En 1932, André Breton publicó el histórico Communicating Vessels (Vasos Comunicantes), cuyo texto contiene la semilla de su teoría del surrealismo por la que se le conoce mejor actualmente. Los vasos a los cuales se refiere Breton proporcionaban un vínculo entre la luz y la oscuridad, el sueño y la vigilia, la realidad interna y la externa. Finalmente, el surrealismo se convertiría en el vaso comunicante dentro de un espacio que de lo contrario sería invisible: el inconsciente.
Breton empezó a tener conocimiento de este reino apartado durante la Primera Guerra Mundial, mientras trabajaba como enfermero —tras haber asistido tan sólo unos pocos meses a la facultad de medicina— en el centro neuropsiquiátrico de Saint Dizier, al noreste de Francia, en donde se encontró cara a cara con víctimas de neurosis de guerra. Estas personas expresaban "sorprendentes imágenes... en un plano más alto que las que pudieran ocurrírsenos a nosotros"1. Leyó a Charcot, a Kraepelin, a Regis y a Hesnard, y aprendió acerca de la teoría del inconsciente de Freud, por la cual desarrolló una verdadera pasión.
A los pacientes psiquiátricos, incapaces de reprimir su inconsciente, los invadía una desesperación psicótica. Aunque a Breton le pareció aterradora esta experiencia, su expresión le fascinó y, hasta su muerte, buscó medios que ayudaran a lograr la visualización de las fuerzas inconscientes, y a artistas que pudieran hacerlo. Cuando vio por primera vez las pinturas tempranas de la británica Leonora Carrington, quien en ese entonces tenía veinte años, reconoció el detalle original.
"¡Qué gusto por lo insólito!"2, exclamó Breton ante la pintura La comida de Lord Candlestick (1938), en la que varias mujeres sentadas a la mesa en un banquete conversan animadamente, rodeadas de extravagantes platos: un gigantesco pavo relleno, un poni adornado con flores y un niño sobre una cama de uvas. Una de las mujeres, cuya atención está concentrada en un cabrito llameante que reposa sobre la cabeza de un mesero, clava inconscientemente un tenedor en el vientre del infante que se encuentra frente a ella, haciendo fluir sangre de su perforado abdomen. La mujer se muestra tan indiferente como el mesero que observa el espectáculo.

Leonora Carrington, nacida el 6 de abril de 1917 en Clayton Green, Lancashire, aprendió acerca del mundo de los celtas, sus ancestros, cuando era niña. La antigua Inglaterra era considerada una isla sagrada en donde los muertos descansaban, y los dioses, demonios, hadas y otros espíritus vivían. Leonora los dibujó como se los imaginaba e inventó cuentos sobre ellos, pero mientras otros niños dejan de dibujar y de crear historias a medida que crecen, ella continuó haciéndolo y retuvo con firmeza esta curiosidad y capacidad de asombro de su niñez.
A los quince años, después de haber sido expulsada de dos colegios de monjas en donde la consideraron ineducable —quería ser una santa ("¡Ahora!") para poder levitar y hacer milagros—, fue enviada a Florencia a estudiar arte en la Academia de la Señorita Penrose3. Durante los nueve meses del currículo, la impresionable Leonora Carrington estudió a Botticelli, Sassetta, Leonardo, Duccio, Giovanni di Paolo y a los hermanos Ambrogio y Pietro Lorenzetti, y descubrió en ellos espíritus similares. Todos habían penetrado en un campo que le era familiar, y le habían dado forma.
Tenía diecinueve años cuando descubrió el surrealismo, el cual le llegó envuelto en papel de regalo, en un libro que le obsequió su madre: la obra de Herbert Read, titulada Surrealism, que acababa de ser publicada. A medida que Carrington lo hojeaba, experimentaba de nuevo la sensación del déjà vu que había tenido frente a los italianos primitivos cuatro años antes; la diferencia radicaba en que los surrealistas estaban vivos y creando arte de manera activa. En el surrealismo identificó el sentido de lo que existe más allá de la realidad, y de esto es de lo que trata su arte. Un estudio cuidadoso de cada obra suya deja al descubierto experiencias cruciales que de otra forma no podríamos captar o tan siquiera percibir.

En El lugar del tesoro (1951) Carrington pinta una escena nocturna en la que cinco monstruos gigantes custodian una pequeña abertura del suelo, a la vez que varios personajes pequeños acompañados por animales rodean el área; uno de ellos, una mujer con los ojos vendados, es guiada hacia el lugar por un jabalí que va husmeando.
