La primera cualidad que suele destacarse en la escultura de J.J. Moros es la pureza de sus piezas, el impecable acabado de cada una de sus obras. La escultura de Moros colinda entre los fraseos minimalistas y ciertas posturas radicales del constructivismo. Pero ahora, con motivo de su exposición personal, Vectores y tensores, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, entre junio y julio, se evidencia, además de lo ya señalado en anteriores ocasiones por la crítica, la importancia del volumen como tal, una concentración en el hecho del volumen, una inteligente y sutil relación con el mundo industrial que le nutre y, a la vez, un reto a la lógica del espacio, al hecho racional, como la suspensión en el aire de largas estructuras de hierro (de 1.30cm), o hacer una escultura-instalación de setenta y dos piezas, Hitos percusión (1994-1995), en la que no hay orden preestablecido para su disposición espacial. Y entre todo lo que señalamos debemos anotar como cualidad principal el carácter de energía del espacio y del volumen que ahora implica.
Desde 1986 conocemos la actividad expositiva de Moros, tanto en salones colectivos como individuales. Al principio apreciábamos una marcada dependencia de la tradición de la escultura moderna, tal como lo señalaban Robert Jacobsen y Anthony Caro, o, en el contexto nacional, Víctor Valera. Luego, la lámina y el color, los efectos de planos abiertos —y dibujados— en el espacio, pertenecen ya a una etapa pasada en la obra de Moros.

El artista trabaja el hierro soldado y latoneado. Del período anterior persiste la calidad de su factura. Sus acabados son de tal precisión que no permiten distracción alguna en la constitución del volumen y lo que desea manifestar. Este hecho de ejecución de la obra es muy importante porque, al menos en el caso de Venezuela, se aprecia, en términos generales, una deficiencia en la formulación de la escultura en artistas contemporáneos o más jóvenes que Moros, excusados en la supuesta primacía del concepto, revelando entonces nociones torpes o elementales, en realizaciones sin gracia.
Moros ha entendido que la escultura implica planteamientos de volumen como primera razón de ser. A continuación se dirige al hecho de la horizontalidad. Virtualmente, son cuerpos al infinito, con los que altera la lógica de su constitución o del espacio, así como propone lo lúdico y lo abierto, no sólo por las aperturas comprensibles en Sideros (1994), sino incluso por lo fragmentado y expandido de Hitos percusión.
En estas obras de Moros ha desaparecido la base de la escultura, lo cual ya se apreciaba en sus investigaciones que datan de 1990. Sus piezas están en el piso o recostadas a la pared, cuando no evidencian una esquina —el caso de Vectores par paralelos (1994)—, que sólo existe en criterio del espectador puesto que su línea es recta y el tal ángulo no es más que su sombra.
Vectores y tensores es una exposición que inscribe el nombre de J. J. Moros está entre los grandes renovadores y continuadores de la escultura contemporánea en Venezuela, donde comparte con hombres de su generación, como Carlos Mendoza, Carlos Medina, Miguel Borreli o Rafael Barrios. Todos tienen como eje común el constructivismo, la pureza del volumen en el espacio.
JUAN CARLOS PALENZUELA
