Exposición Individualoct 1997 - dic 1997· Por Marta Rodríguez

Remedios Varo

Biblioteca Luis Ángel Arango

En colaboración con la Galería Enrique Guerrero de México se presentó, de junio a septiembre, en la Biblioteca Luis Ángel Arango un conjunto de quince obras de Remedios Varo, que hacen parte de su producción tardía realizada en México en la década del cincuenta y comienzos del sesenta, poco antes de su muerte, acaecida en México en 1963. 

Exposición Individual: Remedios Varo — imagen 1
Remedios Varo. Personaje. 1961. Óleo sobre masonite. 58,5 x 39,5 cm.

Cuando se revisan las características de la obra de Remedios Varo durante el período que va desde mediados de los treinta hasta los cuarenta, en el que parece darse una experimentación constante, se evidencian las diversas tendencias de las que se nutre su trabajo, que van desde el recurso del collage dadaísta, como ocurre en El mensaje, de 1935, hasta una cierta mirada, con matices medievalistas, que hace referencia al mundo de El Bosco, pasando por una serie de pinturas decididamente modernas, vanguardistas, en cuyo lenguaje reconocemos la presencia del surrealismo y su interés por el psicoanálisis; por ejemplo, en el Gato hombre, de 1946, cuando Varo recurre a los procedimientos utilizados por el test de Rohrschach, con toda su carga de azar, encaminados a propiciar la libre asociación. En ocasiones se reconoce una tendencia geometrizante propia de la modernidad, tal como se presenta en Los alacranes, de 1942, o El manicure de 1935; otras veces surgen grafismos que nos recuerdan la iconografía de los gestualistas surrealistas; tal es el caso de Festival de mosquitos, de 1942. A lo largo de esta incesante búsqueda se hace evidente que la fuerza que la impulsa es la de una imaginación exacerbada, tan defendida por los surrealistas, que la va a acompañar hasta el final de sus días, como se puede observar en las piezas que se presentaron en la Biblioteca Luis Ángel Arango, que hablan a través de la imagen de una poética onírica mediante la cual se traduce un mundo muy personal que se nutre de sus propias e íntimas experiencias, del psicoanálisis de lo literario, y que incesantemente evoca a El Bosco.

El montaje de la muestra quiso crear una atmósfera propicia al mundo de Varo; fue así como las paredes se pintaron en un tono cálido y oscuro; las pinturas y los dos dibujos expuestos se colocaron sobre mallas suspendidas de tono negro, condiciones que, unidas al manejo de la luz, otorgaban una sensación de flotación e irrealidad que estaba a tono con la obra exhibida. Este montaje destacó de manera muy acertada una de las pinturas más interesantes de la muestra, el autorretrato titulado Personaje, de 1958, con el que se cierra un recorrido que se inicia con otros personajes de rostro fantasmagórico, que en ocasiones resultan excesivamente ilustrativos, los que seguramente en su momento fueron importantes en el proceso de la pintora.

Junto con el autorretrato mencionando se pueden citar otras obras muy importantes donde el gusto, la pasión por la pintura y la invención de mundos fantásticos resiste hasta los últimos momentos de su vida, como se puede apreciar en Ascensión al monte Análogo, de 1960; Descubrimiento de un geólogo mutante, de 1961; Taxi acuático, de 1962; Ritos extraños, Visita inesperada (o El visitante) y Presencia inquietante, los tres de 1959; este último estaba acompañado del boceto realizado en lápiz sobre papel, en el que se puede observar, en ausencia del color, la excelente dibujante que era Remedios Varo.

La muestra estuvo acompañada de un catálogo en el que se registran las obras exhibidas, acompañadas de dos presentaciones cuyos textos se insertaron dentro del montaje de la muestra, escritos por el historiador colombiano Álvaro Medina y por el mexicano Gonzalo Celorio, quien presenta un paralelo entre Remedios la Bella y Remedios Varo, con lo que insiste en hacer un enlace entre el realismo mágico procedente de la literatura latinoamericana con la pintura de Varo.

Álvaro Medina, quien celebra el enlace realizado por Celorio, insiste en el carácter literario del trabajo de Varo, que definitivamente resulta imprescindible para abordarlo. Medina cierra su presentación con una frase que dice: "Cuando Remedios Varo precisó las particularidades de creación del mundo o microcosmos, la pintora se refirió a criaturas envueltas en una vestimenta común a modo de placenta celeste. Esta idea de placenta celeste me lleva a pensar que el mundo de la Varo es el registro de una memoria bifurcada, con un cordón unido al arquetipo y el otro a las obsesiones personales". Comentario que ejemplifica con claridad la procedencia de estas imágenes inquietantes que nos remontan al surrealismo como una referencia lejana pero constante que con los años insiste en un mundo onírico con claves propias, indescifrables y en ocasiones muy sugerentes.

MARTA RODRÍGUEZ

Remedios Varo, por Marta Rodríguez | artnexus