Los tesoros ocultos se describen a menudo como ubicados en las profundidades de ciertas cuevas o enterrados en escondites subterráneos; los tesoros representan las dificultades inherentes que se encuentran en el camino hacia el auto-descubrimiento; es información que puede transformarnos y liberarnos. Las cuevas o los escondites simbolizan lo que está oculto a nuestra conciencia; los monstruos que custodian esa información son creados por nosotros mismos, y representan los conflictos que debemos encarar en el proceso, los cuales pueden ser eliminados a través de nuestras aflicciones y tribulaciones.
Los personajes de este cuadro emplean animales debido a los poderes intuitivos que éstos tienen. La mujer con los ojos vendados es guiada por un jabalí porque pocos animales eran tan respetados y admirados entre los celtas como éste; era el símbolo de la fuerza, la intrepidez y la astucia.
Leonora Carrington tenía veinticinco años cuando llegó a México después de haber trabajado a intervalos con los surrealistas, entre 1938 y 1942. En este país, al que André Breton calificó de surrealista par excellence4, la artista encontró una afinidad entre ella y un pueblo en sintonía con la vida detrás de las apariencias: magia, superstición, mal de ojo, limpias psíquicas, y la permanente necesidad de establecer un intercambio armonioso entre el mundo visible y el invisible.

En Saint John's Mule (La mula de San Juan) (1947) creó una pintura sobre la fiesta de San Juan Bautista y el solsticio de verano. (El solsticio de invierno está regido por San Juan Evangelista; así, los dos Juanes dividen el año). El nombre procede de solstitium, voz latina compuesta de sol, que significa sol, y sistere, detenerse, ya que el sol parece estar fijo cuando alcanza su cénit. La noche del día de San Juan es la más corta del año, y los días cercanos a ella son los más largos.
En forma muy apropiada, La mula de San Juan está pintada en amarillo intenso, en tonos translúcidos y monocromáticos. La obra muestra el momento en el que el sol abrasador se encuentra suspendido perpendicularmente sobre la plaza de mercado. En México se va al mercado por algo más que víveres frescos; allí uno se encuentra con los amigos, intercambia chismes cotidianos —como se aprecia en esta pintura— y compra baratijas, juguetes y otras bagatelas para la casa. En efecto, el título de la obra proviene de una mula de juguete que Carrington compró en el mercado para su pequeño hijo. Este es también el lugar al que uno va en busca de su bruja, curandero o diablero favorito para consultarle sobre la salud, los negocios o el amor; se cree que las plantas medicinales que se recogen durante el solsticio de verano retienen su poder durante todo el año.
La pintura Samain (1951) se refiere a la fiesta de San Juan Evangelista, es decir, al solsticio de invierno. Su nombre se deriva de la antigua festividad celta que celebra La Noche de Noviembre (Halloween), cuando se inicia la mitad del año que corresponde a la estación invernal. En Irlanda, ésta es la época propicia para narrar cuentos sobre las cosas que suceden a altas horas de la noche; después del ocaso, las hadas y los fantasmas entran en actividad y los espíritus de los muertos se acercan a las casas donde habitaron en vida. También se cree que quienes nacen de noche pueden ver estos eventos, mientras que los niños que nacen de día no tienen esta facultad. El canto de los gallos al amanecer dispersa a las criaturas de la noche y hace que regresen a sus moradas.
Carrington recrea esta escena en sus obras Cockcrow (El Canto del gallo) (1950) y Ms. Ashton (1987), un retrato de una anciana que está fuera de su casa al despuntar el día. Cuenta la historia que en el momento en que el señor Ashton salía de su casa rumbo a Francia, el gallo cantó y la señora Ashton lo escuchó como un presagio. Allende el mar, él fue juzgado y ejecutado.
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En México Leonora Carrington se casó y tuvo dos hijos. Mientras les leía, los recuerdos de su propia infancia afloraban y ella los transformaba en arte. El culto a la Diosa Madre es una tradición basada en la creencia de que, en un comienzo, Dios era una mujer. Al estar centrada en la tierra, la Diosa Madre fijaba su atención en la regeneración de la vida y en la interacción armoniosa entre los animales, el género humano y los objetos. El poder creador de la mujer, el cual podía ser tanto benévolo como maligno, era expresado a través de las mujeres a medida que éstas alimentaban a sus familias y soportaban el peso de los acontecimientos domésticos cotidianos.
En Mama Aos (1959) Carrington resuelve la ecuación Diosa Madre = Mother Goose (*) y retrata a su personaje durante una de sus manifestaciones de benevolencia. Mientras alimenta, Mama Aos genera el sentimiento de seguridad que uno experimenta al estar en su hogar.
