El Centro Cultural Canadiense de París, creado en 1970, ha tornado en los últimos dos años una nueva orientación. Desde su remodelación, en 1995, defiende particularmente la creación artística contemporánea que se apoya en las nuevas tecnologías. Ubicado en la Explanada de Inválidos, sus salas de exposición han sido adaptadas para hospedar a las más audaces expresiones artísticas.
Del 16 de mayo al 29 de agosto de 1997, los curadores Christophe Domino y Catherine Bedard presentan una gran exposición de la artista argentino-canadiense Pat Badani, titulada Tower, Torre, Tour, quien desde 1978 trabaja en Canadá, México y Francia. Su obra es múltiple, extendiéndose desde la escritura hasta el video, pasando por el dibujo, el óleo, la escultura y la fotografía. Esta variedad de medios está estrechamente imbricada con la búsqueda especial de la artista. La obra está dispuesta por grupos en los que predomina una disposición horizontal, en planchas que contienen apuntes, dibujos, acuarelas y fotografías, o vertical, en las esculturas constituidas por ensamblajes de superposiciones, culminando con el video.
La forma mística y omnipresente en la obra de Pat Badani es el círculo, materializada por un tazón hecho de pan. Explorando la tradición francesa de la fabricación del pan, Pat Badani descubrió uno de los hornos más antiguos de París, que data de la época medieval y donde todavía se hornea el pan Poilane. Los hornos son alimentados con leña y funcionan día y noche. Pat Badani penetró en el mundo de los panaderos artesanos, quienes compartieron con ella esta aventura artística en la fabricación de miles y miles de tazones que sirven de base a sus instalaciones.

La obra tiene un carácter de investigación científica, de exploración del saber. La forma simple del tazón genera una serie de experiencias visuales, a través de la asociación de ideas. La forma reversible del objeto permite análisis espaciales sobre el lleno y el vacío, cóncavo y convexo, continente y contenido.
La parte bidimensional de la exposición está compuesta por planchas de apuntes, dibujos y fotografías organizadas como proyectos de ingeniería, de arquitectura, de geografía, de arqueología o de biología, otorgándole al tazón el carácter de represa, de habitación privada, de isla dentro de un archipiélago, de yacimiento arqueológico o de célula microscópica. Este juego dinámico y simultáneo de escalas le dan un aspecto lúdico y poético al conjunto de su obra. El espectador está obligado a participar activamente, reduciendo, agrandando o adaptando su percepción al estado del tazón.
Las planchas están organizadas dentro de un programa concreto, acordando un estudio de cuatro elementos: suelo, subsuelo, aire y agua. Badani describe métodos de prospección, dibujos topográficos y fotografías de campo, donde protagonizan y están registradas todas las formas pasadas y presentes que han tornado los tazones y que aparecen y desaparecen bajo la voluntad del artista. En estas planchas se traslucen las inquietudes del artista por la condición del hombre y su relación con el medio ambiente material y natural, sus preocupaciones por el paso del tiempo y la necesidad de una conciencia ecológica, siempre y cuando se diversifique el enfoque de la relación hombre-espacio/hombre-naturaleza.
En lo que concierne a la escultura, el tazón es el elemento de base para ensamblajes que toman el aspecto de paisajes urbanos. La instalación principal, Metrópolis, una ciudad futurista a escala reducida, con una perfecta armonía arquitectónica, está constituida por series superpuestas de tazones de pan sobre soportes de metal rígidos que toman la forma imponente de rascacielos.
En otra instalación, la superposición de tazones, esta vez de dimensiones variadas y acompañados de bandejas de pan simulando vestigios de construcciones, da la impresión al visitante de estar presenciando un hallazgo arqueológico, un yacimiento funerario que lo transporta hasta civilizaciones antiguas que solamente nos han dejado utensilios y adornos como único medio para descifrar su compleja existencia. El espectador no sólo cambia de escala sino que viaja en el tiempo, desde un pasado remoto hasta la ciencia ficción de una urbe ecológica.
Los mismos tazones, ensamblados en un cordón flexible, simulan collares, serpientes, tubos y mangueras que se localizan en diferentes lugares del centro cultural. Sobre la fachada que da al jardín, una cuerda de pan cae desde el último piso del edificio y toma aspecto de soga de fuga de una prisión. Los pájaros que frecuentan el jardín se acercan intrigados por este objeto extraño pero apetecible y terminan picoteando alegremente esta cuerda efímera. Una cámara escondida filma este evento que Badani utilizará luego en sus instalaciones de video, perpetuando este festín.
La serpiente, otra escultura flexible a base de sucesión de tazones de pan, se ha convertido en su amigo fiel. Acompaña a la artista en todos sus desplazamientos y es fotografiada en los lugares y posiciones más insólitos. La serie fotográfica, en forma de álbum familiar, aparece en uno de los paneles. Aquí la obra de Pat Badani toma un carácter íntimo, de personificación de su objeto más querido, dándole un lugar constante en su existencia. Su versatilidad le permite utilizarlo para delimitar espacios y fronteras. Su expectativa de vida es infinita, siempre y cuando se cultive para obtener la harina y exista agua en la tierra. La obra tiene el rol de manifiesto ecológico, histórico y social.
El aspecto regenerativo de su obra contrasta con las instalaciones de video donde las torres de pan se van derrumbando una tras otra, simulando una catástrofe urbana: un terrible terremoto que muestra la impotencia del hombre ante la fuerza de la naturaleza.
La obra de Pat Badani es, en esencia, muy humana, interrogándose sobre la condición del hombre, su pasado, su presente y su futuro, su relación con el medio ambiente y la semejanza de sus costumbres a través del tiempo. Todo esto por medio de estructuras de pan hechas con harina y agua, ingredientes universales y elementales. Pat Badani construye y destruye, juega alegremente con mitos de desmesura y de ruptura de un orden establecido: la serpiente culpable del pecado original o la caída de la torre de Babel.
TATIANA VILLEGAS
