Del 12 de junio al 16 de agosto, más de 100 pinturas y esculturas haitianas pertenecientes a la colección de Jonathan Demme estuvieron expuestas en Nueva York. Esta exposición fue significativa por das factores: primero, porque presentaba una de las pocas exposiciones del museo de la pintura Haitiana, realizadas recientemente en esta ciudad, y, segundo, porque presentaba obras de muy alta calidad, lo cual ayudó a determinar los logros de algunos de los mejores maestros de esa tradición (tales como Hector Hyppolite, Philomé Obin, Wilson Bigaud y otros menos conocidos). Desde finales de los cuarenta y con la iniciación del llamado renacimiento haitiano en Puerto Príncipe, bajo la conducción de DeWitt Peters, el arte de Haití se ha caracterizado por los colores brillantes, los temas relacionados con las prácticas del vudú, y la pintura naïve.
La exposición de Nueva York sirvió para ampliar nuestra definición de este género de arte, por su riqueza en imágenes, cuyos temas contemplaban desde paisajes hasta extraordinarios (algunos de los cuales evocaban de un modo extraño tanto a los simbolistas europeos como a las representaciones surrealistas de la fauna y la flora del Nuevo Mundo), incluyendo escenas de género y todo un salón de pinturas con mordaces referencias a la difícil realidad política que ha experimentado Haití a lo largo del presente siglo. Estas referencias variaban desde representaciones de las diversas invasiones por parte de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, hasta la plaga de los fuertemente armados matones de Tonton Macoute, quienes fueron los encargados de cumplir las amenazas lanzadas por la familia Duvalier contra sus enemigos. También estuvo representada la problemática relación que existe entre Haití y sus líderes políticos respaldados por Norteamérica.
La exposición fue particularmente bien recibida por quienes habían tenido la suerte de asistir también a la extraordinaria exposición titulada Sacred Arts of Haitian Voodoo, la cual ha estado recorriendo los Estados Unidos desde su apertura en el Fowler Museum of Cultural History (Los Ángeles), en el invierno de 1995. La razón de esta bienvenida es el hecho de que Island on Fire amplía muchos de los temas que sólo fueron insinuados en la exposición de vudú, y pone de relieve la sofisticación de este arte que a veces es desechado o descrito en términos condescendientes por sus cualidades "primitivas".
Esta colección fue cuidadosamente reunida durante la última década por el director de cine Jonathan Demme, quien se ha convertido en uno de los principales mecenas y promotores de muchas de las variedades de las artes haitianas, y quien también patrocinó el bien elaborado catálogo de esta exposición. Este catálogo contiene un breve ensayo escrito por el novelista Edwidge Danticat, y otro del sacerdote de vudú Aboudja, quien una historia concisa de las prácticas de adoración de esta religión y sus orígenes.
Un punto importante que debe aclararse cuando se hable de cualquier exposición de pintura haitiana es que el tipo de arte representado en Island on Fire es solo un aspecto de la compleja historia de la cultura visual contemporánea de Haití. Artistas como Edouard Duval-Carrié, Sacha Tedo, Jean-Claude Garrout, y muchos otros que trabajan dentro y fuera de Haití, manipulan el lenguaje internacional de la expresión visual para crear imágenes que expresan una visión exclusivamente haitiana, a la vez que se ocupan del lenguaje de signos y símbolos que puede ser fácilmente entendido por un público no necesariamente versado en las complejidades de la vida haitiana contemporánea.
Island on Fire servido a un propósito extremadamente valioso, al presentarte al público neoyorquino una gran recopilación de imágenes que deberían ser tomadas con la mayor seriedad. Los artistas haitianos, a la vez que utilizan en ocasiones un enigmático vocabulario visual, han creado un lenguaje propio para expresar las realidades a veces estremecedoras de la vida en esa isla.
EDWARD J. SULLIVAN

