Exposición Individualene 1998 - mar 1998· Por Jacqueline Goldberg

Elsa Gramcko

Galería de Arte Nacional de Venezuela

Las artes plásticas venezolanas presenciaron por primera vez, en septiembre de 1997, una exposición antológica de Elsa Gramcko (1925-1994), artista iniciada en los rigores del formalismo y, posteriormente, huésped de un particular estilo ausente de todo orden de limitaciones genéricas o temporales, con el cual alcanzó un preponderante espacio en el panorama artístico nacional, representando a su país en fundamentales eventos internacionales como las bienales de São Paulo y Venecia. Desde finales de la década del cincuenta, Gramcko hizo una obra densa, íntima, suspicaz, plena de recovecos significativos. Su investigación —alejada de las academias y convencionalismos— apuntaba ya entonces hacia la consecución de una cartografía espiritual que dejaba ver en cada gesto la búsqueda de la esencia humana, una poesía ilustrativa de sus angustias y necesidades expresivas.

La muestra Elsa Gramcko: una alquimista de nuestro tiempo, con la curaduría de Juan Carlos López, transformó las salas 1 y 2 de la Galería de Arte Nacional en el espacio de la magia y la metamorfosis. A través de un montaje diáfano y didáctico -con ilustrativos fragmentos de entrevistas a la artista— se observa el proceso ocurrido a lo largo de veinte años de intenso trabajo.

Exposición Individual: Elsa Gramcko — imagen 1
Elsa Gramcko. La pequeña puerta, 1947. Óleo sobre tela. 119x120 cm. De la colección del Museo de Bellas Artas. Foto: Mariano U. De Aldaca

El recorrido de la muestra se inicia con Etapa geométrica (1957-1960), en el que un enjambre de formas sensuales, líricas y coloridas retoma una abstracción que no se preocupa por obedecer los discursos de la época, haciéndose eco, más bien, de emociones y libertades lúdicas. Luego sigue la Etapa de las texturas y el negro (1960-1961), donde las obras se hacen implacablemente oscuras, revelando materias atávicas, mundos ocultos y un interés definitivo por abandonar la bidimensionalidad de la tela. Acumuladores es una tercera etapa (1963-1964) en la que comienza a sorprender la obra como acontecimiento, como espejo objetual de una vitalidad que combate entre lo urbano y la intimidad.

Entre 1961 y 1962, Gramcko desarrolla la etapa de las Chatarras, acumulación de desechos industriales que, como una zoología de ensueño, va conformando una atmósfera matérica en la que no hace falta el color, sino la palpable realidad de los submundos que la investigación técnica y conceptual arroja a través de los collages. A esto sigue Puertas y moradas (1964-1966), etapa claramente poética en la que Gramcko renueva el interés por la figuración, aunque ahora otorga protagonismo a los elementos de expresión, a las tramas de los materiales encontrados y sus dificultades inherentes. Muy de cerca sigue, en el intenso cronograma de Gramcko, Animales, ojos y cruces (1966-1967), donde un ojo instigador se instala en las construcciones, como animales extraídos de una memoria abandonada a la intemperie de los deseos, vestigio de luces prohibidas y mundos que subvierten el orden lógico de la percepción artística. La siguiente etapa, Esculturas (1967-1969), indaga en ropajes más tradicionales intentando plasmar iconografías reconocibles y estimables colectivamente, con una fuerza tridimensional evidente.

Finalmente, la exposición abre sus caminos rituales a Bocetos de un artesano de nuestro tiempo (1974-1978), conjunto de piezas ensambladas que organizan el lenguaje precedente y hacen énfasis en el objeto, la palabra y la expresividad de los materiales conjurados entre lo bidimensional y lo tridimensional. Aquí la soledad amaina como trampa para maximizar las emociones, la sintaxis secreta y el ímpetu creador que ya entonces comenzaba a apagarse. Estos últimos trabajos fueron mostrados apenas en 1986, ocho años antes de la muerte de la artista.

JACQUELINE GOLDBERG

Elsa Gramcko, por Jacqueline Goldberg | artnexus