En la exposición Expectativa y perspectiva: arte reciente de Chile, realizada en el San Antonio Museum of Art, la curadora Beverly Adams presenta la obra de diez artistas emergentes que viven en Santiago. Muchas de las estrategias conceptuales y formales de esta nueva generación de artistas ha sido influenciada por la obra de Gonzalo Díaz y Eugenio Dittborn, político-conceptualistas que adquirieron importancia en Chile en los años setenta, durante la dictadura de Pinochet.
En esta exposición están representados ya menudo combinados dibujo, grabado, pintura, escultura y fotografía, y predominan las obras a gran escala. Una escultura en forma de codo elaborada en mimbre y del tamaño de un bote, de Pablo Rivera, se encuentra junto a las fotografías de primeros planos de ombligos humanos, mucho más grandes que al natural, tomadas por Mónica Bengoa. Hi-Fi, de Mario Navarro, quien escribió la palabra con carbón en el muro de la galería, está enfrente de las cincuenta y cuatro bandejas de hojalata sobre las cuales Arturo Duclos grabó con láser repetidas imágenes de flores.
En las obras de Alicia Villarreal, Nury González, Voluspa Jarpa y Natalia Babarovic, el objeto o imagen es la expresión de la memoria personal y colectiva. La instalación de Villarreal, El pasado aparente (1994), consiste en dos cajas de madera con veta natural, bien construidas, dentro de cada una de las cuales se halla un proyector de diapositivas que refleja palabras y objetos sobre una pared. Las imágenes proyectadas —basura dentro de una bolsa plástica, una concha, formas petrificadas— están yuxtapuestas a frases como En ciertos casos y circunstancias es el presente el que ilumina el pasado. La yuxtaposición sugiere un sistema de artefactos catalogados, como una especie de museo itinerante de historia natural; a veces la imagen es ambigua e intrigante, ¿es un pez o un ojo? ¿un lavamanos o una oreja? ¿una roca o la cabeza de un animal?

Nudos nocionales, de Nury González (1996), invoca el ambiente doméstico de la mujer, en el cual las narraciones orales y los recuerdos se mantienen vivos mediante el tejido, el hilado y la costura. La artista bordó tres textos sobre tres lienzos monocromáticos (uno blanco, uno rojo y uno negro. Los colores de los lienzos y los textos son simbólicos. Bordada con hilo blanco sobre el lienzo del mismo color se encuentra la oración de una tejedora aborigen en la que ésta ofrece hilitos blanquitos de tus ovejitas. Sobre el lienzo rojo la artista bordó con hilo carmesí una cita metafórica sobre el acto de tejer y la pasión entre dos personas. El lienzo negro, con sus instrucciones para hilar bordados con hilo negro es a la vez un tejido y un manual técnico. Las capas de tela (un florido brocado cocido sobre un trozo de algodón delgado que está unido a un pesado lienzo extendido y los nudos nocionales evitan que estas oraciones, relatos y lecciones se deshagan.
Los paisajes de Natalia Babarovic y Voluspa Jarpa simbolizan a la vez una pérdida de la memoria y el recuerdo de lo perdido. Diversos lugares (1996), de Babarovic, muestra borrosos fragmentos de la campiña chilena, seleccionados de entre sus recuerdos de los viajes en automóvil a los alrededores rurales de Santiago. Los vagos paisajes sugieren lugares a los que cualquier persona, en cualquier parte, podría haber viajado y soñado con ellos más tarde. El díptico de Jarpa, titulado No to Place (1997), representa un lote abandonado a pocas cuadras del Palacio de Gobierno de Santiago. La artista inserta una serigrafía de un adornado marco dorado en el centro de la composición, enmarcando un trozo de hierba. En el siglo XIX, un marco como éste habría bordeado un vasto paisaje, que era en ese entonces el símbolo de la riqueza y el espíritu de optimismo de la nación.
Algunos de los artistas emplean imágenes y objetos repetidos sacados del contexto. Pablo Rivera juega con las ideas de tiempo y eternidad, y donde las cosas están expuestas.
Su Purgatorio III (Place/Displace/Unplace) (1997) reproduce la forma de otra pieza. El prototipo para esta enorme escultura en mimbre es un pequeño objeto de madera encerrado —a perpetuidad– entre vidrios en un nicho funerario del cementerio de Santiago, que es un museo, si se le puede llamar así. Rivera le da nueva vida al objeto de madera al recrear su forma en mimbre, a gran escala, y enviarlo a los Estados Unidos.

Lanzamientos II (1996), de Rosa Velasco, es una fila horizontal de siete discos reflejados de acero inoxidable que están montados perpendicularmente a la pared. Cada disco refleja el reverso del siguiente, y también al espectador. “Cosido” a cada superficie brillante hay un terrón de arcilla roja, amarrado con puntadas hechas de cable trampa, el mismo que se utiliza para cazar conejos. Las irregulares líneas de las “puntadas”, visibles sobre el reverso de cada disco, contrastan con la perfección de los discos de acero inoxidable. El terrón de arcilla atado al acerado disco evoca a un paciente sobre la mesa de operaciones.
En la exposición hay obras que critican las aspiraciones latinoamericanas a la experiencia anglosajona o del “primer mundo”. La instalación de Mario Navarro, titulada La nueva línea ideal (Heaven Gale) (1997), compara las esperanzas de progreso económico creadas en todo Latinoamérica por la NAFTA méxicano-norteamericana con las delirantes creencias del culto suicida Heaven's Gate (La puerta del cielo) en California. Un ridículo maniquí vestido con materiales sintéticos (una piyama roja enteriza, guantes blancos y un pasamontañas tejido de color durazno) yace boca abajo sobre una pila de cajas de cartón. A los pies de la anónima figura se encuentra un par de piemas articuladas hechas de cubos de madera pintados de negro.
En Expectativa y perspectiva hay muchas cosas que agradan. Tiene una satisfactoria diversidad de escala, medios y temas y estrategias conceptuales, a pesar de ser una exposición tan pequeña y concisa. Los artistas son tan inteligibles en los textos como lo son en sus obras, y a veces más. La modesta exposición tiene sus sorpresas, como la obra de Rivera Purgatorio III, y la atención general que le prestan los artistas a su trabajo y a los materiales es igualmente gratificante. A pesar de que Adams no incluye en las galerías una declaración de tema y contexto, su mano de curadora es evidente. El nombre Expectativa y perspectiva sugiere por sí mismo que tal declaración habría hablado de la promesa de jóvenes artistas y de la perspectiva desde sus geografías artísticas.
CHERYL HARTUP

