La evocadora instalación creada por Enrique Martínez Celaya es una continuación de su fascinación por los íconos como metáforas de nuestro paso por los caprichos de la vida, que empezó en 1996 con una serie sobre el tema de Juana de Arco. Por mucho tiempo, el fuerte sentido de convicción y fe de la santa francesa ante una muerte segura les ha servido de inspiración a quienes tienen que afrontar decisiones cruciales. Esta exposición es una instalación dedicada a Santa Catalina de Alejandría, una de las santas que se le aparecieron a Juana de Arco e influyeron en ella para que peleara contra los ingleses. Consiste en seis grandes pinturas y tapices de pared, elaborados en diversos materiales, y seis cabezas de resina colocadas sobre cojines de satín y otros materiales evocadores.
Cada pintura y objeto y su distribución espacial-refleja las experiencias personales del artista como poeta, exiliado, filósofo, físico y creador, y el drama del arte religioso que todavía tiene la capacidad de afectar nuestro corazón y nuestra alma, incluso en esta era moderna de cinismo y duda. Enrique Martínez Celaya posee excelentes antecedentes de preparación académica como físico, y la fascinación de un intelectual por las tradiciones estéticas de áreas tan diversas como Europa, América Latina y el Lejano Oriente. Llevado de Cuba a España cuando era niño, después a Puerto Rico y finalmente a los Estados Unidos para que cursara su educación superior, este artista transmite a su arte las experiencias de una educación multicultural.

En esta instalación, el visitante es atraído hacia un gran espacio y al instante se sobrecoge debido al efecto de imágenes y objetos sorprendentes, ya sea que las connotaciones religiosas sean o no evidentes de inmediato. Después de un examen más detenido, las asociaciones rituales son obvias. Con detalles minimales, la historia de Santa Catalina se va haciendo muy real y personal, desafiando nuestras emociones y nuestro intelecto para que respondan ante los misterios de su fe y el horror de su muerte.
Santa Catalina de Alejandría, patrona de filósofos y predicadores, fue martirizada a principios del siglo IV por haberse rehusado a renunciar a su fe cristiana ante el emperador romano Maximino II. Su cuerpo fue colocado sobre una rueda con púas y fue decapitada cuando la rueda se rompió. En las pinturas de Martínez Celaya los implementos utilizados para el martirio aparecen como referencia a la horrible experiencia de esta santa, a su papel como mujer de la nobleza, a los terrores de la muerte violenta, y a la mutilación física. Otras referencias simbólicas pertenecen directamente al martirio de Cristo. Empleando diversidad de materiales para crear las pinturas y tapices, el artista vuelve a visitar un elemento penetrante e inolvidable de obras anteriores en las cuales acuchilló el lienzo y luego hizo suturas para repararlo, simbolizando así la herida y la curación.
Como mujer perteneciente a la nobleza, Santa Catalina estaba acostumbrada a vestirse con prendas de excelentes materiales, y las colgaduras de fino terciopelo rojo y lino blanco que ahora aparecen acuchilladas, cosidas y atadas con lazos, pueden interpretarse como referencia a la contradicción entre el bien y el mal, la muerte horrenda y el elegante atavío. Para Martínez Celaya esto también alude a su fascinación por las obras manuales de su abuela, una modista cubana que utilizaba encajes para elaborar refinados y detallados trabajos. En esta serie, cada material, ya sea lienzo pintado, velo, terciopelo templado o lino, es una provocadora manifestación de experiencias religiosas en las que los objetos e imágenes más profanos ponen sus misterios en contacto directo.
La distribución de las seis cabezas de resina (rotuladas como la de Santa Catalina), cada una de las cuales está teñida de un color diferente y fundida con un objeto (un rosario, una piña de pino) visible a través de su transparencia, nos invita a caminar por el espacio, como si estuviéramos haciendo un extraño viaje. Al forzar sentimientos compartidos de desmembramiento y desplazamiento, la imagen de la santa se hace inolvidable. Las heridas del martirio pueden verse sobre las paredes como constantes e inmediatos recordatorios del proceso del artista y sus evidentes intentos por ocuparse del destino de la santa. Cada cabeza está colocada en el piso sobre un cojín de satín o sobre una pila de heno o de madera, esperando su lugar final de reposo. Es como si el espectador tuviera la responsabilidad de juntar la cabeza con el cuerpo para la eternidad.
Enrique Martínez Celaya describe su obra como autobiográfica sí y no, y dice que utiliza a la santa como el marco de reflexión, como un punto de partida. La historia de Santa Catalina de Alejandría es un ciclo de transición de fe, confrontación, tortura y redención; un ciclo que el artista entreteje en la historia de su propia vida, y con ella involucra al espectador.
CAROL DAMIAN
