Exposición Individualoct 1997 - dic 1997· Por Javier Gil

Rafael Ortiz

Espacio Vacío

Ejercicios de calentamiento es un proyecto artístico de Rafael Ortiz, llevado a cabo gracias a la obtención de una beca de creación, concedida por Colcultura. Dicho proyecto presentó su primer "ejercicio" en el Espacio Cerrado. El objetivo fundamental apunta a poner en relación las artes plásticas con otros oficios, es decir, intentar sacar el arte de sus casillas, desterritorializar sus objetos, métodos de investigación y resultados plásticos. El artista ha asumido el riesgo de abandonar sus seguridades y certezas para confrontarse con un afuera, y así, desplazar los límites de su quehacer visual.

El proyecto opera dichos objetivos mediante un largo diálogo y encuentro con un profesional del masaje. ¿Cómo pensar plásticamente un espacio laboral tan aparentemente distante? ¿Qué tipo de respuesta plástica se puede generar de una actividad en principio extraña al mundo artístico? ¿Cómo reflexionar desde una lógica visual un espacio-tiempo ceñido a otros sentidos? Observando, estudiando y exponiéndose a los procesos y técnicas del masaje, Rafael Ortiz ha intentado responder a tales interrogantes. El resultado es la prolongación del universo visual a un terreno inédito y, de esta manera, la apertura de una línea de fuga de los predecibles procesos, usos, lenguajes y posibilidades del lenguaje artístico.

Exposición Individual: Rafael Ortiz — imagen 1
Rafael Ortiz. Panorámica de la sala principal de la exposición.

Esta apertura al otro y a lo otro resulta loable, considerando el ensimismamiento del arte y su consecuente aislamiento de la experiencia y el hombre cotidiano. Como es de esperar, los resultados son algo "extraños", incluso pueden incomodarnos y no convencernos plásticamente, pero sí resultan gratamente novedosos. No otra cosa se puede esperar de tan inesperado encuentro. El acto de masajear, las relaciones mano-cuerpo, los ritmos y flujos corporales, las tensiones y distensiones corporales, todo ello reaparece bajo la óptica de la mirada artística. Y no sólo reaparece configurado como un objeto a contemplar visualmente; también lo hace bajo la forma de una experiencia viva en la que el espectador pone en juego la totalidad de su cuerpo para experimentar el mundo del masaje, no desde la simple exterioridad visual, sino desde adentro, sintiendo masajes, (parte de la obra implicaba exponerse a un masaje, lo cual traía efectos para una comprensión más vital del conjunto de piezas exhibidas), moviendo piezas, etc. De este modo, el artista intentó leer el masaje desde lo visual y leer lo visual desde el masaje.

Así como el artista se vio obligado a abandonar sus habituales referentes y modos de proceder, el espectador se ve invitado también a descartar sus habituales comportamientos frente al trabajo plástico. En ese orden de ideas, se transita por una serie de espacios; el recorrido involucra tanto al ojo como al cuerpo. Toda obra de arte produce un cuerpo y, en este caso, ello es más evidente. El ojo es conducido no sólo al ámbito de lo visual; también es conducido a una experiencia háptica. Pero más que el ojo, lo solicitado es el cuerpo, el tacto, la piel. En consecuencia, el espectador se expone a una máquina de estiramiento muscular, a un mecanismo que registra las alteraciones que se suceden una vez se estimula la piel; otro mecanismo —accionado mediante presión— infla elementos alusivos a lo orgánico. Otras piezas puntualizan la resolución visual de ciertos procesos involucrados en el masaje, como son la desaparición de nudos de tensión; algunas reflejan el quehacer del masajista; otras, los procesos corporales implícitos en dicho quehacer. En uno y otro caso se intenta que la imagen dé cuenta de otros sentidos como el tacto o el olfato; asimismo, de múltiples sensaciones y percepciones, tanto internas como externas. Se destaca, pues, el intento de hacernos entrar en la sensación misma, desbordando la simple explicación o ilustración visual. Ese logro difícilmente se alcanzaría desde una posición de exterioridad del artista frente a los procesos y fenómenos estudiados; solamente se alcanza mediante una inserción profunda y duradera en los mismos procesos.

El montaje de la exposición puede ofrecer dudas; por momentos, parece una acumulación indiscriminada de piezas, sin una clara coherencia y secuencia; no se siente la constitución de una particular y consistente espacialidad que aglutine sólidamente el conjunto de trabajos. Las piezas, tomadas aisladamente, tampoco impresionan con igual potencia; no obstante, el mérito del proyecto radica en las posibilidades que se sugieren en términos de confrontar las artes visuales con otros oficios. Esa confrontación libera nuevas travesías para el arte, introduce una pérdida de referencias y coordenadas, de la cual pueden generarse saludables bifurcaciones y nuevas complejidades. Por un lado, se ensanchan las posibilidades del arte al interior de los diversos comportamientos socioculturales, es decir, su operación social. Por el otro, se propicia una mayor comprensión de las artes plásticas pues se sitúa en referentes que facilitan su entendimiento; este objetivo se ve robustecido en términos de invitarnos a pensar perspectivas lúdicas, creativas y didácticas implicadas en el pensamiento visual, infortunadamente poco aprovechadas. La misma reflexión plástica se nutre al desplazarse y movilizarse gracias a los diversos estímulos ofrecidos por los oficios desde los cuales piensa y se piensa.

El gran desafío de esta tarea radica en sostener un punto de tensión tal que la complejidad artística no se desvirtúe y, sin embargo, alcance a tener cierta eficacia reflexiva y pedagógica. Es decir, un punto de tensión en el que el arte intenta enseñar pero sin renunciar a su especificidad, en el que intenta abrirse para dar cuenta de otras cosas, sin por ello verse domesticado por un exceso pedagógico o por caer en la simple ilustración. El conjunto de trabajos de Rafael Ortiz configura un interesante señalamiento, tanto de las tensiones corporales como de las necesarias tensiones requeridas por las artes visuales.

JAVIER GIL

Rafael Ortiz, por Javier Gil | artnexus