Mama Aos es representada como un ser híbrido, mitad mujer, mitad ave. Se traslada de un lugar a otro parada sobre la caparazón de una tortuga, mientras alimenta a una familia de heterogéneos personajes. Con el brazo izquierdo sostiene el sol contra su pecho —como si éste fuera un niño—, y con la mano derecha levanta una cuchara para darle de comer a un búho que está volando. Entre tanto, unos murciélagos agitan sus alas y la siguen con impaciencia esperando su turno para que los alimente. Un toro observa la escena doméstica a la vista de otro híbrido —mitad mesa, mitad cabeza, reservado, vivo y sin cuerpo. Sobre la mesa, una manzana, símbolo del conocimiento; un huevo,símbolo de la vida por venir, y un cáliz que contiene el caldo nutritivo de Mama Aos se equilibran sobre el lomo de una serpiente extendida. La iconografía de Mama Aos se origina en el arte creado en lugares tan remotos como China, Egipto y Grecia, en donde los gansos eran vistos como mediadores entre el cielo y la tierra. Los celtas creían que el ganso era un mensajero del más allá.
La producción escultórica más reciente de Leonora Carrington está representada por un grupo de ocho figuras monumentales en bronce5. Este fue el metal más utilizado en el arte céltico, el cual se desarrolló bajo la influencia de la flora y la fauna de la naturaleza; las plantas tenían una importancia casi religiosa; de ahí las espirales, los ondulados zarcillos, los pétalos de loto, las liras, las palmeras y los círculos concéntricos que aplicaban incluso sobre objetos de uso cotidiano.
La más imponente de sus ocho esculturas es la denominada Ing (1994), cuya alta estatura impone un respeto religioso. Ing fue un personaje misterioso que llegó del otro lado del océano y desapareció después de fundar los primeros pueblos sajones; su partida significó la muerte de los héroes. Ing ha sido identificado con uno de los dioses de Asgard, soberanos de los cielos desde el principio hasta ragnarok, el fin de todas Las cosas. Estos dioses estaban constantemente en guerra con los Gigantes de Escarcha, quienes querían controlar la creación y destrucción del mundo.
Ing tiene un tatuaje de líneas horizontales que le atraviesan la cara y caen en forma de serpentina a lado y lado del mentón. Los celtas, que eran cazadores de cabezas, creían que las de los humanos eran el centro del poder espiritual; por eso una cabeza reposa sobre el pecho de Ing en el área correspondiente al corazón. Más abajo de esta cabeza, un tótem en repujado sostiene en equilibrio tres formas geométricas: una medialuna, un cuadrado y un rombo. Círculos concéntricos ascienden en espiral sobre la cabeza y el pecho del tótem y sobre la aureola que se encuentra encima de la serpiente en forma de S que está suspendida entre sus rodillas. La serpiente es un símbolo polivalente, hombre, mujer y autocreado que mediaba entre los tres mundos: el cielo, la tierra y el agua, y el averno. La serpiente en forma de S representa el cielo en los cultos solares, pero aquí es un emblema de la Novia Céltica, La Gran Madre.
Este año, Leonora Carrington cumplió ochenta años, pero su espíritu sigue siendo joven. Su fuerza creativa, un vaso comunicante propiamente dicho, continúa fluyendo sin interrupción, ya sea que esté pintando, grabando, escribiendo, esculpiendo, elaborando algún objeto o, incluso, cocinando. Su lucidez está plasmada en una frase que ella repite a menudo: El deber del ojo derecho es concentrarse en el telescopio mientras que el izquierdo interroga al microscopio6.
NOTAS
(*) Nota del traductor. Mother Goose ("Mamá Gansa") es la narradora imaginaria de una colección de cuentos escritos por Charles Perrault hacia 1697. Es también la creadora imaginaria de una colección de rimas infantiles que se publicó por primera vez en Londres hacia 1765.
1. Mark Polizzotti, Revolution of the Mind. The Life of André Breton. (Nueva York: Straus y Giroux. 1995), pp. 26-83.
2. De muchas entrevistas con el autor, 1969-1997.
3. Ibid.
4. "Diálogo con André Breton", por Rafael Heliodoro Valle en Universidad, México. D.F., junio de 1953, vol. 29, pp. 5-8 Citado en Ida Rodríguez Prampolini. "El surrealismo y el arte fantástico de México" (México: UNAM. 1969), pp. 53-56.
5. Para una descripción detallada de cada una de las esculturas, favor consultar mi artículo Leonora Carrington: Recent Sculpture. en el catálogo de la exposición de Leonora Carrington, Brewster Arts Limited, 1995.
6. En la obra de André Breton titulada Anthology of Black Humor, traducida del francés, con introducción de Mark Polizzotti (San Francisco: City Lights Books, 1997) p. 336.
SALOMON GRIMBERG
Curador mexicano residente en Dallas Texas, autor de varias obras sobre el proceso creativo. Su libro más reciente es Frida Kahlo publicado por Barnes & Noble.

