, e incluso en Cuba, en donde las pinturas de Antonia Eiriz deberían ser clasificadas dentro de este movimiento continental.
3. En 1996, un joven candidato sin pasado político, Leonel Fernández Reyna educado en Nueva York, ganó la presidencia con una segunda votación en la lista del Partido de Liberación Dominicano después de una alianza con el ciego y anciano Balaguer quien, aunque retirado, todavía controla un bloque dominante del Congreso de la nación. Al tercer candidato, José Francisco Peña Gómez, ex alcalde de Santo Domingo, le fue usurpada la presidencia en las elecciones de 1994, y en 1996 fue aislado por una ofensiva campaña basada en una vieja política dominicana de racismo en contra de los haitianos y de la gente negra, ejercida a pesardel carácter interracial de la nación y de su cultura popular.
4. "Un bilingüe entre dos mundos", entrevista hecha a García Cordero por Kael Phillips Hartung, El trío cálido, 1, No.1 (Junio 24, 1993), publicada en París y Santo Domingo por Prensa de la Negra Noche, pág. 18.
5. Entrevista telefónica del autor con el artista, agosto 17, 1997.
6. El escritor francés Camus, nacido en Argelia, es notable también por sus novelas El hombre rebelde, La peste, y La caída, en las cuales lo absurdo de la existencia de ninguna forma impide la rebelión contra las circunstancias.
7. Ibid. "Un bilingüe entre dos mundos".
SHIFRA GOLDMAN
Historiadora de arte e investigadora del Centro Latinoamericano y del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de California, Los Ángeles.

