En su última instalación, titulada El picnic y organizada por la curadora senior Marysol Nieves en el Bronx Museum of the Arts, Ernesto Pujol presenta una inquietante y humorística reunión familiar disfuncional. El picnic marca un giro hacia un enfoque en la cultura nacional de los Estados Unidos, precedido de una serie de obras en las cuales las exploraciones del exilio, la memoria y las identidades raciales y de género hechas por Pujol estaban ubicadas en su Cuba nativa. Esto puede observarse en sus obras anteriores y en instalaciones recientes como Los niños de Peter Pan (Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 1995) y La mesa de Saturno (Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana, Cuba, 1996), en las cuales este artista examina interpretaciones intersecantes de masculinidad, raza y cultura tal como se forman dentro de los contextos nacionales. Este giro hacia la cultura popular y los valores familiares norteamericanos se inició con la exposición Vaqueros e indios (Galería Raíces, Hato Rey, Puerto Rico, junio 19-agosto 1, 1997), en la cual se presentaban pinturas de formato pequeño y objetos que hacían alusión a juegos, libros de cuentos, la televisión y las películas de los sesenta, para sugerir su papel como poseedores de jerarquías raciales y de género para los niños que crecieron en Puerto Rico (y en los Estados Unidos) durante ese período. Pujol hizo parte de ese grupo de niños cuyas experiencias formativas de género e identidades raciales fueron moldeadas tanto por las nostálgicas narraciones que contaban sus familiares sobre la Cuba que habían dejado atrás, como por los shows y las historietas de dibujos animados de la televisión y los juguetes y libros estadounidenses que podían encontrarse por todas partes en Puerto Rico.

El picnic, al igual que las instalaciones recientes de Pujol, presenta un ambiente doméstico ficticio que incorpora objetos, pequeñas esculturas y una iluminación dramática. Dos mesas para picnic elaboradas en madera curada se hallan colocadas sobre una cama de mantillo de cedro; sobre una de las mesas se han dispuesto en forma metódica varios implementos relacionados con la agricultura, la cacería y la jardinería, mientras que la otra ha sido adornada con cubiertos y vajilla inmaculados. La ilusión de una reunión perfecta de una familia suburbana típicamente norteamericana se rompe debido al ambiente oscuro del interior y a la proliferación de pequeños genitales masculinos prepubescentes elaborados en arcilla. Sobre la mesa de mamá se han colocado los cubiertos y los platos para cinco personas, y sobre cada plato hay un órgano genital de barro junto con otros objetos asociados con los papeles tradicionales desempeñados por la mujer como educadora y niñera: una canasta, una jarra para leche y un parasol. Esta Mesa de mamá ha sido comparada con la obra de Judy Chicago titulada The Dinner Party (1974-1979), y Pujol ha citado la obra de tempranos artistas feministas como modelo importante para sus propias exploraciones de la formación de la masculinidad y la extraña subjetividad dentro de los escenarios domésticos1.
En La mesa de papá, los objetos designados para ejercer control sobre la naturaleza, incluyendo comederos para aves y pollos, herramientas de hierro, artefactos de fumigación y pistolas de juguete, aluden a actividades asociadas con los mitos de destreza masculina estadounidenses. Órganos genitales de niños, elaborados en arcilla, son atraídos progresivamente hacia los comederos para animales y atrapados en jaulas, rodeados de implementos amenazadores. Estas figuras de arcilla, presentes en las instalaciones de Pujol desde 1994, sirven como sustitutos de adolescentes y hacen alusión a la castración como una metáfora para la violencia física y psíquica asociada con el desempeño de papeles tradicionales del género masculino. Al mismo tiempo, las figuras de arcilla blanca y los objetos domésticos se refieren a la “blancura obsesiva”2 que invade a la sociedad latinoamericana y estadounidense en general, y a Ia fijación particular de pasar por blanco en sociedades con mezclas raciales, tales como las de Cuba y Puerto Rico, en las cuales la identidad racial ha sido históricamente ligada a la posición de clase. En El picnic, estos órganos genitales moldeados individualmente adquieren inesperadas semejanzas con pequeños animales o personajes de los dibujos animados (por ejemplo, las ardillas Chip y Dale de Disney)3. La gran cantidad de ellos sugiere también un caricaturesco retruécano visual con énfasis en los relatos de castraciones de las teorías freudianas del desarrollo de la niñez, que plantean la homosexualidad como una patología.
La presentación de objetos de la vida cotidiana que actúan como sustitutos del cuerpo, a la vez que evocan la consecutividad y la exhibición controlada asociadas con el minimalismo, sugieren otro contexto, más reciente, para ubicar El picnic. Pujol, junto con muchos otros artistas que están al tanto de la teoría feminista, postcolonial y del género, hace uso de convenciones del minimalismo para explotar las variadas posibilidades de las interacciones espectador-objeto, a la vez que presenta objetos de utilería y accesorios ligados a la representación de identidades. El artista se refirió a El picnic como un “diorama”4, y la dramática presentación, la iluminación y la orquestada colocación de los objetos en la instalación recuerdan la apariencia engañosa de la precisión documental creada por las exposiciones de museo, a la vez que estimulan las comparaciones con las convenciones y rituales sociales cuya repetida representación les da a las jerarquías raciales y de género su aire de eterna y natural autenticidad.
NOTAS
1. Véase “Ernesto Pujol's The Picnic: A Domestic Ritual Re-membered”, de Marysol Nieves, y “Un Picnic", de Ernesto Pujol [folleto de la exposición, The Bronx Museum of the Arts, 1997]. Lydia Yee, quien incluyó la obra de Pujol en su exposición División of Labor: Women's Work in Contemporary Art (The Bronx Museum of the Arts, 1995) fue la primera que reconoció esta relación con las prácticas del arte feminista.
2. Pujol, “Un picnic".
3. Conversación del autor con el artista en Bronx, Nueva York, el 21 de octubre de 1997. El artista citó varias fuentes de la cultura popular estadounidense, entre ellas la película de Joshua Logan titulada El picnic (1955) y la serie de televisión The Twilight Zone.
4. Conversación del autor con el artista en Bronx, Nueva York, el 21 de octubre de 1997.
MIRIAM BASILO
