Exposición Individualoct 1997 - dic 1997· Por K. Mitchell Snow

Gabriela Morawetz

Galería Gómez

La reciente exposición de la artista polaco-venezolana Gabriela Morawetz en la Galería Gómez mostró los vínculos formales y temáticos que unen sus creaciones con variados medios, y la forma como aspectos de un medio nutren su expresión en otro. Seres en posiciones fetales habitan sus pinturas de técnica mixta sobre papel. A pesar de que paisajes semiabstractos ocupan la mayor parte del espacio pictórico, Morawetz emplea una variedad de recursos de composición para asegurarse de que sus humanos andróginos dominen la obra. No obstante lo relativamente pequeño de su tamaño, se ve a las claras que estos individuos no son infantes. Sus presentaciones ritualistas, atravesadas con palos, al igual que en algunos antiguos sacrificios humanos, o cubiertas con misteriosas espinas, descubren las dificultades psicológicas íntimas asociadas con el crecimiento, el cambio y la madurez.

Morawetz explora ideas similares en muchas de sus fotografías, en las que los detalles de la realidad definen a sus seres como adultos. Las insinuaciones de movimiento, a veces por medio de la pose, a veces por la falta de nitidez de la figura misma, unen las condiciones internas con la acción externa. Sus modelos bailan, corren o se mecen en formas que son idiosincrásicas y reconocibles, rastros de algún momento del pasado compartido por la humanidad, olvidado hace mucho tiempo.

Exposición Individual: Gabriela Morawetz — imagen 1
Gabriela Morawetz. Serie Zones enfouies. 1996. Técnica mixta sabre papel. 92 x 125 cm.

Los seres solitarios de sus fotografías habitan paisajes mucho más complejos que los de sus pinturas. En un par de obras relacionadas con sus figuras pintadas, las personas se inclinan ante elaboradas ofrendas colocadas en espacios ambiguos que parecen, en parte, el estudio de la artista y, en parte, bosques primaverales. La ubicación de la figura en la naturaleza puede percibirse pero en estas obras las relaciones entre el hombre y la naturaleza son más inquietantes.

Los lazos temáticos entre sus pinturas sobre papel y sus imágenes sobre pizarra pintada y fotosensibilizada se realzan aún más por los elementos formales que las unen. La superficie intrínsecamente desigual de la pizarra, realzada con toques de polvo dorado, niega la uniformidad de la impresión fotográfica. Las arrugas, pliegues y rasguños que Morawetz marca sobre el papel, violan la forma esperada de la imagen contenida, impartiéndoles una cualidad visceral a los actos de creación que exige toda obra. En los dos casos, ella subraya la áspera belleza de su material, unificando las tendencias expresionistas de sus obras elaboradas en medios mixtos, con los detalles de sus fotografías. Su intención no es reproducir exactamente o evocar los negativos en vidrio ni los rasgos antiguos en ninguna de estas obras. A pesar de esto, la superficie irregular de la pizarra recuerda, efectivamente, el carácter de las fotografías de principios del siglo XIX, y brinda interesantes puntos de contraste con la sensibilidad contemporánea de sus imágenes.

Las ramas desnudas de huertos y jardines congelados de un trío de fotografías proporcionan la conexión más contundente entre las preocupaciones formales y las inquietudes filosóficas de sus figuras. Mientras las líneas fracturadas de estos paisajes invernales les hacen eco a las superficies irregulares que emplea, su sutil ordenamiento muestra también el trabajo de una mano humana. La cara de la muerte y el deterioro posee su propia belleza inquietante, a la vez que expresa la esperanza de una fructífera renovación.

La visión de Morawetz surge de un territorio en el que la naturaleza, con todo su poder y terror, todavía domina la conciencia humana. Sus figuras toman parte en rituales que evocan el ciclo eterno del nacimiento, el crecimiento, la muerte y la renovación. El propósito de los mismos no es tanto controlar estas fuerzas, sino crear alianzas con ellas, un imperativo no menos importante para los primeros pueblos agrícolas que para la sociedad urbanizada de nuestros días.


K. MITCHELL SNOW

Gabriela Morawetz, por K. Mitchell Snow | artnexus